Luis Marín de San Martín: «No podemos estar a la defensiva» - Alfa y Omega

Luis Marín de San Martín: «No podemos estar a la defensiva»

ENTREVISTA / La semana pasada se presentó el vademécum para el proceso sinodal. Desgranamos sus claves con el subsecretario del Sínodo de los Obispos

Victoria Isabel Cardiel C.
Luis Marín tras la presentación del documento, el pasado martes en el Vaticano. Foto: Victoria I. Cardiel

El Papa Francisco ha repetido que el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. ¿Qué tipo de renovación nos está planteando?
Una renovación total, desde la raíz. Se trata de volver a la esencia de la Iglesia, a lo que la Iglesia es. El proceso sinodal no es una ocurrencia del Papa. Aquí no estamos para inventar nada, sino para remitirnos a la Iglesia primitiva. Volver al Espíritu es una apertura radical que lleva a los cristianos a otras culturas, a romper los estrechos límites que imponen a veces las prácticas religiosas.

La sociedad vive una época de debate y confrontación antagónica… ¿Cómo ponerse en guardia frente a estas actitudes, que ven al que piensa diferente como un enemigo?
Son actitudes especialmente tristes para los cristianos. Un aspecto que me preocupa mucho es la intolerancia. Es un elemento que se puede filtrar, incluso entre los mismos cristianos. Si vivimos la unidad en Cristo, tenemos que entender que hay tantos caminos para seguirlo como personas existen en el mundo. ¿Por qué pensar que mi ideología o mi modo de ver a Cristo en lo cotidiano tiene que ser lo único válido? No podemos convertir el camino sinodal en una lucha ideológica o en un campo de batalla. La propia vivencia de la fe cristiana nos tiene que llevar a la apertura.

Habla de los peligros de la ideología. ¿Cómo se manifiestan esos prejuicios?
La Iglesia corre también este peligro. Las ideologías y la confrontación se abren paso cuando Cristo pierde fuerza en cada uno de nosotros. Cuando lo reducimos a un panfleto de ideas o a unas prácticas. Se es cristiano por la experiencia de Cristo.

Se habla mucho de dar el voto a las mujeres en el sínodo. ¿No se corre el riesgo de generar ciertas expectativas que quizá no serán cubiertas?
Sí, puede suceder. Pero no podemos identificar el sínodo con el Sínodo de los Obispos. Esta es solo una de las manifestaciones de la sinodalidad de la Iglesia, pero no la única. Nos cuesta ser creativos. Hay que buscar otras formas y maneras de expresión sinodal en la Iglesia. Esto no quiere decir que el Sínodo de los Obispos no deba tener representación en todas las instancias del pueblo de Dios, pero sí que hay que potenciar los caminos existentes y probar otros nuevos. Tampoco podemos dejar que el Sínodo lo hagan la prensa y el foco mediático.

En el camino de la sinodalidad, ¿cómo quedan definidos los roles del sacerdote, del obispo y del laico?
No podemos anular los carismas de la Iglesia, pero todos están en comunión. No tienen cabida uno sin el otro. Otro peligro es la uniformidad. No debemos ni laicizar al clero, ni clericalizar al laico. El laico tiene su dignidad y su propio espacio en esta Iglesia plural. Las diferencias enriquecen cuando hay comunión.

Ha identificado el clericalismo como uno de los obstáculos para el diálogo…
Así es. El papel del laico no es una concesión del párroco o del obispo. Hay que desterrar la imagen piramidal de la Iglesia en la que un grupito dirige y manda, y el resto obedece. No es que de vez en cuando concedamos a los laicos la palabra para que estén tranquilos. No. El laico es corresponsable en la Iglesia porque su dignidad brota del Bautismo. Venimos de una época de anonimato de los laicos, de miedo a participar en la Iglesia. Pero el Concilio Vaticano II marcó el camino. El momento es ahora, pero no como miniclérigos, sino como laicos en toda su esencia.

¿Significa esto que se rompe la jerarquía y vamos hacia una visión más horizontal de la toma de decisiones?
Sí, en parte sí. Para entenderlo mejor, el Papa nos presenta tres imágenes muy evocadoras. Dos erróneas y la tercera, que es su propuesta. La primera es la pirámide con una cúspide clerical. La segunda es una esfera donde todo es igual y uniforme, una especie de asamblearismo que acaba por anular las diferencias y empobrece a la Iglesia. En cambio, Francisco nos propone el poliedro. Cada uno con su vocación, con su función, con su carisma, pero unidos: ni mejor ni peor, ni por encima ni por debajo.

Como todo, en la Iglesia hay diferentes velocidades en el campo de la sinodalidad. Por ejemplo, la Iglesia en América Latina y el Caribe está más avanzada. ¿Qué podemos aprender de ella?
Hay que felicitar a la Iglesia de América Latina; tenemos mucho que aprender de ellos. Este proceso sinodal nos va a ayudar a interconectarnos. Hay que huir del localismo y de las actitudes cerradas.

Se ha puesto mucho énfasis en dar voz a los que están marginados en la Iglesia. ¿A quiénes se refiere?
Esto es una insistencia del Papa. Francisco nos pide que no escuchemos solo a los de siempre, a los que ya están. Quiere que consultemos a los márgenes, a los que no hablan, incluso a los que se sienten fuera de la Iglesia. El proceso sinodal parte de una Iglesia que se abre, no que se repliega en sí misma. Estamos insistiendo a los obispos en este aspecto.

¿Incluso con las personas no creyentes?
Por supuesto, incluso para los que no creen, pero están buscando. Fratelli tutti nos da esta perspectiva de apertura. No podemos estar siempre a la defensiva o en una burbuja que solo entendemos nosotros. Hay que dejar que entre viento fresco. Jesús nos invita a tocar las llagas.

Me gustaría comentar también el camino sinodal que ha emprendido la Iglesia en Alemania. ¿Será tomado en cuenta?
Creo que siempre se puede aprender de todo. Pero hay que diferenciar los temas que pertenecen a la esencia de la fe y tratarlos siempre desde la unidad. La carta que el Papa escribió a los obispos alemanes es muy ilustrativa. Dice que el camino sinodal no puede reducirse a una cuestión ideológica, a una cuestión de reparto de poderes o a una lucha descarnada entre las distintas concepciones de lo que debería ser la Iglesia. Hay que fijarse más en lo que nos une que en lo que nos separa.

El camino sinodal

2021

  • 9 y 10 de octubre. El Papa abre los trabajos del Sínodo en el Vaticano
  • 17 de octubre. Se abre el proceso en las diócesis bajo la presidencia del respectivo obispo

2022

  • Abril. Concluye la fase diocesana. Las conferencias episcopales envían a Roma un documento nacional
  • Septiembre. Publicación del primer Instrumentum laboris

2023

  • Antes de marzo. Se celebran las asambleas presinodales continentales y regionales
  • Marzo. Concluye el plazo máximo para enviar las nuevas propuestas
  • Junio. Se envía un segundo Instrumentum laboris a los participantes de la asamblea
  • Octubre. Arranca en el Vaticano la Asamblea Sinodal que cerrará el proceso de escucha