El Papa pide «abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social» - Alfa y Omega

El Papa pide «abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social»

El primer discurso de León XIV ha sido un alegato contra la polarización, a la que ha pedido combatir con más cultura, interioridad, con «una educación libre y de calidad» y con la trascendencia. También ha pedido «huir de enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos»

José Calderero de Aldecoa
El Papa durante su discurso al cuerpo diplomático. Foto: Vatican Media.

Se acabaron las especulaciones. Ya no podemos divagar sobre lo que dirá el Papa en su visita a España. Acaba de concluir su primer discurso y León XIV lo ha dedicado a desarticular la polarización. No en vano su lema papal, una frase tomada del comentario de san Agustín al salmo 127, reza «In Illo uno unum», que significa «en Aquel que es uno (Cristo), somos uno».

Durante su discurso ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático -pronunciado en el palacio real-, el renombrado como el Papa de la unidad ha invitado a todos a «abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad».

Para el Papa, «apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de estos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos», esa es «la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas».

Ante esta misión es necesario, según León XIV, que los responsables económicos, políticos e institucionales den «un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, a la universidad y la investigación». Asimismo, ha animado «a las comunidades locales y a la sociedad civil» a ser «semillero de participación y mediación cultural». Esta es una idea que ha repetido a lo largo de su discurso: «Necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos transcendencia».

Ese es el camino y no el de la seguridad «que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros». No, se trata más bien, de «aprender a avanzar junto al otro, crecer juntos, codo con codo».

El Papa y el rey pasando revista a las tropas. Foto: J.J. Guillén/EFE

Musulmanes en España

Como ejemplo de esta colaboración, el Papa ha tirado de la historia de España. En concreto, se ha referido a la presencia del islam en la Península ibérica. «Constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración». De hecho, durante este periodo «no solo no hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judías».

Asimismo, el Pontífice ha recordado cómo la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio, «expertos pertenecientes a las tres religiones colaboraron e la traducción del rico patrimonio árabe, griego y hebreo, contribuyendo a la difusión de textos». Entre ellos, ha destacado los de los filósofos Averroes y Maimónides. También, ciudades como «Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes.

El testimonio de los santos

Más allá del testimonio de las ciudades, el Papa ha destacado además el de algunos santos patrios: san Juan de Ávila, santa Teresa de Ávila e Ignacio de Loyola. Son figuras, sobre todo las dos primeras, que «nutren la vida de la Iglesia y la búsqueda espiritual de muchos». En particular, «al interpretar las transformaciones y soportar las tensiones que hacen tan oscura nuestra época, nos ayuda el tema de la noche», que abordó san Juan de la Cruz.

Es la primera vez que la Princesa Leonor y la infanta Sofía se han encontrado con el Santo Padre. Foto: J. J. Guillén / EFE.
Es la primera vez que la Princesa Leonor y la infanta Sofía se han encontrado con el Santo Padre. Foto: J. J. Guillén / EFE.

Al igual que entonces, «hoy lo que más nos asusta, lo que en muchos provoca la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones, es lo desconocido, ante lo cual puede prevalecer la sensación de no tener ya mapas, la desorientación». Por ello, ha requerido para la vida pública «hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo». Y ha abundado: «Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable, por la civilización del amor».

Por su parte, Teresa de Ávila nos enseña a ampliar el espacio, abrir la mente y así «las contradicciones se resuelven, las tensiones se disuelven, los demás encuentran su lugar, el universo se convierte en hogar». Para el Papa, el hecho de volver sobre nosotros mismos «es la razón por la que hay que proteger la libertad religiosa y de conciencia».

Santidad y popularidad

Una posición radicalmente distinta, para el Papa León XIV, es la de quien se deja llevar por «la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones», un hecho que «parece crecer en lugar de disminuir».

Frente a esto, «vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio», pero también para animar «una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta nación».

Por último, el Santo Padre ha reconocido que «su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad». Y ha añadido: «El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad».

Misioneros y los abusos

Antes de las palabras del Papa, el rey Felipe VI ha destacado la «enorme labor social de la Iglesia Católica, fruto del compromiso de los religiosos y las religiosas, los sacerdotes, los diáconos, los jóvenes que se implican en la vida de la parroquia, los voluntarios que ayudan en residencias, albergues, comedores y centros de acogida».

El Papa y los reyes de España en el Palacio Real. Foto: J.J. Guillén / EFE.
El Papa y los reyes de España en el Palacio Real. Foto: J.J. Guillén / EFE.

También ha citado a los miles de misioneros «de nuestro país que realizan su labor social, educativa, asistencial y pastoral en tantos lugares necesitados del mundo, muchas veces remotos o todavía muy desconectados».

Felipe VI ha contrastado esto con «el dolor causado por los casos de abuso, que ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial». Y ha añadido: «Vuestra claridad y firmeza, que también quiero reconocer, son esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido: lo son para las víctimas, para los fieles, para la Iglesia y para la sociedad».

Otros símbolos nacionales

Al final de su discurso, el Papa también se ha referido a san Ignacio de Loyola, el cual «prefirió la paz a las armas y los santos a los poderosos». El fundador de los jesuitas «comprendió que el bien al que se sentía atraído no era utópico, y entonces su crisis se tranformó en gracia

Además, ha destacado «las expresiones de la fe popular que, en cada ciudad y pueblo, representan una auténtica dramaturgia de la salvación al ritmo del año y en los diversos contextos de vida». También ha subrayado el patrimonio artístico y musical y las múltiples cofradías y asociaciones de carácter caritativo, que «dan testimonio del fecundo encuentro entre Jesucristo y vuestro pueblo».