León XIV: en la Eucaristía «nos convertimos en lo que recibimos»
El Papa dedica su catequesis semanal al misterio eucarístico, «un poderoso antídoto contra las divisiones en el mundo»
En su audiencia general de este miércoles en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV centró su cuarta catequesis sobre la constitución Sacrosanctum Concilium, del Concilio Vaticano II, en la Eucaristía.
Ante unos 25.000 fieles, el Pontífice subrayó que la participación en la Eucaristía «es un poderoso antídoto contra las divisiones que afectan al mundo, las comunidades, las familias y el corazón humano». También explicó que tomar parte en la mesa de Cristo «nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí».

Para el Papa, la Eucaristía como «el Pan del camino, que nos conduce hacia la Patria celestial». En este sentido, e Santo Padre recordó las palabras de san Agustín en el Sermón 272 a los recién bautizados, que indica que al recibir el Cuerpo de Cristo, los creyentes reciben su propio misterio «y nos convertimos en lo que recibimos». Así, «devenimos el Cuerpo del que Cristo resucitado es la Cabeza», señaló.
Sacrificio espiritual
Según el Pontífice, la asamblea litúrgica ofrece el sacrificio «no solo por las manos del sacerdote, sino unida a él». De esta manera, la Eucaristía se convierte en la forma del «sacrificio espiritual de los cristianos, camino de unión con Dios y de unión entre ellos».

«Incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del Señor Jesús mismo, marcado por el don gratuito de sí. Este don nos hace entrar, por tanto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un potente antídoto contra los fermentos de división que minan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón», destacó León XIV.
Junto a ello, el Papa recordó que la Misa consta de la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística, «tan estrechamente unidas entre sí que forman un único acto de culto». Escuchar la Palabra de Dios, añadió, no se reduce a adquirir un conocimiento intelectual, sino a recibir la Palabra «viva y eficaz» que, junto al Pan eucarístico, permite «pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo».
Por este motivo, León XIV acabó invitando a los fieles a dejarse «transformar por el misterio eucarístico» celebrado y nutrirse de esa «fuente de vida divina».