La voz del Magisterio - Alfa y Omega

La voz del Magisterio

Redacción

Quiera el Señor que esta elevación del Beato Juan de Ávila al catálogo de los santos, sirva para obtener a la Iglesia peregrina en la tierra un intercesor nuevo y poderoso, un maestro de vida espiritual benévolo y sabio, un renovador ejemplar de la vida eclesiástica y de las costumbres cristianas. Este nuestro deseo parece satisfecho al comparar los tiempos en los que vivió y obró el santo, con nuestros tiempos; dos períodos muy diversos entre sí, pero que por otra parte presentan analogías en algunos principios inspiradores, ya de las vicisitudes humanas de aquel entonces, ya de las de ahora; tiempos de reformas y de debates conciliares. E igualmente parece providencial que se evoque en nuestros días la figura del Maestro Ávila por los rasgos de su vida sacerdotal. San Juan de Ávila es un sacerdote que, bajo muchos aspectos, podemos llamar moderno, especialmente por la pluralidad de facetas que su vida ofrece a nuestra consideración y, por lo tanto, a nuestra imitación. No en vano él ha sido ya presentado al clero español como su modelo y Patrono. Puede ser honrado como figura polivalente para todo sacerdote de nuestros días, en los cuales se dice que el sacerdocio mismo sufre una profunda crisis; una crisis de identidad, como si la naturaleza y la misión del sacerdote no tuvieran ahora motivos suficientes para justificar su presencia en una sociedad como la nuestra, desacralizada y secularizada. Todo sacerdote que duda de la propia vocación puede acercarse a nuestro santo y obtener una respuesta tranquilizadora. Igualmente todo estudioso, inclinado a empequeñecer la figura del sacerdote dentro de los esquemas de una sociología profana y utilitaria, mirando la figura de Juan de Ávila, se verá obligado a modificar sus juicios restrictivos y negativos sobre la función del sacerdote en el mundo moderno. Su palabra de predicador se hizo poderosa y resonó renovadora. San Juan de Ávila puede ser hoy maestro de predicación. Su personalidad se manifiesta y engrandece en el ministerio de la predicación.

Pablo VI
Homilía en la canonización de san Juan de Ávila. Roma, 31 de mayo (1970)