León XIV y los luteranos de hoy: del conflicto a la comunión - Alfa y Omega

Cinco siglos después de la Reforma del agustino y terco sajón, Martín Lutero (1483-1546), las relaciones entre católicos y luteranos han dejado atrás buena parte de la confrontación del pasado para adentrarse en un camino de diálogo, oración y colaboración. León XIV ha situado este proceso en una perspectiva claramente cristológica y misionera: la unidad de los cristianos no es un fin en sí mismo, sino un servicio al Evangelio, para que «el mundo crea» (Jn 17, 21). (Discurso A la arzobispa de Canterbury, 20/03/26).

El Papa ha asumido como propia la herencia ecuménica de sus predecesores. En agosto de 2025, con motivo del centenario de la Conferencia ecuménica de Estocolmo de 1925, recordó al arzobispo luterano Nathan Söderblom y su convicción de que «el servicio une». León XIV subrayó entonces que católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes pueden encontrar en el servicio común a la humanidad un espacio privilegiado de encuentro. «Lo que nos une es mucho mayor que lo que nos divide», afirmó, recordando que desde el Concilio Vaticano II la Iglesia católica ha abrazado decididamente el camino ecuménico.

La perspectiva de León XIV se ha hecho especialmente visible en sus encuentros con comunidades luteranas del norte de Europa. En octubre de 2025 recibió a peregrinos de Estonia entre los que se encontraban miembros de la Iglesia luterana estonia. Valoró su presencia como expresión de un «testimonio ecuménico» que crece cuando los cristianos peregrinan juntos, y lo contrapuso al odio que marcó las persecuciones del pasado.

En enero de 2026, durante el encuentro con la delegación ecuménica de Finlandia, el Papa volvió a señalar este país como un ejemplo de ecumenismo concreto. Destacó la cooperación entre ortodoxos, luteranos y católicos y la búsqueda conjunta de una «cultura de esperanza, dignidad y compasión». También puso de relieve el diálogo católico-luterano desarrollado en los países nórdicos y la recepción del documento Communion in Growth (Comunión en proceso de crecimiento), considerándolo un hito que puede impulsar la nueva fase del diálogo internacional entre católicos y luteranos.

Pero ha sido su encuentro con los obispos de la Iglesia luterana de Noruega, el 26 de agosto de 2026, el que ha mostrado con especial claridad el tono de su propuesta. Ante un mundo marcado por guerras, polarización y hostilidad social, León XIV invitó a católicos y luteranos a buscar juntos «caminos concretos de reconciliación y fraternidad». Su punto de partida no es una estrategia diplomática, sino el Evangelio: Jesús enseña que «la bondad y la caridad tienen el poder de desarmar». Sobre la base del Bautismo común y de una misión compartida, pidió crecer juntos en el servicio a la paz y la justicia.

Y el 1 de octubre de 2026 llegó una nueva confirmación de esta orientación. Ante la Federación Luterana Mundial, León XIV afirmó que las relaciones católico-luteranas han madurado «espiritual y teológicamente» durante las últimas décadas. Recordó como hitos la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, así como los documentos sobre La Eucaristía, El ministerio en la Iglesia y Caminos hacia la comunión. El Papa señaló además que el diálogo internacional ha entrado en su sexta fase y puso la mirada en 2030, quinto centenario de la Confesión de Augsburgo (1530), como una posible ocasión para profundizar la experiencia ecuménica.

La expresión que mejor resume esta etapa es precisamente «del conflicto a la comunión», fórmula que ya había marcado la conmemoración conjunta de la Reforma celebrada en Lund en 2016 con el Papa Francisco y dirigentes luteranos. León XIV no parece querer detenerse en la conmemoración histórica: propone transformar la memoria de la división en una responsabilidad cristiana compartida ante los desafíos del presente.

En este horizonte aparecen cuestiones que afectan por igual a las Iglesias cristianas: la guerra y la paz, las migraciones, la pobreza, la dignidad humana, la crisis medioambiental, la secularización, la inteligencia artificial y los nuevos desafíos culturales. Frente a ellos, el Papa reclama un testimonio cristiano común. La unidad, por tanto, no consiste solamente en resolver diferencias doctrinales, sino en hacer visible ante el mundo que los discípulos de Cristo pueden caminar juntos, servir juntos y anunciar juntos el Evangelio.

La perspectiva de León XIV hunde sus raíces en su propia concepción de la unidad. Desde el comienzo de su pontificado ha recordado que una de sus prioridades como obispo de Roma es trabajar por el restablecimiento de la plena y visible comunión entre todos los cristianos, inspirándose incluso en su lema episcopal agustiniano: In Illo uno unum, «en Aquel uno somos uno» (San Agustín, Com. Salmo 127, 3).

Así, la relación de León XIV con los luteranos de hoy puede resumirse en una palabra: comunión. No se trata de ignorar las diferencias que todavía permanecen, sino de reconocer el Bautismo común, profundizar en la fe compartida, avanzar en el diálogo teológico y ofrecer juntos al mundo un testimonio de paz, justicia, fraternidad y esperanza. Como recordó el Papa ante los luteranos de Noruega, el objetivo último es que podamos vivir «cada vez más verdaderamente como hermanos y hermanas» y dar juntos testimonio de Jesucristo.

P. Isaac González Marcos, OSA