La hora del recreo en la huerta diocesana

Las diócesis españolas han puesto numerosas dependencias parroquiales a disposición de los colegios para que puedan cumplir con el distanciamiento social impuesto para la reapertura

José Calderero de Aldecoa
Foto: Diócesis de Vitoria

Conceptos como «distancia de seguridad» o «grupos burbuja» han convertido la reapertura de las aulas en «una auténtica locura», en palabras del director del colegio Urkide, Aitor Pérez de San Román Fernández de Larrinoa. «Nosotros estamos en el centro de Vitoria y tenemos 1.420 alumnos. Esto nos generaba muchísimas dificultades para poder implementar un sistema de entradas escalonadas, o para garantizar el aislamiento de los grupos burbuja», asegura en conversación con Alfa y Omega.

El problema principalmente lo tenían en el patio, que «tiene unas dimensiones tan reducidas que nos hacía imposible cumplir la normativa sobre los grupos burbuja». «No había otra solución: los alumnos tendrían que quedarse en las clases durante el recreo». Pero entonces, la Conferencia Episcopal Española transmitió al Ministerio de Educación su disposición a ofrecer diferentes espacios eclesiales a los colegios –tanto públicos como privados y concertados– para que pudieran cumplir con el distanciamiento social previsto. El ofrecimiento se concretó posteriormente en cada diócesis en particular. En el caso del colegio Urkide, «fueron las familias las que se pusieron en contacto con la diócesis. Algunas trabajan en el sector sanitario, en primera línea contra la COVID-19, y nos dijeron: “Queremos que nuestros hijos vayan al colegio, pero que lo hagan con seguridad”».

Al recibir la petición, el obispo Juan Carlos Elizalde declaró el asunto como «prioritario». La diócesis ha cedido parte de unos terrenos cercanos al colegio donde ya hay un proyecto de inclusión social. El espacio cedido será el nuevo patio durante un año. «Todo fueron facilidades; solo me queda dar las gracias a la diócesis», concluye el director.

Acción conjunta de Iglesia

En Mallorca, la iniciativa partió de la propia diócesis y de su obispo, Sebastià Taltavull. «Desde el principio me di cuenta de que en la isla habría problemas con el tema de los desdoblamientos de los alumnos», asegura el prelado en conversación con Alfa y Omega. Entonces, «llamé a la presidenta del Gobierno balear y al consejero de Educación y les ofrecí nuestras dependencias parroquiales para todo los colegios que las necesitaran, no solo los católicos», subraya Taltavull. Al igual que la sociedad mallorquina, «recibieron la propuesta con mucha alegría y con mucho agradecimiento». Tras el ofrecimiento, la consejería se puso en contacto con todos los colegios para informarles y ya se han concretado hasta cinco cesiones y hay otras tantas en estudio.

Junto a Mallorca y Vitoria, Bilbao es otra de las diócesis que ha recogido el guante lanzado por la CEE al Ministerio de Educación. En este caso, se ha podido concretar la cesión de espacios a las ikastolas Iparagirre y Artxandape y al centro de formación Ortxarkoaga. «Aquí los colegios tienen bastante relación con las unidades pastorales y en muchas ocasiones ya compartían algunos espacios previamente», asegura Nerea Begoña, responsable de los centros educativos diocesanos.

A clase a la capilla

Los colegios también han recurrido a la reconversión de sus propios espacios para garantizar la distancia de seguridad. En el caso del Colegio Pio XII, con 1.200 alumnos, «ha sido bastante complicado», asegura su director Miguel Ángel Mora. Han tenido que abrir un aula incluso en la capilla. «Ya se usaba como sala de reuniones cuando no había ninguna celebración litúrgica». Ahora «hemos levantado allí un aula y como tampoco podemos hacer Eucaristías comunitarias, las estamos teniendo a través de internet».