La Semana Nacional de Vida Consagrada arranca valorando la crisis como «un kairós»
Diferentes ponentes convocados por el ITVR diagnostican «una pérdida progresiva de relevancia social» y animan a «quedarnos con lo esencial»
Desde este miércoles 8 hasta el sábado 11 de abril, los salesianos del Paseo de Extremadura acogen en Madrid la Semana Nacional de Vida Consagrada que convoca el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) para analizar la caída en el número de vocaciones y el envejecimiento de las comunidades. De ahí su lema Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto.
En la apertura, Antonio Bellella, director del ITVR, ha diagnosticado que «somos sombra de lo que éramos», pues la vida religiosa ha experimentado «una pérdida progresiva de relevancia social» y en las comunidades se percibe «ser menos, ser más ancianos y estar bastante desorientados». Por tanto, la vida consagrada atraviesa «un doble y complejo proceso: el de reducción y el de metamorfosis radical».
Convertir la crisis en oportunidad
Bellella ha señalado que además «tener menos vocaciones, cerrar casas y no ver más horizonte que el de vivir con personas mayores y enfermas puede afectar a nuestra fe». Ha sido un análisis compartido por Luis Ángel Heras, obispo de León, quien ha agradecido que este encuentro plantee un espacio «donde podemos poner nombre sin miedo a las preguntas». Un primer paso que ha propuesto hacia un cambio constructivo es desarrollar «una vida consagrada menos preocupada por los números».

Jesús Díaz Sariego, presidente de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) ha subrayado que el momento actual es «un kairós», esto es, una oportunidad para las reflexiones más profundas.
«Aprender a quedarnos con lo esencial»
Por su parte, Carlos Simón Vázquez, vicedecano de la Universidad Pontificia de Salamanca, ha destacado que «la vida religiosa será siempre un don presente en la Iglesia» y que «no es el número lo importante». Le ha dado la razón María José Tuñón, responsable de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española, quien ha insistido en que «tenemos que aprender a quedarnos con lo esencial».

Por último, el provincial claretiano Adolfo Lamata —que es la congregación que coordina el ITVR— ha suscrito esa radiografía que «habla de números que bajan, de obras que se cierran, de comunidades que envejecen, de decisiones que duelen». Pero ha hecho hincapié en que este proceso obliga a discernir «cómo nos situamos ante un cambio de época».