La mujer con Down más longeva de Europa vive en Madrid
Elena Cestafe tiene 82 años y, aunque ya está muy limitada, sigue participando en algunas actividades de grupo en El Cabezo, el centro residencial donde vive, atendida por la Fundación Gil Gayarre
Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Elena Cestafe ya había nacido. Cuando Carmen Laforet ganó la primera edición del Premio Nadal, con su novela Nada, Elena ya había nacido. Cuando se rechazó el ingreso de España en la ONU, Elena ya había nacido. Cuando España se alzó con la Eurocopa o cuando llegó la democracia a nuestro país, Elena ya había nacido. Vio la luz en Zaragoza en 1943, lo que la convierte, con 82 años, en la mujer con síndrome de Down más longeva de Europa.
«En varias ocasiones han venido a estudiar sus genes porque ha superado ampliamente la esperanza de vida de las personas con Down, que ronda los 63 años», explica Carolina Reviejo, directora de El Cabezo, uno de los recursos residenciales de la Fundación Gil Gayarre, donde vive Cestafe.
No es fácil determinar las causas de esta anomalía, pero las manos entrelazadas de Elena y Carolina tienen mucho más que ver de lo que parece a primera vista. Como posibles explicaciones a la longevidad de esta residente, la directora habla de la «mejora general de los recursos de salud», de la genética de la propia paciente y también «de los cuidados que se le han prestado y la calidad de vida que ha llevado».

Ahora la actividad de Elena ya ha bajado ostensiblemente. «Casi no ve, está muy limitada. Estamos muy centrados en cuidarla, en que no coja frío y esas cosas», explica Antonio Pérez de Camino, que se dedica a la atención directa a los residentes y al que se le intuye una gran complicidad con Cestafe. «Mucha, ¿verdad, gordi?», confirma.
A pesar de todo, la aragonesa —de pura cepa, como demuestran las fotos vestida de baturra que lucen en el corcho de su habitación— sigue participando en alguna de las iniciativas del centro. «Los viernes, por ejemplo, tenemos un grupo de apoyo emocional en el que nos gusta que participen todos para hacer piña y que se sientan parte del grupo». Y aunque ella ya no se puede expresar, es una más de la comunidad. «Son los propios compañeros los que interpretan sus gestos y los que cuentan cómo ha pasado el día», asegura Carolina Reviejo.
En El Cabezo hay 28 residentes y otras cinco personas acuden al centro de día. Pegado a él, la Fundación Gil Gayarre dirige un colegio de educación especial. La entidad, fundada en los años 60 por Carmen Gayarre y Carlos Gil y Gil, cuenta además con otros espacios en Madrid, como un Centro Ocupacional de Formación, Oportunidades e Inserción Laboral (COFOIL) en San Sebastián de los Reyes. «Se forma a los chicos en temas de administración o catering», detalla Jesús Montero, responsable de Comunicación. «En total, se atiende a cerca de 500 personas».
Otros tipos de discapacidad
Pero no todos son personas con síndrome de Down. La fundación cuida, en general, a personas con discapacidad intelectual. Como Vicente Moraleda, que nos hace de guía improvisado por las instalaciones. «Esta es la sala de estar, aquí las habitaciones y este es mi cuarto», explica a la velocidad que permite su silla de ruedas eléctrica. Su habitación parece, más bien, la undécima sala del Museo del Real Madrid. En la estancia también hay multitud de imágenes de sus viajes. «Él se organiza todo. La fundación le da cierto soporte, pero es una iniciativa suya completamente», explica Reviejo, al mismo tiempo que reflexiona acerca de la importancia de la autonomía de las personas con discapacidad intelectual.
Vicente nos enseña las fotografías de cuando estuvo en Berlín; también las instantáneas que se tomó con los jugadores del equipo blanco. «Mi próximo viaje me gustaría que fuera a Cabárceno», asegura aludiendo al parque natural cántabro, antes de acompañarnos a la puerta de salida del centro. Allí nos despide —y nos recibió— una estatua de la Virgen. La escultura hace inevitable la pregunta sobre la religiosidad del centro. A modo de contestación, Jesús Montero habla del acuerdo al que llegó la fundadora, Carmen Gayarre, con las Hijas de la Caridad para que un grupo de religiosas estuviera en cada uno de los inmuebles de la fundación. El responsable de Comunicación también habla de la Misa que tienen los viernes en El Cabezo y del grupo de residentes que cada domingo baja a una parroquia de Majadahonda para asistir a la Eucaristía. «Además tenemos un grupo de pastoral que ayuda en el ámbito de la fe a quienes demanden este servicio».