Madrid se suma a la oración mundial por la paz. La oración es la opción más realista por la paz
Ha sido una movilización mundial sin precedentes. En Siria y en todo Oriente Próximo, en el norte y el sur de América, en África y en Asia, en las grandes catedrales y en las pequeñas parroquias de Europa, se celebraron el sábado Vigilias de oración por la paz. En Madrid, el cardenal Rouco puso el colofón, el domingo, con una Misa, en la catedral de la Almudena, en la que subrayó que, sin conversión del corazón, no es posible la paz
Católicos y ortodoxos rezaron y ayunaron juntos en la catedral greco-melquita de Damasco, mientras el gran muftí de Siria, líder de la comunidad sunita, invitaba a los musulmanes a unirse a la iniciativa «en comunión con el Papa». Lo hicieron también varios templos hindúes en la India y numerosas iglesias evangélicas en Europa y Norteamérica.
Los católicos secundaron el llamamiento del Papa en grandes encuentros en catedrales, como en París, Caracas, Washington y Nueva York, pero también en infinidad de parroquias, monasterios y movimientos. La Santa Sede, dio incluso consejos para que las familias pudieran unirse desde el hogar de una forma comprensible para los más pequeños. «No olviden invitar a los abuelos a esta comida, hecha con poco alimento y muchas palabras; si alguno de ellos ha experimentado momentos de guerra, puede contar lo que significa vivir bajo las bombas y en la incertidumbre del mañana, y cómo rezaban en esos días», escribía el presidente del Consejo Pontificio para la Familia, monseñor Vicenzo Paglia.
En Madrid, las iniciativas de la víspera culminaron con una Misa, el domingo, en la catedral de la Almudena. Se celebraba la fiesta de la Natividad de la Virgen, y el cardenal Rouco invitó a invocar a la Reina de la Paz «para que nos ofrezca de nuevo a su Hijo», que es «el único que cambia los corazones de los hombres». «A lo largo del siglo XX se rezó mucho por la paz», prosiguió el cardenal Rouco, que recordó iniciativas de los Santos Padres, desde Benedicto XV y Pío XII, al comienzo de las dos guerras mundiales, a Benedicto XVI y el Papa Francisco, en el caso de Siria. «Si les hubieran hecho caso, la historia del mundo hubiera sido otra», dijo. El cardenal Rouco resaltó especialmente las enseñanzas del Concilio, cuya apertura coincidió con la crisis de los misiles en Cuba, «cuando el mundo estuvo al borde de una tercera guerra mundial». Ello contribuyó a que se lanzara una apremiante llamada por la paz «a los responsables de la comunidad internacional».
Pero ni siquiera hacía falta recurrir al fantasma de la guerra atómica. La Iglesia era ya plenamente consciente de la dificultad de hablar de guerra justa, defensiva, ya que incluso «las armas convencionales son enormemente destructivas», y generan graves impactos en la población civil. Se pone así el acento en la construcción de la paz, mediante la justicia. «Pero el Concilio enseñaba con realismo y hondura que la justicia desnuda no se consigue, si no va precedida de actitudes que nacen de corazones arrepentidos. Por eso llama el Concilio a avanzar por el camino de la conversión del corazón, que se hace misericordioso; de las vidas y de las almas que entienden lo que significa amar, no sólo para la vida privada, sino también para la vida de la propia sociedad y de los pueblos».
«La razón de ser de una diplomacia de la Santa Sede es la búsqueda de la paz. Y si la diplomacia de la Santa Sede tuvo tanto renombre y tanta aceptación en todo el mundo, en el pasado y en el presente, es porque se pone más allá de los intereses nacionales, que a veces son intereses muy particulares. Ella se pone en esta visión del bien común de la Humanidad». Son palabras del nuncio en Venezuela, monseñor Pietro Parolin, a Diario Católico. El arzobispo italiano, que se convertirá en Pro-Secretario de Estado el próximo 15 de octubre (no será Secretario, hasta que el Papa le cree cardenal), aborda, en una amplia entrevista al periódico venezolano, los grandes hitos de los últimos tiempos de la política exterior de la Santa Sede al servicio de la paz, que «ha sido siempre una de las preocupaciones principales de los Papas». El recorrido empieza por Benedicto XV. Este Papa no logró evitar la Primera Guerra Mundial, pero después el Presidente norteamericano Woodrow adoptó sus propuestas, «y fueron los famosos 14 puntos sobre los cuales se estableció el armisticio», y se creó después la Sociedad de Naciones, antecedente inmediato de la ONU. «¡E imagínese, todo lo que hizo el Papa Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial para acercarnos un poco más y conseguir la paz!», añadió. «Yo fui testigo directo y doy testimonio de los intentos que hizo Juan Pablo II cuando estalló la guerra en el Golfo y después la guerra en Irak. ¡Qué palabras tan fuertes utilizó! ¡Y qué acción diplomática desplegó! Hoy –concluye–, «me parece que el Papa Francisco se pone en esa estela, la de una gran preocupación de la Santa Sede por la paz del mundo».