La mañana del cardenal con la discapacidad: «Tenéis capacidades que yo no tengo. Vosotros cambiáis mi corazón»

El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, pasó la mañana del viernes, víspera de la Jornada Mundial del Enfermo, con personas con discapacidad

Carlos González García
El cardenal Osoro, durante su visita a la Fundación ANDE

Todos los viernes encierran ese encanto que atesoran los que esperan anhelantes, como niños, la llegada del fin de semana. La lluvia y el frío, por fuera, presagiaban –en los alrededores de la madrileña avenida Rafaela Ybarra– una mañana, tal vez, demasiado gris. Sin embargo, detrás de la puerta principal de la fundación ANDE, de atención a personas con discapacidad, esperaba todo un mundo de alegría, ternura y amor a manos llenas. Cada uno de los que allí viven, custodian o trabajan, estaba de fiesta. «¡Hoy viene el Papa a vernos!», gritaba Javier, a la espera de la llegada del prelado madrileño.

La visita no se hizo esperar. Y la alegría y la satisfacción de saberse acompañados por el cardenal, podía tocarse con la punta de los dedos. Tras ser recibido por el presidente de ANDE, Fernando Martín Vicente, al arzobispo le esperaban los directivos de los centros que tiene la fundación en Madrid. Al otro lado, una representación de los chicos de los centros que hay en la sede central: residencia, centro de día, dos centros ocupacionales para personas con discapacidad intelectual y oficinas centrales. Acto seguido, después de la recepción inicial –y donde el prelado saludó personalmente a todos–, ataviados con la mejor de sus sonrisas, le esperaba el coro de ANDE para cantarle el himno de la Almudena más bonito que, probablemente, le hayan cantado jamás. Bastaban las miradas de los coristas para escuchar, más allá de sus voces y sus afinaciones, a 16 corazones colmados de una indescriptible pasión por la música, por la madre de Dios y por la vida. Con el himno de la fundación como colofón a su actuación, la emoción de todos los presentes auguraba, de principio a fin, una visita realmente inolvidable.

El salón de actos sería el siguiente lugar en recibir al arzobispo. Allí, el grupo de teatro le ofreció una pequeña pieza de la obra que estaban ensayando. La visita continuó hacia la residencia, donde pudo ver el comedor, la sala de fisioterapia y el aula de autónomos, donde cada uno le mostraba los trabajos que estaba llevando a cabo.

Instalaciones cuidadas

A través de unas instalaciones cuidadas con un encanto especial, le mostraron los centros ocupacionales. Allí, puso disfrutar de los talleres de máquinas tricotosas, de costura, de cartonaje. Después, pasó por dos aulas de formación permanente, donde trabajaban los estados de ánimo y la salud en la alimentación, para, luego, conocer las salas de lectura, ocio, papel, bisutería y nuevas creaciones y jardinería. Pepe, mientras cuidaba las flores, se ofreció al cardenal para cuidarle el jardín de su casa: «Cuando usted quiera, vamos para allá, ¡y se lo hacemos gratis, además!».

Tras las carcajadas de todos, el baile y una emoción difícilmente controlable se convertirían en la siguiente parada. Con la banda sonora de El reloj, cuatro parejas trenzaban sus manos y sus pies –con la ternura de quien ama la vida– en la sala de baile y relajación. Más de uno de los que disfrutábamos de aquella coreografía, verdaderamente deseábamos que se parase el tiempo y que el reloj no marcase las horas.

De ahí, al centro de día, donde Poldo le mostró al prelado un dibujo, hecho para la ocasión, en el que estaban él y su novia –presente a su lado– caracterizados como nunca nadie será capaz de pintarlos jamás. Los demás compañeros, ataviados con sus mejores galas, también quisieron mostrar su satisfacción y su regocijo para, después, comunicárselo a sus familiares. Detrás de un largo pasillo, visitaron las habitaciones y disfrutaron de un aperitivo, realizado y servido por los que se encargan del servicio de cocina y cafetería.

Y, en cada uno de sus rincones, una sola misión y una sola filosofía: que sean felices y que no haya muros. Así lo llevan a cabo en cada uno de sus centros: con las puertas abiertas, de cristal, para que ellos nos puedan ver y para que nosotros podemos verlos a ellos. Es fácil comprobarlo en la mirada del presidente, quien se emociona cuando habla de los inicios de la fundación y quien apuesta por defender la dignidad y los derechos de las personas que integran los colectivos: «Colaboramos unos con otros para que las personas con mayores dificultades tengan una vida digna». De esta manera, señala Martín Vicente, «estamos obligados a mostrar la cercanía de la sociedad hacia las personas con discapacidad y gratitud a quienes, con profesionalidad y humanidad, trabajan por ellos».

Fernando, antes de concluir la visita, destacó la importancia de la visita del cardenal Osoro como reflejo de «un buen pastor que ama y cuida a todo su rebaño» y que «nos recuerda que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza». Y nuestros chicos, confesó, «también son divinos, y esta también es la casa de Dios».

«Aquí hay un movimiento de amor»

Por su parte, el arzobispo de Madrid afirmó que «aquí, la persona tiene amor absoluto, y el amor es lo principal»; es «una fuerza que mueve este lugar». Y «no solamente hay un movimiento de amor, de entrega y de valor absoluto de la persona», sino que «esto, este centro, en estos momentos, está cambiando la humanidad». Además, refiriéndose a las «capacidades diferentes» de cada uno de los presentes, concluyó estar seguro de que «no tengo las mismas capacidades que algunos que he encontrado, saludado y besado aquí». Porque ellos «han cambiado mi corazón, han afectado a mi corazón; cosa que, a lo mejor, yo no puedo hacer con los demás y ellos sí pueden hacer conmigo».

Finalmente, el cardenal les dejó grabadas a mano unas palabras de agradecimiento para, así, mostrarles su cariño, su bendición y su apoyo incondicional por darle la oportunidad de conocer la obra tan grandiosa que Dios ha puesto en sus entregadas manos.

Con la ONCE

Sin tiempo que perder, el purpurado dejó las instalaciones de ANDE rumbo al Servicio Bibliográfico de la ONCE (SBO), en donde conoció de primera mano cómo es la producción de libros sonoros y en braille que realiza la ONCE para sus afiliados. También, visitó el Museo Tiflológico de la ONCE, que este año cumple 25 años, y pudo ver y tocar maquetas como la de la catedral de Santiago o la del Pilar de Zaragoza, adaptadas para las personas ciegas.

Alberto Durán, consejero adjunto al presidente de Cooperación y Relaciones Institucionales de la ONCE, explicó la utilidad del Servicio Bibliográfico de la ONCE, que «permite a las personas ciegas acceder a la cultura». El consejero puso como ejemplo la importancia de «la digitalización y adaptación de libros para la educación de los niños ciegos».

Como recuerdo de la visita, Carmen Bayarri, directora del SBO, obsequió al arzobispo de Madrid con un Ipad con La Biblia en versión sonora. El cardenal Osoro agradeció esta obra «para que todas las personas ciegas puedan acceder a ella», y subrayó que «con el trabajo que hacéis en la ONCE derribáis muros, que nos impiden la comunicación».

Carlos González García / Infomadrid