«Los terroristas odian el modo de vida occidental»

El filósofo André Glucksmann, fallecido este martes, fue una de las voces más autorizadas del mundo contemporáneo al hablar del terrorismo internacional, profundizando y yendo más allá de los análisis superficiales que reducen este fenómeno a un problema de desigualdades económicas. Después de los atentados de Londres de 2005, habló para Avvenire sobre el panorama actual de esta lacra actual

Colaborador

El filósofo André Glucksmann, fallecido este martes, fue una de las voces más autorizadas del mundo contemporáneo al hablar del terrorismo internacional, profundizando y yendo más allá de los análisis superficiales que reducen este fenómeno a un problema de desigualdades económicas. Después de los atentados de Londres de 2005, habló para Avvenire sobre el panorama actual de esta lacra actual

¿Qué impresión le han causado los atentados de Londres?

He observado dos fenómenos. El primero, el horror ante la bestialidad de una acto violento contra civiles desarmados. Pienso en los terroristas, en gente armada contra personas desarmadas, en un acto bellaco y deliberado. Es un crimen de guerra, más aún, contra la Humanidad.

En seguida surgió un sentimiento de piedad; compartía desde las entrañas el dolor terrible de todas aquellas pobres víctimas, de sus familiares, de quienes las buscaban y no las encontraban. Pero, al mismo tiempo, me sorprendo. Desde la segunda guerra mundial conocemos bien la capacidad de sufrimiento, de resistencia, el orgullo del pueblo londinense.

¿Cómo queda ahora el panorama internacional?

El 11 de septiembre de 2001 nació un debate planetario que aún no ha concluido. Por una parte, están aquellos que piensan que el ataque a las Torres gemelas fue exclusivamente un ataque contra Estados Unidos. Por otra, están los que opinan que fue el inicio de una guerra contra Occidente, no sólo contra los americanos. En Europa ha prevalecido la primera tesis. Chirac y Schröder han pensado así.

¿Y usted?

Yo digo que hay que escuchar a Tony Blair. Blair no es sólo un aliado de Estados Unidos; él dice que estamos todos en el punto de mira, todos nosotros, Occidente, todas las naciones europeas. La cumbre del G-8 fue la ocasión propicia para dejar claro que la amenaza es universal, no limitada.

Hasta estos atentados, el mundo estaba dividido frente al terrorismo, comenzando por ustedes, los franceses…

Hay una diferencia sustancial entre los ingleses y otros pueblos. Los españoles, por ejemplo, tras los atentados del 11-M, volvieron la espalda a Aznar y premiaron a la oposición; Zapatero cedió ante el chantaje y sacó las tropas de Iraq. En Gran Bretaña, esto no sucedería; si votasen hoy, los ingleses harían lo contrario que hicieron los españoles, se apiñarían en torno a Tony Blair. En Inglaterra el terrorismo ha fracasado, porque los terroristas buscan la intimidación de la civilización occidental, tanto en Manhattan como en Madrid o Londres. En algunas áreas, esta amenaza ha resurgido.

En España es así. ¿Y dónde más?

Francia, Alemania, Rusia. La triada Chirac-Schröder-Putin, que criticaron a Bush por la guerra de Iraq, han pontificado y teorizado, y se han equivocado, porque no han entendido, o no han querido entender, qué tipo de guerra es ésta.

¿Qué tipo de guerra es?

Es una guerra global, como los atentados y las víctimas. No comenzó el 11-S, como se cree, sino mucho antes, en el año 1979, con el acceso al poder del ayatollah Jomeini en Irán.

¿Es un choque de civilizaciones, como sostiene Samuel Huntington, o si se quiere también Oriana Fallaci?

No estoy de acuerdo. El choque es entre áreas políticas, civiles y religiosas. Hay una confrontación en el seno del mundo árabe; y otra en el seno del mundo occidental; uno en el interior del Este europeo, y otro dentro de la Europa atlántica. El planeta está dividido entre quien quiere vivir en un mundo civilizado y quien quiere vivir asesinando civiles. No es una guerra entre civilizaciones concretas, sino que está en el interior de mundos concretos, naciones concretas. Es una confrontación transreligiosa, transeconómica, que sobrepasa las fronteras físicas y las morales, a lo largo de las cuales se extiende la geografía del odio.
Se trata de un odio nihilista. El odio de Jomeini contra el diablo occidental, el odio contra América, contra los judíos, contra los cristianos. Es un odio que ha invadido el mundo musulmán y lo ha sobrepasado, extendiéndose hacia Asia, Rusia y Europa. Es un odio hacia América y hacia el mismo mundo musulmán que vive según modelos occidentales. No es un choque entre Islam y cristianismo, sino entre diferentes modos de vivir, donde el odio es el aglutinante; y el fundamentalismo, la materia prima.

¿Cómo puede Occidente salir de esta situación?

Esta guerra no durará dos meses ni dos años. Durará, como ha profetizado Bush, al menos un generación. Y no bastará la represión policial o las intervenciones militares, sino que tendrá que haber una lucha de ideas, como la que está llevando a cabo Blair. Es esto lo que ha entendido Blair, y así lo ha afirmado a las pocas horas del atentado: se trata de defender nuestro modo de vivir, con la cabeza alta. Éste es el arma más potente que tenemos en Occidente.

Giorgio Ferrari