Los hombros de Cox’s Bazar - Alfa y Omega

Los hombros de Cox’s Bazar

La foto de esta semana no es una historia de supervivencia, me lo planteo personalmente como un reproche. Este anciano no representa lo que un hombre puede llegar a cargar, sino lo que el resto del mundo ha decidido dejar sobre sus hombros

Eva Fernández
El anciano de esta fotografía avanza encorvado por Cox’s Bazar con varios fardos de grano sobre el hombro
Foto: Consejo Noruego para Refugiados.

Lo primero que se ve son los sacos, Luego descubres la parte del brazo que falta. El anciano de esta fotografía avanza encorvado por Cox’s Bazar con varios fardos de grano sobre el hombro. Le falta un antebrazo y no sabemos cómo lo perdió. Tampoco sabemos cuántos años tiene: allí el tiempo envejece deprisa. Cuando la jornada consiste en conseguir comida para los tuyos, el cuerpo se convierte en herramienta, basta con un brazo si no hay otro. A su alrededor se extiende una de las mayores concentraciones de población refugiada del mundo. En Cox’s Bazar viven más de 1,16 millones de rohinyás, repartidos en 33 campos, según el último registro conjunto del Gobierno de Bangladés y ACNUR. Aquel refugio se ha convertido con los años en una espera sin fecha de regreso. 

Los rohinyás son una minoría musulmana a la que los militares que controlan Myanmar comenzaron a eliminar paulatinamente hace ahora diez años, incautando sus tierras, quemando sus casas y matando a muchos delante del resto de la aldea. En medio de este gigantesco asentamiento, olvidado ya por el mundo, el anciano de la fotografía intenta echar raíces y sobrevivir en una tierra que no es suya y en terrenos no aptos para la vida humana. Constituyen la mayor comunidad apátrida del mundo. La primera ola de operaciones de limpieza por parte de Myanmar comenzó en octubre de 2016, casi un año antes de la terrible masacre de 2017, cuando el Ejército birmano arrasó cientos de aldeas, matando en un solo mes a 6.700 de ellos y forzando su huida hacia Bangladés. Con razón los organismos internacionales catalogan al pueblo rohinyá como la minoría étnica más perseguida del planeta.

Esta fotografía cuenta una historia que los titulares han dejado atrás. Forma parte de una exposición del Consejo Noruego para los Refugiados con imágenes, textos y dibujos realizados por niños de Cox’s Bazar. Impresiona saber que quien miró a este hombre y decidió captar el instante fuera un menor que decidió rendirle homenaje para que no pasara desapercibido. Los niños rohinyás saben lo que significa huir sin mirar atrás. 

El Papa Francisco llegó a Bangladés en diciembre de 2017. Escuchó a un grupo de refugiados con la ayuda de un intérprete. Después pidió el micrófono: «En nombre de todos, de aquellos que os persiguen, de aquellos que han hecho el mal, especialmente por la indiferencia del mundo, os pido perdón». Y añadió: “La presencia de Dios, hoy, también se llama Rohinyá”».

Han pasado los años. La ayuda humanitaria llega con mucha dificultad y aumenta el número de niños desnutridos. También el cansancio, la incertidumbre. El mundo ha aprendido a pronunciar su nombre, pero corre el riesgo de acostumbrarse a su sufrimiento. Por eso este anciano sigue siendo noticia aunque camine con un solo brazo. La foto de esta semana no es una historia de supervivencia, me lo planteo personalmente como un reproche. Este anciano no representa lo que un hombre puede llegar a cargar, sino de lo que el resto del mundo ha decidido dejar sobre sus hombros.