La victoria de Cristo - Alfa y Omega

La victoria de Cristo

Lunes de la 6ª semana de Pascua / Juan 15, 26 -16, 4a

Carlos Pérez Laporta
Espíritu Santo. Museo Arqueológico Nacional de Alcalá de Henares, Madrid. Foto: María Pazos Carretero.

Evangelio: Juan 15, 26 -16, 4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.

Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.

Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

Comentario

El mal produce escándalo. Nos bloquea porque sugiere la imagen de la derrota de Cristo. Nos hace pensar que Cristo no ha vencido al mundo. Por eso, nos dirige esas palabras: «Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. […] Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho». Cristo conoce el mal que vencer. No necesita negarlo, ni derrotarlo por la vía de la apariencia. Cristo no necesita vencer al mundo como vence el mundo. No necesita aparecer para el mundo como un poder mundano, que todo lo domina desde fuera. Esa es la idea de poder y de victoria del mundo: «Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí».

La victoria de Cristo consiste en la vida junto al Padre, que vence al mundo e incluso vence la muerte. La victoria de Cristo consiste en la vida con y para Dios, que trasciende este mundo y vive para siempre en Dios. Es esa vida la que estamos llamados a transmitir con nuestro testimonio, es esa vida eterna de Dios, que tienen el Espíritu, el Hijo y el Padre en comunión: «Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí». Y podemos hacerlo, porque Cristo está tan unido a nosotros como si hubiéramos estado con Él toda la eternidad: «También vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo». Si cuando nosotros comenzamos a amar a alguien nuestro amor se extiende por toda su historia hacia sus orígenes, hasta incluso llegar a su raíz en Dios, Cristo nos ama de tal modo que nuestra vida revela un amor eterno, desde el principio del mundo.