Los laicos también participan en CONVIVIUM: «Es superilusionante» - Alfa y Omega

Los laicos también participan en CONVIVIUM: «Es superilusionante»

Los laicos en CONVIVIUM son unos 80, la mayoría ya forman parte del equipo de acompañamiento a sacerdotes mayores de la archidiócesis

Begoña Aragoneses
Mujeres laicas en CONVIVIUM. Foto: Begoña Aragoneses

En la explanada de entrada al Aula Pablo VI, donde se está celebrando CONVIVIUM, hay una especie de hoja de ruta marcada por los grandes santos y beatos (o futuros). Unos grandes carteles con sus fotos revelan frases suyas evocadoras. «Señor, que yo piense lo que tú quieras que piense…», de san Pedro Poveda. «Si no somos santos, ¿para qué somos sacerdotes?», del venerable José María García Lahiguera. «Antes de la creación del mundo, nos ha destinado a ser santos», del beato Álvaro del Portillo. «Yo quisiera incendiar el orbe entero, yo quisiera volverme misionero…», del seminarista mártir Ignacio Aláez.

«Ya no basta sembrar, hay que sembrarse», transmitía el sacerdote mártir Cipriano Martínez. «Allí en la sierra o aquí en el suburbio, el Señor te está esperando para estar contigo», resonaba el siervo de Dios Abundio García Román. «Peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos», comentaba el venerable Manuel Aparici. «Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace», de san José María Rubio.

Sacerdotes reunidos en CONVIVIUM. Foto: Begoña Aragoneses

Y a los presbíteros les recibe además un gran «sacerdote, gracias por tu sí». CONVIVIUM está siendo posible gracias a todos. A los sacerdotes que, como les ha agradecido el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, en el acto de inauguración, han respondido a la convocatoria. Y a un equipo de voluntarios de la Vicaría del Clero que sienten que esta es una pequeña forma de devolverles a los presbíteros todo lo que ellos han dado.

«Es lo mínimo que se puede hacer»

Blanca Ybarra los coordina. Son un grupo de 80, la mayoría aquellos que ya forman parte del equipo de acompañamiento a sacerdotes mayores de la diócesis de Madrid. Desde el pasado mes de agosto, Blanca comenzó a trabajar, junto al resto del equipo de CONVIVIUM, y a la vez a ilusionarse y a ilusionar por «cuidar a los sacerdotes en un momento tan puntual como este».

Esta ilusión le llegó a Gema, que pasados los primeros compases del encuentro, define el día como «precioso». «Esto es lo mínimo que se puede hacer por alguien que está dando su vida». Además, señala que el ambiente es estupendo, «ni una mala cara, todo es buena voluntad». Para Rosa, también voluntaria, esto es «una maravilla, verlos todos juntos, todo lo que tenemos que agradecerles». Hasta el equipo de seguridad está encantado: «¿Pero qué seguridad se necesita aquí?».

La buena organización era uno de los aspectos que destacaba Ignacio Sánchez, párroco de Virgen del Camino de Collado Villalba. Además, hablaba de lo bueno que ha sido encontrarse curas que ni se conocían. Algo que ya sucedió en las preasambleas, pero ahora con más intensidad. «Diferentes edades, también clero religioso. Es una riqueza buenísima».

El acompañamiento de los laicos en CONVIVIUM

Los voluntarios no son los únicos laicos que han acudido a CONVIVIUM. Miguel Vallejo, casado, padre de familia, asegura que en su corazón hay un amor grande hacia el ministerio sacerdotal. Acudir a la asamblea presbiteral era para él también una llamada: «Me planteaba que había muchas realidades en la Iglesia y detectaba una necesidad de comunión en los sacerdotes, de ir juntos y acabar con esa soledad sacerdotal».

Miguel Vallejo es laico y participa también en CONVIVIUM. Foto: Begoña Aragoneses

Al final, «esto son herramientas contra el cansancio y el desánimo, con otros que tienen la misma vida; pero juntos, al final, se llega al cielo». Ver a tantos sacerdotes es «superilusionante; en el corazón de estos hombres está el vivir en comunión». Y esto es una «esperanza muy grande para la Iglesia y el principio de un camino por andar en el que los queremos acompañar».

Sobre la soledad hablaba Miguel de la Lastra en uno de los descansos. Agustino, este sacerdote tiene encomendada su tarea en el Colegio del Buen Consejo. «Al vivir en comunidad, tenemos una lectura distinta de la soledad», y este CONVIVIUM es un «redescubrimiento de la riqueza propia». Una riqueza compartida en la primera parte del compartir, mediante el método de la conversación en el Espíritu. Al ser religiosos, es bueno ser conscientes de que «servimos a la Iglesia en Madrid». Y a su vez, «nos recuerda nuestra propia dimensión sacerdotal».

En este acompañamiento, los curas este lunes se han sentido especialmente cuidados por las Oblatas de Cristo Sacerdote, hermanas que han consagrado sus vidas para rezar por ellos y que, para esta ocasión, también han consagrado sus manos: han elaborado más de 1.200 rosquillas que los presbíteros han podido disfrutar en el descanso para el café. El anuncio de este regalo ha provocado uno de los aplausos más abrumadores de toda la mañana.