La Iglesia en Pakistán protesta por el secuestro de otra niña cristiana - Alfa y Omega

La Iglesia en Pakistán protesta por el secuestro de otra niña cristiana

Arzoo Raja, de 13 años, fue secuestrada por un vecino musulmán y obligada a casarse con él. Un juzgado ha decretado que nadie sea detenido y que la pareja tenga «protección» policial

Redacción
Foto: Asia News

El cardenal Joseph Coutts, arzobispo de Karachi (Pakistán), ha salido en defensa de Arzoo Raja, una niña católica de 13 años secuestrada y obligada a convertirse al islam y casarse con un musulmán. «Pedimos a las autoridades del Gobierno de la provincia de Sindh, a los agentes de policía y al poder judicial que se haga justicia». Sus declaraciones coinciden con la concentración organizada el miércoles 28 frente a la catedral de San Patricio, una de las varias celebradas en el país. 300 personas, entre cristianos, hindúes y musulmanes, protestaron por una orden judicial emitida el martes, que validaba lo ocurrido. 

Esta decisión es «terrible», porque «de hecho legitima el secuestro» de la menor, compartió el padre Saleh Diego, vicario general de la archidiócesis de Karachi y responsable de su comisión diocesana de Justicia y Paz. Arzoo fue secuestrada el 13 de octubre por un vecino llamado Ali Azhar. Ese mismo día se convirtió y se casó con él, y su nombre se cambió al de Arzoo Fatima.

A pesar de que la provincia de Sindh tiene una ley que castiga el matrimonio de un mayor de 18 años con una niña con entre dos y tres años de cárcel, el juez da por bueno el relato de la familia de Azhar. Según el mismo, a lo largo de un período de tiempo prolongado la menor había entendido que el islam es la religión verdadera, y pedido a sus padres y al resto de la familia que lo abrazaran. Al no conseguirlo, supuestamente decidió por su propia voluntad convertirse. 

Sin constatar la edad

«El juez ni siquiera pidió su certificado de nacimiento para demostrar su edad, y no le permitieron reunirse con sus padres», denuncia en declaraciones a Fides Christian Ghazala Shafiq, activista por los derechos humanos y de la mujer. A partir de ahora, apunta el padre Saleh, Arzoo «tendrá que vivir con su secuestrador», con protección garantizada por la Policía, a la que el juez aconseja que no realice ningún arresto en relación con la denuncia. «Haremos todo lo posible para hacerle justicia». 

«La terrible realidad es que no se ven las conversiones forzadas como un crimen, y mucho menos como algo que deba preocupar a la mayoría del país», lamentan en un comunicado la Comisión Nacional de Justicia y Paz. «La sociedad pakistaní se ha vuelto cada vez más intolerante, y vivir como minoría religiosa se está volviendo extremadamente difícil». 

El texto, firmado por su presidente, monseñor Joseph Arshad, y su director, Emmanuel Yousaf, denuncia también también que las conversiones forzadas se presentan como voluntarias «con demasiada facilidad y demasiada frecuencia», y señalan la «responsabilidad del Estado de legislar para proteger a sus ciudadanos, en particular a los menores». 

«Creciente oleada»

Durante toda la semana las protestas se han repetido en Quetta, Lahore e Hyderabad; en este último caso, con la participación de entidades como la Sociedad por la Conciencia Humana, Desarrollo y Empoderamiento (SHADE por sus siglas en inglés) o la Red Nacional de Derechos de las Minorías (NMRN), informa Asia News. También participaron en las concentraciones musulmanes. Es el caso de Shema Kirmani, musulmana y activista pro derechos humanos, que compartió con Fides su «enérgica» condena: «Ninguna religión permite que nadie sea obligado a convertirse y casarse con el secuestrador. Esto es secuestro y violación». 

El secuestro y conversión y matrimonio forzados de niñas no es nuevo en Pakistán. Se estima que lo sufren unas 700 menores al año. En los últimos meses, sin embargo, parece que los casos se multiplican. Han encontrado especial eco la historia de Huma Younus, de 14 años, secuestrada hace cerca de un año. Su matrimonio también fue validado por el Alto Tribunal de Sindh con el argumento de que una chica es casadera cuando empieza a tener la menstruación. También el de Saneha Kinza Iqbal, de 15 años, hija de un pastor y secuestrada en Faisalabad cuando se dirigía a la Iglesia.

En sus declaraciones, el cardenal Coutts exigió que «se adopten medidas severas para detener esta creciente ola» que afecta a «niñas de minorías religiosas. Los ciudadanos de estas minorías no se sienten seguros ni con igualdad de derechos».