La Virgen, símbolo de libertad

El pasado 21 de julio, fallecía en Miami, a los 79 años, monseñor Pedro Meurice Estíu, arzobispo emérito de Santiago de Cuba. Padecía una enfermedad cardiaca, pero su corazón ya sufría por otros motivos, desde hace más de cincuenta años. Le aquejaba un dolor vital por la situación que padece Iglesia en Cuba, un dolor profundo por ver cómo muchos de sus paisanos confunden patria con comunismo, ideología con salvación; un dolor profundo por verse silenciado durante decenas de años por aquellos que, incluso ahora, parecen querer acallar la noticia de su muerte. Hablaba claro y fuerte para todos los que quisieron y pudieron escucharle. No le gustaba mantener entrevistas, pero ante la petición de que hablara sobre la Virgen de la Caridad del Cobre -Patrona de Cuba, cuya fiesta se celebra hoy-, no pudo negarse; y es que monseñor Meurice, en todo lo que tenía que ver con su querida Madre, nunca decía que no

Colaborador

El pasado 21 de julio, fallecía en Miami, a los 79 años, monseñor Pedro Meurice Estíu, arzobispo emérito de Santiago de Cuba. Padecía una enfermedad cardiaca, pero su corazón ya sufría por otros motivos, desde hace más de cincuenta años. Le aquejaba un dolor vital por la situación que padece Iglesia en Cuba, un dolor profundo por ver cómo muchos de sus paisanos confunden patria con comunismo, ideología con salvación; un dolor profundo por verse silenciado durante decenas de años por aquellos que, incluso ahora, parecen querer acallar la noticia de su muerte. Hablaba claro y fuerte para todos los que quisieron y pudieron escucharle. No le gustaba mantener entrevistas, pero ante la petición de que hablara sobre la Virgen de la Caridad del Cobre -Patrona de Cuba, cuya fiesta se celebra hoy-, no pudo negarse; y es que monseñor Meurice, en todo lo que tenía que ver con su querida Madre, nunca decía que no

Esta entrevista fue realizada con motivo un documental de Catholic Radio and Televisión Network para Ayuda a la Iglesia Necesitada, que se emitirá a finales de año, sobre la Virgen de la Caridad del Cobre. Es una de las últimas entrevistas concedidas por quien fue arzobispo emérito de Santiago de Cuba

La devoción a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre se considera un símbolo para toda la isla de Cuba. ¿Cómo la vive usted?

La historia de nuestra Señora se ha fundido con la historia del pueblo cubano. Existe la historia oficial, por una parte, pero la historia que yo conozco es la que tengo desde niño, la que mi madre me enseñó. Ella fue la que me enseñó a rezar, y cuando íbamos los domingos a la parroquia, ella me llevaba ante la imagen de la Virgen de la Caridad…

En 2012, se van a celebrar los 400 años del hallazgo de la imagen, ¿qué supone esta celebración?

Toda esa historia de mi devoción a la Virgen, que es muy larga, se ha despertado dentro de mí ahora, al comenzar esta peregrinación nacional. Yo pude tomar parte, era un adolescente, en la peregrinación nacional que ya se hizo en los años 1951 y 1952. No puedo recordar por qué, pero esa primera vez que se hizo un recorrido nacional, el primer pueblo que visitó la imagen fue el pueblo en el que yo nací: San Luis. Todavía me acuerdo muy bien de aquel día, y ahora todo eso se ha revivido, porque también en el recorrido nacional que se está celebrando en estos momentos, el primer pueblo en visitar ha sido San Luis. Distintas las caras, las personas, la situación…, pero ahí estaba el pueblo, igual que en aquella ocasión, e incluso más numeroso que en aquella situación.

La imagen fue coronada por el Beato Juan Pablo II durante su Visita en el año 1998 a Santiago de Cuba, usted estaba presente…

Sí, la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre había sido coronada ya por una delegación del arzobispo Valentín Zubizarreta, en el año 1936. Al enterarme yo de que el Papa venía a Cuba, consulté la idea a los demás obispos de pedir al Papa que coronara personalmente la imagen de Nuestra Señora durante su Visita. La homilía del Santo Padre fue muy bonita. Mi memoria no está bien, he perdido mucha memoria, pero una de las frases que recuerdo era que la imagen de la Virgen de la Caridad es signo y símbolo de la justicia y libertad del pueblo cubano. Yo creo que la expresión es muy rica y recoge la historia del pueblo cubano. La Virgen toca el núcleo del ser del pueblo, del alma cubana y de cada una de las personas en concreto.

Esta devoción a la Virgen de la Caridad es parte de la religiosidad popular cubana, que se une y entremezcla, sin embargo, también muchas veces con otras expresiones de religiosidad, por ejemplo tradiciones africanas, donde se la conoce como Oshún…

Yo me veo en la necesidad de explicar que a nadie se le puede cambiar el nombre… ¡Menos todavía se le puede cambiar el nombre a la Virgen! El nombre que ella tiene -porque se lo puso Dios- es María, para nosotros los cubanos María de la Caridad del Cobre. Oshún es una divinidad dentro del panteón de las divinidades africanas, cosa que debemos respetar, pero que se sepa que María de la Caridad es la Madre de Jesús, y Oshún no tiene que ver con la Biblia, ni con la Palabra de Dios, ni con las tradiciones de la Iglesia.

Mi madre me enseñó quién era la Virgen

¿Cómo es su relación personal con la Virgen?

Bueno, ya he dicho que mi madre me enseñó a mí quién era la Virgen, y a tenerle devoción. Después, la misericordia de Dios me trajo a vivir aquí, junto a ella, al Seminario donde ya fue un cultivo y desarrollo de la fe. En su presencia, empezábamos el curso escolar, e íbamos a final de curso a despedirnos de ella. Me acuerdo de la canción que le cantábamos: Adiós, Madre querida, cuando marchábamos a nuestros pueblos de vacaciones. Los mismos problemas que tienen todas las personas en su proceso de vida, adolescencia, juventud, edad madura…, ahí es donde se pone a prueba la devoción a la Virgen y a cualquier santo, donde se purifica, se personaliza la devoción y va tomando otra dimensión. Al principio, cuando uno es niño, es más bien una devoción afectiva, y más tarde se convierte en una entrega del corazón a Dios, por medio de la Virgen.

María Lozano