La incubadora low cost y por piezas para países en vías de desarrollo - Alfa y Omega

La incubadora low cost y por piezas para países en vías de desarrollo

Alejandro Escario Méndez, ingeniero de telecomunicaciones e ingeniero informático de 25 años de la Universidad CEU San Pablo ha diseñado esta incubadora desde cero, que se puede fabricar en cualquier país del mundo por menos de 300 euros. El primer prototipo se ha construido en el FabLab Madrid CEU. El 15 de septiembre esta incubadora viajará a la Maternidad de Nikki (Benin) donde empezará a trabajar con neonatos

José Calderero de Aldecoa

Alejandro Escario tiene sólo 25 años y una muy corta vida laboral. Hizo ingeniería de telecomunicaciones e ingeniería informáticaen la Universidad CEU San Pablo y estuvo trabajando durante un año. Decidió volver a los estudios para hacer un master en ingeniería biomédica «y surgió la oportunidad, con una beca, de hacer el curso del FabAcademy, un curso de alta formación que imparte Neil Gershenfeld, director del Center for Bits and Atoms del MIT (Massachusetts Institute of Technology)», explica el propio Escario. Para ambos cursos tenía que desarrollar un proyecto final y fue entonces cuando surgió la idea de hacer una incubadora de bajo coste y por piezas para países en vías de desarrollo.

El proyecto le ha valido el premio Best Medical Project de los Global Fab Awards 2015 organizado por el Center for Bits and Atoms del Massachusetts Institute of Technology (MIT). El premio permite, además, participar y presentar el proyecto en la convocatoria Medicine X Conference que se celebra en Stanford University a finales de septiembre. Pero para este joven madrileño el mejor premio es que la incubadora «va a ayudar a muchísimas personas. Es lo que realmente me gustaría y ese es el premio para mi».

Escario Méndez ha elaborado este prototipo bajo la dirección de la coordinadora del FabLab Madrid CEU, Covadonga Lorenzo, dentro del FabAcademy, un programa de formación en fabricación digital. Además, ha contado con el asesoramiento semanal, por videoconferencia, del propio Neil Gershenfeld. «Fue Covadonga la que había viajada mucho a Sierra Leona y percibió la necesidad de una incubadora de este tipo», asegura Alejandro.

Escario Méndez empezó a desarrollar el prototipo en el FabLab Madrid CEU. «El equipo de pediatría del Hospital General de Albacete le explicó y le dejó ver una incubadora y su funcionamiento. Por otro lado, «hablamos con el Hospital de San Juan de Dios de Sierra Leona y parecía que les interesaba. Por culpa del ébola, en el país cambiaron las prioridades». Posteriormente «surgió la posibilidad de una colaboración con una clínica de Benín, gracias a la Fundación Alaine y a través del programa de voluntariado del CEU y fuimos viendo las necesidades concretas que tenían».

El próximo 15 de septiembre, el presidente de la Fundación Alaine trasladará esta incubadora a la Maternidad de Nikki (Benin). La incubadora, de fácil montaje, se pliega en una caja, completamente plana, que contiene todas las piezas. Alejandro Escario ha elaborado también unas instrucciones de montaje con todos los pasos a seguir. Una vez instalada en esta Maternidad, gracias a la colaboración de la Fundación Alaine, se recibirá información puntual acerca de su funcionamiento, así como de las posibles propuestas de mejora.

Mientras la Fundación prueba la incubadora low cost en Benín, Alejandro estará presentando el proyecto en el Medicine X Conference de Stanford. Antes de viajar a Estados Unidos, el joven ingeniero ya está trabajando en el segundo prototipo de la incubadora en el que «se mejora la estabilidad de las patas y mejoramos la circulación del aire por dentro para generar una temperatura más estable».

Por menos de 300 euros

La incubadora tiene una estructura de madera con pequeñas piezas de plástico -las estrictamente necesarias-, a lo que se suma la electrónica, detenidamente diseñada para que caliente o enfríe el espacio interno, y controle la temperatura y humedad. Según explica Escario Méndez, uno de los aspectos más complicados de la estructura fue el diseño de las patas, ya que debían permitir la inclinación de la incubadora en función de las necesidades específicas de cada bebé.

Su principal ventaja es su bajo coste. Mientras el precio de una incubadora normal oscila entre los 6.000 y los 60.000 dólares -dependiendo de las características que tenga-, esta incubadora cuesta menos de 300 dólares. Sin embargo, su coste en África sería incluso más bajo, pues el precio de la madera es mucho mayor en Europa que en el continente africano. Aunque Alejandro advierte que su diseño no pretende sustituir a las incubadoras de las UCIS neonatales occidentales

Otro de los puntos interesantes de este prototipo es que es fácilmente reparable en el destino. Como señala Escario, actualmente, se dona mucho material sanitario a países en vías de desarrollo, pero éste se queda obsoleto porque se rompe y no saben arreglarlo.