Los discípulos eran solo doce y ahora Madrid tiene 18 más
Cada vez más diócesis, como la madrileña, cuentan con itinerarios pulidos y estructurados para formar a los adultos en la fe
Los motivos pueden ser muchos: que la familia no le dé la importancia suficiente a pesar de tener devoción, que Dios genere indiferencia o que, directamente, los padres se sientan convencidos de su no existencia. La cuestión es que, por una causa u otra, nuestra sociedad encadena muchos años en los que a los bebés no se les bautiza a los pocos días de nacer. Las tendencias apuntan a que esta realidad seguirá siendo así y es una pena porque, incluso en los casos más aperturistas en los que los progenitores aseguran que el hijo podrá escoger de mayor, se le priva de formar parte de la Iglesia ya antes de gatear.
Es una dinámica que existe, que podemos identificar y a la que ponerle una chincheta para no olvidar un problema a resolver: muchos españoles han sido bautizados e interrumpen esa línea cuando se convierten en padres. Ahora bien, en vez de hundirnos en el fatalismo, permitámonos la alegría honesta de reconocer que, simultáneamente, existen otras tendencias también reales y que las cifras apoyan. Cada vez más adultos quieren bautizarse, cada vez más se encuentran con la fe a pesar de que en casa era la gran olvidada y cada vez más diócesis como la de Madrid cuentan con itinerarios pulidos y estructurados para formarlos, lo que se conoce como catecumenado de adultos.
Son tres motivos para la esperanza, pero añadimos un cuarto. La gente que hoy tiene 20 años es impermeable a los viejos prejuicios del siglo XX que llevaron a quienes les precedieron a prácticamente tener que disculparse cuando se decían católicos.
Así le ha pasado a Begoña, madrileña de 25 años, en nuestras páginas y su caso es ilustrativo porque, cuando contó a sus padres sin convicciones religiosas que se sorprendía rezando y creía en Dios, «no lo acabaron de entender». Aunque tampoco les hizo falta para acompañarla a su bautizo en la Almudena. «Mis padres me quieren un montón y siempre van a estar a mi lado», cuenta con una confianza absoluta. Hay que ser más así.