Los presos corren el riesgo de volver a convertirse en un número - Alfa y Omega

Los presos corren el riesgo de volver a convertirse en un número

La exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena, pionera en humanizar las celdas de aislamiento, pide desterrar las penas estandarizadas

José Calderero de Aldecoa
Roselló atiende de forma individualizada a un interno de una cárcel. Foto: Rober Solsona.

Como jueza de vigilancia penitenciaria —cargo que ocupó mucho antes de ser alcaldesa de Madrid—, Manuela Carmena fue pionera en humanizar las celdas de aislamiento de las cárceles españolas. Ella, en concreto, se ocupó de la de la prisión de Carabanchel, «que era una especie de medio círculo en la que los internos no tenían ninguna intimidad», recordó la exregidora el pasado 25 de octubre durante las jornadas que reunieron a capellanes y delegados de Pastoral Penitenciaria de toda España. 30 años después de aquella etapa, Carmena continúa con su empeño por «poner al ser humano en el centro del sistema penitenciario». Para ello es imprescindible «que conozcamos a la persona a la que juzgamos», aseguró durante su intervención. En este sentido, la exmagistrada propuso que se recuperara el informe criminológico de cara a la imposición de la condena. Se trata de un documento en el que se detallan las circunstancias del delito así como la situación personal, social y coyuntural de la persona que lo ha cometido.

La propuesta pasa por entender a la persona que tenemos delante, sus circunstancias vitales, y aplicar una pena razonable que, atendiendo toda esta casuística, pueda ayudar al condenado a reconducir su conducta. El objetivo sería emular la «educación personalizada que llevan años propugnando los pedagogos» y desterrar las «penas estandarizadas» de nuestro Código Penal.

Junto con el informe criminológico, Manuela Carmena habló de recuperar la educación y la empatía, y de la necesidad de crear estructuras de investigación que ayuden al sistema penitenciario a evaluar, y corregir si fuera necesario, lo que se está haciendo. «¡Qué bueno sería que los presos pudieran completar una encuesta sobre cómo ha sido su paso por la cárcel!», concluyó la exregidora.

Carmena durante su participación en las jornadas de Pastoral Penitenciaria. Foto: José Calderero de Aldecoa.

El responsable de que Carmena participara en las jornadas de la Conferencia Episcopal fue Florencio Roselló, director del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la CEE, que coincide con ella en la importancia de poner en valor a la persona. Por ello, advierte de las consecuencias de normas como la ley de protección de datos. En algunas situaciones, supuestamente para proteger su intimidad, la ley «te obliga a no dirigirte a los presos por su nombre». Evoca «la figura del típico preso designado por un número. Hay que tener cuidado porque esto, que parecía superado, puede volver».

La postura de la Iglesia es justo la contraria. «Nosotros le damos mucha importancia al trato personal», reconoce Roselló a Alfa y Omega. «Saludar al preso, mirarle a los ojos, llamarle por su nombre», es algo prioritario para la pastoral en la prisión. También la dirección espiritual de quienes la soliciten y la celebración de algunos sacramentos, que se realizan de forma individualizada.

A pesar del margen de mejora, el director de la Pastoral Penitenciaria de la CEE sí reconoce que los centros han avanzado muchísimo desde que él entró en el año 1983, siendo todavía seminarista, hasta ahora. «En estos 40 años se nota un mayor clima de respeto, más dignidad y una mejor formación de los funcionarios». De hecho, «muchos proyectos que se están haciendo en las cárceles españolas se están exportando a prisiones de Europa y de Latinoamérica».

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