Las conferencias episcopales de la UE y África piden una alianza justa entre ambos continentes

Desarrollo integral, protección de la creación, acciones conjuntas a favor de la paz, un abordaje eficaz de los flujos migratorios y la colaboración con las entidades religiosas son las claves que COMECE y el Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar proponen a la UE y la Unión Africana de cara al futuro desarrollo de su colaboración en la cumbre africano-europea prevista para octubre

María Martínez López
Foto: africa-eu-partnership.org

Desarrollo integral, protección de la creación, acciones conjuntas a favor de la paz, un abordaje eficaz de los flujos migratorios y la colaboración con las entidades religiosas son las claves que COMECE y el Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar proponen a la UE y la Unión Africana de cara al futuro desarrollo de su colaboración en la cumbre africano-europea prevista para octubre

La futura colaboración entre Europa y África debería guiarse por el respeto a la dignidad humana, la responsabilidad y la solidaridad, con un énfasis especial en la opción preferencial por los pobres, el cuidado de la creación y la búsqueda del bien común. Si se siguen estos principios, «África y Europa se podrían convertir en los motores para reforzar la cooperación multilateral», aseguran los obispos de ambos continentes.

Lo afirman, en concreto, los presidentes de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), el cardenal Jean-Claude Hollerich, y del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), el cardenal Philippe Nakellentuba Ouédraogo, en un documento hecho público este miércoles. El texto pretende ofrecer la contribución común de la Iglesia de cara a la VI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y la Unión Africana, prevista para octubre.

La cumbre es una cita importante, la primera que tiene lugar después del lanzamiento en 2018 de la Alianza África-Europa, una estrategia económica conjunta que debe seguir desarrollándose en este encuentro. Además, como subrayan, la pandemia de COVID-19 ha agravado las circunstancias ya difíciles en las que viven personas, familias y comunidades a ambos lados del Mediterráneo.

En este contexto, «la cumbre ofrece una oportunidad única de conformar las relaciones políticas y económicas intercontinentales hacia una colaboración equitativa y responsable que ponga a la persona en el centro», apuntan.

Desarrollo para todos

Las aportaciones de los obispos giran en torno a cinco ejes, dentro de los cuales se incluyen propuestas concretas. El primero es el del desarrollo humano integral. A pesar de los avances, todavía 390 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza en África, y en Europa 110 millones están en riesgo de exclusión. Por ello, las acciones conjuntas que se aborden deben dirigirse a que todos tengan «acceso sin obstáculos a los servicios sociales básicos, a una adecuada atención sanitaria, educación, nutrición, agua potable y saneamientos y una vivienda decente».

Asimismo, los obispos piden que las inversiones reflejen «las necesidades locales, creen empleos dignos y ofrezcan un acceso justo a los emprendedores de ambos continentes», incluyendo a las empresas familiares, cooperativas y a los pequeños ganaderos y agricultores, «claves para aliviar el hambre».

Otras recomendaciones incluyen fomentar la formación en habilidades y capacidades y promover una digitalización que llegue también a las zonas rurales. Por último, «debe asegurarse que la apertura de los mercados locales a los inversores extranjeros» tenga en cuenta «las características específicas y las necesidades de las sociedades y las economías domésticas».

Ecología integral

En el apartado dedicado al impulso a la ecología integral, se recuerda que «África es muy rico en recursos humanos y naturales, pero varias de sus regiones permanecen subdesarrolladas económicamente» y muchos países sufren «prácticas depredadoras» por parte de actores extranjeros. Por ello, se exige a los legisladores europeos e internacionales que implanten legislación vinculante que obligue a las empresas a asegurarse de que toda su cadena de suministro respeta los derechos humanos y los estándares medioambientales.

Esto no debería impedir, con todo, buscar una transición de una economía puramente extractivista y de dependencia externa a la promoción de la producción local y «una distribución justa y equitativa de los recursos». Se pide además que «todos tengan acceso a energía sostenible», y más medidas para favorecer la resiliencia al cambio climático.

Paz y seguridad

Cuando África «todavía sangra en muchas partes de su territorio», la colaboración euroafricana debería priorizar la cuestión de la seguridad de personas, familias y comunidades con proyectos preventivos de construcción de paz. Ante los primeros indicios de un posible conflicto, «se deben tomar pronto acciones que miren adelante, sean multisectoriales y coherentes». Haciéndose eco de los llamamientos del Papa, los obispos exigen a los estados miembros de la UE que «dejen de alimentar los conflictos mediante» mecanismos de exportación de armas «incoherentes, no transparentes y que no rinden cuentas» y que tomen medidas contra el tráfico ilícito.

Los dos continentes deberían colaborar también en áreas como la gobernanza, la rendición de cuentas, la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Y, por otro lado, en la promoción de procesos de reconciliación entre ellos mismos, entre sus naciones y entre sus comunidades, con iniciativas que posibiliten también la creación de «un espacio cívico democrático y participativo», en el que incluso quienes tienen menos oportunidades tengan voz. En todos estos ámbitos, debería prestarse una atención especial a la persecución religiosa contra los cristianos y otras minorías.

Movilidad humana

Según ACNUR, en el continente africano hay 22 millones de personas desplazadas en el interior de sus países o refugiadas en otros vecinos. «Las causas que están en la raíz de estos flujos migratorios forzados deben afrontarse con valor y realismo», subraya el documento de COMECE y SECAM, al tiempo que los estados deben cumplir sus obligaciones según el derecho internacional. Al mismo tiempo, debe trabajarse para que los desplazados puedan ejercer su derecho a volver a su hogar lo antes posible en condiciones adecuadas para su bienestar.

En todos estos aspectos, las entidades y organizaciones religiosas juegan un papel fundamental. «La renovada colaboración entre la UE y la UA podrían reconocer mejor la contribución espiritual, histórica, artística, económica y social del patrimonio religioso como una fuerza impulsora positiva y reforzar las políticas que se dirigen a su promoción y protección, especialmente en las zonas de conflicto».

Por ello, las conferencias episcopales africanas y europeas proponen que la preparación de la cumbre de octubre incluya «encuentros regulares entre las autoridades políticas y religiosas de ambos continentes». Otra de sus apuestas es la organización o apoyo al diálogo intercultural e interreligioso como un poderoso instrumento para construir puentes.

María Martínez López