Letonia: el no pueblo - Alfa y Omega

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos ha sido preparada por la Iglesia en Letonia. Durante siglos, este pequeño país ha sido un campo de batalla en el que se cruzaban los fuegos del poder político y los de distintas confesiones hasta desgarrar la entraña del pueblo. Se le podría haber llamado el no pueblo, porque era más un cruce de caminos que un espacio habitable en el que se podía vivir en paz. Hoy, sin embargo, es la casa en la que muchas tradiciones cristianas no solo conviven, sino que han iniciado un camino de comunión como misión evangelizadora.

Durante la semana participaron con nosotras jóvenes que proceden de Holanda, Polonia, Hungría y Alemania. Todas cuentan lo que tal vez, no ellas, pero sí sus familiares, han vivido: la sucesión rápida de distintos regímenes que han mordido el territorio patrio y lo han ido asolando o lo han dejado exhausto. Alguna nos ha contado que en su país apenas tiene relevancia la religión.

Como en Letonia, decidimos vivir esta semana bajo la gracia de un signo: la unidad, la amistad, el cariño, la cercanía, que puedan contrarrestar tanto odio pasado. Volver a Jesús la mirada es reconocer la verdad más viva de la fe: que Él no se encarnó para frenar la ira de Dios, sino para frenar la ira del hombre. Si Él está vivo, y lo está, no es posible hablar de Él con el lenguaje de las armas; no es posible llevar el Evangelio como se lleva una granada de mano; no es posible anunciar su Reino a base de imponer el poder y la fuerza.

Por eso, hemos hecho como han pedido las distintas Iglesias: rezar, cantar juntos, dialogar, hacer el bien juntos, ayudar al hombre en sus problemas juntos, unidos, en comunión. «Antes erais no pueblo, ahora sois Pueblo de Dios». Las heridas de la hostilidad solo se curan con la projimidad, con el amor que reconoce al otro como hermano, que le hace amigo, prójimo mío y yo prójimo de él. Europa está necesitada de comunión. Letonia ha sido un ejemplo. ¿No podríamos serlo todos, donde quiera que estemos, de ese amor con el que Él nos ha amado y que quiere hacer de todos una sola cosa en Él?

Madre Prado González Heras
Priora del monasterio de la Conversión. Hermanas Agustinas