La Castellana ya se llena y miles de jóvenes esperan al Papa de la IA
La ilusión de grupos grandes y pequeños de parroquias y otras realidades de la Iglesia llena las inmediaciones de la plaza de Lima cuando se han abierto los sectores
Alrededores de la plaza de Lima, cinco y media de la tarde. Hace ya hora y media que se abrieron las puertas de los sectores, pero sigue habiendo grandes colas para entrar. En los puntos de control se viven algunos momentos de nervios cuando los grupos grandes tienen que separarse. «Nos hemos quedado dos solas», se quejan unas jóvenes.
Pero todo llega. También el momento de entrar y buscarse dentro de la Castellana. Con suerte, en los sectores que ya están en sombra. Una joven de la parroquia de San Juan Crisóstomo se sube a hombros de un compañero con una gran bandera para que el resto del grupo pueda encontrarlos y puedan hacer un círculo para coger sitio. Otro grupo que ha llegado antes, ya ha extendido sus esterillas y algunos aprovechan para recuperar sueño.
Benedictine, 23 años, es de Francia. Celebra con sus amigos de la parroquia de Nuestra Señora de la Alegría, de Móstoles, que les ha tocado una zona con muy buena visibilidad al escenario. «Llevo un año y medio aquí, estudiando y trabajando, y ya me vuelvo a Francia después del viaje del Papa. Para mí es un regalo de Dios estar aquí para verle, porque cumplo años el 8 de mayo, cuando él fue elegido. Es un cierre perfecto de mi capítulo en España».
Tras esta experiencia viviendo fuera de su país, asegura que los jóvenes necesitan oír hablar al Papa de esperanza. También le interesaría escuchar algo más sobre temas como la inteligencia artificial.
También Víctor está interesado por este tema. Cree que a los 150 adolescentes de las Juventudes Marianas Vicencianas de Madrid del grupo que coordina les puede ayudar ver que trata temas así para ver que es «un Papa cercano, actual». Cree que les puede ayudar a acoger sus palabras.
Se han juntado todos por la mañana en el cercano colegio Marillac para tener un momento de convivencia, comer juntos y hacer una pequeña oración de envío. «A veces están en su mundo, y les puede venir bien comprobar que no están solos». Han tenido que esperar una hora y media en una plaza cercana hasta que abrieran los sectores y luego se han separado brevemente, pero ya están todos listos y sentados, mientras desde el escenario se anuncia el inicio del acto previo a la llegada del Papa.