Los obispos de República Centroafricana denuncian el uso de minas antipersona en el país - Alfa y Omega

Los obispos de República Centroafricana denuncian el uso de minas antipersona en el país

Estos artefactos explosivos fueron prohibidos por Tratado de Ottawa en 1997, acuerdo que han firmado 140 Estados, entre ellos, este país africano

Redacción
Las fuerzas de la Minusca patrullan Bangui el pasado mes de enero. Foto: EFE / EPA / Adrienne Surprenant.

Los obispos de República Centroafricana han manifestado su preocupación por la violencia que sigue sufriendo el país y denuncian que se están utilizando minas antipersona —prohibidas por la Convención de Ottawa, suscrita por el país africano—, que «provocan la desolación de la población y la muerte de nuestros conciudadanos».

En un comunicado tras la celebración de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Centroafricana (CECA), los obispos hacen un llamamiento a las partes implicadas —al Gobierno y a los grupos rebeldes— a poner fin a una violencia que, además, está agravando la situación humanitaria de los más de 700.000 desplazados internos.

Por otra parte, constatan que se está obstaculizando la libre circulación de personas y mercancías, «mientras se saquean y se queman los vehículos de comerciantes y ciudadanos». Circunstancia, continúan, que amenaza gravemente la actividad económica de numerosos colectivos —entre ellos, pastores y agricultores— y que está provocando que el precio de los productos se dispare.

«Es hora de que dejemos de lado los intereses personales y egoístas y los conflictos para unirnos en torno a lo esencial, a fin de satisfacer las legítimas expectativas de las personas y su bienestar individual y colectivo. En este sentido, piden a los ciudadanos que hablen entre ellos, pues «el diálogo en la verdad permite trascender las divisiones multidimensionales, desterrar la violencia en todas sus formas y desactivar las crisis».

Educación y líderes religiosos

El comunicado episcopal, que firma el presidente de la CECA, Nestor-Désiré Nongo Aziagbia, se dirige, en concreto, al Gobierno y a los líderes religiosos. Al primero reclama que haga de la educación «el principio de la cultura de paz y desarrollo» e insta a invertir más recursos en el sistema educativo, tanto en el profesorado como en las infraestructuras.

A los segundos pide que inculquen en los creyentes «un sentido de compromiso moral para vivir su fe de manera coherente» y sirvan así a su país trabajando por el bien común.

La esperanza, concluyen los obispos, está en los jóvenes y, en este sentido, señalan que la República Centroafricana «necesita líderes jóvenes capaces de dejar su impronta en los campos de la vida socioeconómica y política a través de un sólido compromiso con el buen trabajo, la creación de riqueza, la adquisición honesta de bienes y la gestión rigurosa del bien común».