Los rebeldes ugandeses se detienen ante el nombre del Papa Francisco - Alfa y Omega

Los rebeldes ugandeses se detienen ante el nombre del Papa Francisco

Los miembros de la milicia LRA fueron a robar a la parroquia de San Andrés, en República Centroafricana donde es obispo el español Juan José Aguirre, pero cambiaron de planes al saber que lo que estaban a punto de llevarse era un regalo de Francisco

Redacción

Los miembros de la milicia LRA fueron a robar a la parroquia de San Andrés, en República Centroafricana donde es obispo el español Juan José Aguirre, pero cambiaron de planes al saber que lo que estaban a punto de llevarse era un regalo de Francisco

Un grupo de rebeldes del LRA entró a robar en la parroquia de San Andrés, situada en Bakouma –sureste de la República Centroafricana-. Pero «cuando un seminarista les dijo que el coche y el ordenador eran un regalo del Papa no los tocaron», asegura monseñor Juan José Aguirre Muñoz, obispo español de Bangassou, en cuyo territorio se encuentra la parroquia.

«Los asaltantes eran una docena, en su mayoría ugandeses, que hablaban en swahili y en inglés, tanto es así que necesitaban un intérprete. Golpearon al seminarista presente y a las hermanas de una orden mexicana que prestan su servicio en la parroquia», explica el obispo. «Permanecieron en la parroquia y en la casas de las religiosas aproximadamente 2 o 3 horas y luego se marcharon sin saquear la aldea. Se han llevado radios, dinero, alimentos, medicinas e incluso ropa interior, y han destruido algunas puertas y muebles. Ya he enviado carpinteros para arreglar todo», añade.

En Bakouma no están presentes ni los militares, ni la Minusca (Misión de la ONU en África Central), ni tampoco las fuerzas especiales ugandesas y estadounidenses enviadas a la zona para dar caza al LRA.

«La Minusca ha enviado una misión para investigar lo ocurrido. Incluso los estadounidenses que están en Obo, han enviado un helicóptero patrulla. Aún así nos ha dado la impresión de que tanto el ejército ugandés como los estadounidenses sabían que nuestra parroquia iba a ser atacada», comenta monseñor Aguirre, que concluye diciendo «en cualquier caso, la vida de la parroquia continúa, las hermanas se han mantenido en su lugar como verdaderas columnas de fe y de la misión».

Agencia Fides/Alfa y Omega