La reforma de la Curia debe traer «una nueva mentalidad de servicio evangélico»

Ricardo Benjumea

Habrá que esperar a 2015 para ver completada la reforma de la Curia romana, pero los trabajos avanzan a buen ritmo. La cuarta reunión del Consejo de Cardenales, celebrada la pasada semana bajo la presidencia del Papa (y con la presencia del Secretario de Estado, el cardenal Parolin, convertido de facto en el noveno purpurado del Consejo), pasó revista a los Consejos Pontificios, analizadas ya las Congregaciones en las sesiones previas.

El viernes se celebraba en Roma la primera reunión del Consejo de Economía de la Santa Sede, formado por 8 cardenales y siete laicos, coordinados por el cardenal Marx, arzobispo de Munich y miembro del llamado G-8 cardenalicio. El Papa les dirigió un breve pero importante discurso, en el que ofreció, además, algunas claves sobre el proceso general de reformas en el Vaticano, empresa con la que Francisco ha recogido la petición de los cardenales en las reuniones previas al cónclave del que salió elegido Papa en 2013.

Se trata -explicó el Pontífice- de avanzar en la vía de la «transparencia» y la «eficiencia», para que la Iglesia administre «con responsabilidad» sus bienes, al servicio de la «evangelización, con particular atención hacia los necesitados». «No debemos salirnos de esta vía», añadió. «La Santa Sede se siente llamada a poner en práctica esta misión, teniendo en cuenta especialmente su responsabilidad hacia la Iglesia universal. Además, estos cambios reflejarán el deseo de poner en práctica la necesaria reforma de la Curia romana para servir mejor a la Iglesia y a la misión de Pedro. Éste es un desafío notable, que exige fidelidad y prudencia». El Papa advierte de que «no será simple» llevar a buen término las reformas. Van a ser necesarias «valentía y determinación». Éste es el gran reto: «Una nueva mentalidad de servicio evangélico debería establecerse en las diferentes Administraciones de la Santa Sede».

Por otra parte, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Lombardi, anunció que «están terminando su misión» las dos Comisiones creadas por el Papa para la reforma del IOR (popularmente llamado Banco vaticano) y de la estructura económica de la Santa Sede. Avanzan también los trabajos de las distintas consultoras internacionales contratadas para estudiar la administración económica del Vaticano, la estructura de los medios de comunicación de la Santa Sede y entes como el Hospital Niño Jesús.

Primera reunión de la Comisión para la Protección de Menores

Mientras tanto, del 1 al 3 de mayo, se reunía en la Casa de Santa Marta, la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores, de la que forma parte el cardenal del G8 Sean O’Malley, arzobispo de Boston, junto a varios expertos de distintos lugares del mundo, incluida la irlandesa Marie Collins, que fue víctima de abusos a los 11 años.

Este primer encuentro tenía como prioridad elaborar y presentarle al Papa sugerencias acerca de las funciones de la propia Comisión. En cuanto a las grandes líneas de actuación, en un comunicado final, la Comisión enfatizó que, «desde el comienzo de nuestra tarea, hemos adoptado el principio de que el bien de un niño o de un adulto vulnerable es prioritario a la hora de tomar cualquier decisión». No debe existir duda acerca del compromiso de «todos los católicos» para que «nuestras parroquias, escuelas e instituciones sean lugares seguros».

La Comisión no abordará casos individuales de abusos, pero sí «podrá presentar sugerencias sobre las normas para garantizar la responsabilidad y las mejores prácticas. En los estatutos -se lee en la nota vaticana-, presentaremos propuestas específicas que hagan hincapié en la sensibilización de la opinión pública sobre las trágicas consecuencias del abuso sexual y de las devastadoras repercusiones de no escuchar o no informar cuando se sospecha de un abuso, así como de la falta de ayuda a las víctimas de abusos sexuales y a sus familias». Se propondrán también «iniciativas para fomentar la responsabilidad local en todo el mundo» y asegurar que, dentro de la Iglesia, son asumidas las responsabilidades que corresponda por estos casos, con la puesta en marcha de «medidas y procedimientos eficaces y transparentes».

R. B.