La fraternidad nos hace humanos - Alfa y Omega

La fraternidad nos hace humanos

Maica Rivera

Nueva edición del clásico de Philip K. Dick con el que la editorial Minotauro lleva el año nuevo al terreno de la ciencia ficción. Enero de 1992 en la historia original; de 2021 en ediciones más recientes. Estamos ante un escenario posapocalíptico con nuestro planeta devastado tras la Tercera Guerra Mundial. La mayor parte de los supervivientes han huido hacia colonias espaciales fuera de la Tierra para alejarse del polvo radiactivo, alentados por una política gubernamental del éxodo que incluye de incentivo la asignación de un robot humanoide diseñado a medida como criado personal o campesino incansable. Pero Rick Deckard no puede emigrar a causa de su trabajo, es un cazarrecompensas perteneciente al Departamento de Policía de San Francisco que se dedica a retirar (dar caza y liquidar) a los androides renegados, ilegales y fugitivos de las calles. Animada por él, su mujer afronta la desesperación de no poder marcharse con la utilización a discreción su «órgano de ánimos Penfield», aparato clave de la pseudorreligión que practica, llamada «mercerismo», que le permite manipularse el humor e inducirse emociones: librarse, por poner un ejemplo, de sentir tristeza, aunque, intelectualmente, la siga percibiendo. 

Mientras ambos intentan salvar el matrimonio en crisis, su oveja eléctrica ramonea en la azotea como si fuera auténtica a ojos de los vecinos, cuidadosamente acondicionada para ello, ya que la posesión de un animal concede a los propietarios un elevado estatus social y de responsabilidad moral ante un panorama de extinción y mercado de altos precios. La oportunidad de comprar una de verdad le llega a Deckard con el reto de ganar una bonificación extraordinaria, por pieza, si logra retirar a un grupo de androides rebeldes recién fugados de Marte que se corresponden con un nuevo modelo superior, prácticamente indistinguible del humano: el Nexus-6. 

Desde el principio se entrelazan muchos temas de enjundia. ¿Es ético tratar como objetos a los androides, prototipos a imagen y semejanza del hombre, que comienzan a ser sensibles a la belleza, capaces experimentar el miedo y el abandono, y de sentir cariño hacia los animales? ¿Es el término retirarlos un eufemismo de asesinarlos? Impactan los pasajes en los que algunos de ellos descubren que llevan implantada una memoria sintética de falsos recuerdos y no son personas, como siempre han creído; y desean, y a la vez, temen, corroborarlo con el test de Voigt-Kampff, que analizará la capacidad / velocidad de su reacción empática. 

El materialismo puro ahoga a esta sociedad distópica, enferma de soledad (mundo-tumba), que, por unas u otras razones, apenas alcanza el concepto de empatía, mucho menos lo trasciende hacia estadios más profundos y espirituales, a pesar de que es patente el anhelo de amor que los personajes acallan o confunden. Lo que separa a los androides de los humanos es que, a pesar de su, cada vez mayor, sofisticación, son copias desprovistas de alma, incapaces de ampararse unos a otros. Y la barrera emocional de los hombres hacia ellos se explicita en que tienen miedo a quererles porque su conciencia, entonces, no les permitirá exterminarles, y eso hará a la humanidad vulnerable a unos seres incapacitados para corresponder en el amor con plenitud. Estas páginas subrayan la necesidad íntima de la hermandad para humanizarnos y de las pocas cosas que dejan claras es que la violencia nunca es el camino, que no hay justicia sin caridad, que la esperanza no cabe en una caja y que la fe mueve montañas.

Aviso a los cinéfilos que descubran este libro de Philip K. Dick: es inspirador de la película Blade Runner, pero poco tiene que ver con ella, que es poética e infinitamente más gratificante.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Autor:

Philip K. Dick

Editorial:

Minotauro

Año de publicación:

2020

Páginas:

288

Precio:

17,05 €