La Cruz de los Jóvenes visita, en Navidad, a aquellos que sufren: De verdad, Dios les quiere
Buscar a las personas que sufren y transmitirles el amor de Dios ha sido, desde el principio de los preparativos para la Jornada Mundial de la Juventud, una de las principales invitaciones que han recibido los jóvenes madrileños. Y los jóvenes están respondiendo, de forma especial en estas fechas, en las que se unen la Navidad y los Santos Inocentes

La labor de redención que empezó con la encarnación y nacimiento de Jesús, lo llevó a la Cruz y la Resurrección. Ésta es la idea que intentan transmitir, con actos de todo tipo, las parroquias por las que la Cruz de los jóvenes y el Icono de la Virgen pasan estos días. Los organizadores del recorrido no han olvidado que son muchas las personas que sufren en nuestras ciudades, también en Navidad. Los jóvenes, mientras se preparan para la JMJ, han de llevarles el testimonio del amor de Dios que la cruz simboliza. Lo han dicho en todas sus intervenciones sobre la JMJ el Papa Benedicto XVI y el arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela.
El pasado martes, la Cruz y el Icono acompañaron al cardenal Antonio María Rouco, en su tradicional visita a la cárcel de Soto del Real, donde 250 presos le esperaban, como cada año, con ilusión y agradecimiento. En la homilía de la Misa, el cardenal les dijo que pedía por ellos, pues sabía lo difíciles que son estas fechas. Pero «la Navidad —añadió— se puede celebrar en todas las circunstancias», pues «la gran noticia que trajo el Mesías es que el hombre puede salvarse, y eso nos hace libres».
Con enfermos, marginados y víctimas del terrorismo
El 20 de diciembre, más de un centenar de jóvenes enfermos y discapacitados, y de voluntarios, tuvieron un encuentro de oración en la parroquia del Patrocinio de San José. Desde el principio —explica don Víctor Hernández, de la Delegación diocesana de Pastoral de la Salud—, se pretendió no que fuera «una oración especial para los enfermos y discapacitados, sino con ellos». El acto estuvo animado por el cantante Migueli, y en él, mediante un texto del entonces cardenal Ratzinger, se recordó a estos jóvenes que son imagen de Dios, y en eso se basa su dignidad. Al final, fueron enviados a anunciar esta buena noticia al mundo.
A don Víctor le impresionó, sobre todo, el momento de las preces dialogadas, en las que, junto con los principales deseos de cada uno —poder ser uno más de la comunidad cristiana, la eliminación de barreras arquitectónicas o el logro de avances médicos contra el sida—, se entretejían testimonios como el del joven que, en un encuentro en Lourdes, «admitió su paraplejía y aprendió a valorarse, al descubrir que el dolor no agrada a Dios, pero el dolor que se llena de amor, sí». No es de extrañar que se produjeran momentos de bastante emoción: «Después, en un rato de fraternización con una cerveza prenavideña, un chaval de la parroquia nos dijo que ahora ya creía que, de verdad, Dios le quería». Junto a lo emocionante del encuentro, los enfermos destacaban «su profundidad y la calidez de la acogida» que habían recibido.
Asimismo, la Cruz y el Icono están visitando varios hospitales. El próximo será el Infanta Leonor, de Vallecas, el 9 de enero de 2010. En esos mismos días, la Cruz y el Icono visitarán otro lugar de sufrimiento: el asentamiento de inmigrantes de la Cañada Real, una de las zonas más marginales de la capital. Poco antes, el 4 de enero, se celebrará una oración por las víctimas del terrorismo, en la estación de tren del Pozo del Tío Raimundo, escenario de una de las explosiones del 11M. Allí se hará una oración, y el arciprestazgo de San Carlos Borromeo pasará la Cruz al de San Diego, que la llevará en tren hasta Entrevías, haciendo parte del recorrido de los trenes de la muerte.