La maternidad es un dolor insoportable - Alfa y Omega

La maternidad es un dolor insoportable

El único momento en el que el arranque de ser madre no duele es cuando alquilas el vientre de otra mujer, de la madre, previo pago

Alfa y Omega

Dice María Teresa Compte en la cuarta estación del vía crucis de este año, impecablemente escrito y brillantemente ilustrado por Beatrice Servadio Bris, alumna de Augusto Ferrer-Dalmau, que «la cruz, para una madre, es un dolor excesivo e insoportable. Y, a pesar de tanto sufrimiento, allí estaba ella», estoica, sola con el Solo, agarrando la mano ensangrentada de su Hijo único. Así debió de pasar aquella noche del viernes Serena en el hospital Gemelli de Roma, a los pies de su cruz transformada en una cama de hospital. La pequeña Angelica culminaba su Vía Dolorosa con una enfermedad genética que terminó superando a su diminuto cuerpo. María y Serena, Serena y María. El icono de la madre, la de la Angustia, la de la Soledad, la de los Dolores. Ser madre duele.

La maternidad ya arranca en un suceso traumático que ni siquiera la medicina ha logrado aniquilar del todo: las contracciones, la sangre, la falta de aire. Una mujer vestida del sol «está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz», adelanta el Apocalipsis. La maternidad también arranca en el trauma de las pruebas interminables que definen a la estéril; en la obsesión con el termómetro y el calendario. En el periodo, que cada mes aparece, como una puñalada en el corazón. La maternidad sigue arrancando en las entrevistas con funcionarios fríos y cientos de encuestas en las que un ajeno analiza si la edad, la cuenta corriente y el estado de salud mental de los deseosos padres encaja con amar a un niño. Siempre, la maternidad se duele.

El único momento en el que la maternidad no duele en el primer instante es cuando alquilas el vientre de otra mujer, de la madre, previo pago disfrazado en ocasiones de solidaridad. No hay contracciones. No hay termómetros basales. No hay funcionarios que cuestionen edades ni encuestas. Solo hay tarjeta de crédito y la creencia de pensar que ser madre es un derecho.