La alegría, la fe y la esperanza marcaron el ritmo del WOW
Madrid, Getafe y Alcalá se unieron para celebrar el WOW Fest: la catedral de la Almudena estaba abarrotada de adolescentes y jóvenes de las tres diócesis, que vivieron un día inolvidable
Eran las siete de la mañana y los responsables y voluntarios del WOW Fest —Jubileo Interdiocesano de Adolescentes y Jóvenes— se encontraban ya en la catedral de la Almudena para comenzar el día con una oración. Querían ofrecer al Señor una jornada que, tras de tantos meses de preparación, por fin se hacía realidad. El leit motiv estaba escrito en la espalda de sus camisetas: Que la esperanza marque el ritmo. Y así fue: el pulso de la esperanza atravesó toda la jornada, desde esa primera oración en la catedral hasta el último trabajo del último voluntario en plena madrugada.
Y así el equipo de liturgia ultimaba los detalles de la Misa jubilar en la catedral; los de talleres revisaban las salas donde se celebrarían las ponencias de la tarde; los artistas iban llegando para el concierto de la noche; los voluntarios se desplegaban para echar una mano allí donde hiciera falta. En la plaza de la Almudena, el coro ya ensayaba para acoger a los cientos de adolescentes procedentes de Madrid, Getafe y Alcalá de Henares que llegarían, acompañados por sus obispos.
La primera sorpresa del día fue para los más pequeños. Tenían a sus respectivos obispos «desaparecidos» y tuvieron que seguir pistas por el centro de la capital, como si estuvieran en una partida de un juego de resolver misterios. Al final, tras varias pruebas, apareció cada uno de los tres prelados y los adolescentes los recibieron entre bailes, cantos, risas y abrazos. La fiesta podía comenzar.
En los jardines de Las Vistillas —donde los adolescentes de Madrid encontraron al cardenal José Cobo— hablamos con Pablo Vidal, sacerdote recién ordenado en Madrid, acompañado de un nutrido grupo de muchachos: «No pudieron viajar a Roma para el Jubileo de los Jóvenes, así que este WOW Fest es una oportunidad inmensa para vivirlo aquí, junto con las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá. Están todos muy involucrados y animados con la actividad». Estar las tres diócesis juntas fue una experiencia de comunión que muchos destacaron. «Es increíble; hace ver que la Iglesia está viva y que no es solo tu parroquia o tu grupo. Está viva en cualquier lugar», compartía Samuel, uno de los chicos.
—Hoy participan tres diócesis. ¿Qué significa eso para vosotros?
—Juan: Creo que es una de las primeras veces que estamos las tres diócesis juntas. Es una pasada. Al final, esto va de eso: conocer a los demás, crear buen ambiente, como unos buenos vecinos que comparten la fe.
—Francisco: Siempre te encuentras con personas que buscan lo mismo que tú. Creo que es importante vivir estos encuentros, donde los jóvenes pueden disfrutar juntos y compartir experiencias. Al fin y al cabo, ser joven también significa pasarlo bien, pero sobre todo hacerlo acompañado.
Vidal añadía que este encuentro era especialmente valioso, porque muchos adolescentes están viviendo una edad de cambio: «A veces lo tienen más difícil para encontrar su hueco en las parroquias: ya se han confirmado, pero todavía no son universitarios. Es una etapa en la que necesitan sentirse parte de la Iglesia, sentirse en familia». Nos despedimos del sacerdote y de su grupo y, tras el saludo del cardenal José Cobo, el objetivo estaba claro: peregrinar juntos hasta la catedral de la Almudena.
El templo se fue abarrotando de adolescentes, jóvenes, sacerdotes, catequistas, religiosos y de los tres obispos de la provincia eclesiástica de Madrid: el cardenal Cobo; Antonio Prieto, obispo de Alcalá, y José María Avendaño, auxiliar de Getafe. Durante la homilía, el arzobispo de Madrid recordó con fuerza que en muchos lugares del mundo «los jóvenes no pueden reunirse porque la música que escuchan no son guitarras ni coros, sino bombas, disparos y violencia». Y añadió: «Gracias por entrar juntos por esta puerta que se llama Jesús. Así hemos hecho posible la esperanza».
—Has estado en Roma en el Jubileo con el Papa León XIV. Después de esa experiencia, ¿qué significa este encuentro para los jóvenes de Madrid?
—En Roma con el Papa León XIV vivimos el Jubileo universal. Aquí lo celebramos en nuestra realidad: con los que están cerca, haciendo comunidad y compartiendo la fe. Eso también es Jubileo.
—Hoy comienza un nuevo año pastoral juvenil. ¿Qué esperas de él?
—Confío en que Dios proveerá. Sé que se están preparando cosas nuevas y el equipo está ilusionado. Vamos a por todas.
Y, tras la Misa, el ritmo de la esperanza no tenía intención de parar. En la plaza de San Juan Pablo II ya se estaba preparando la comida solidaria para todos los jóvenes. La recaudación se destinará íntegramente a un proyecto de alimentación en Chad, un gesto que unió la alegría de la convivencia con el compromiso por los más necesitados.
La tarde se abrió con la actuación del Mago Numis, que hizo vibrar a la explanada con sus trucos de ilusionismo. Después llegaron las ponencias en varios lugares del centro de Madrid, con temas cercanos a la vida de los jóvenes: el perdón, el sufrimiento, el noviazgo, la política, la teología, la vocación, la salud mental, la belleza y el arte. Hubo espacio también para escuchar a los misioneros digitales, que grabaron en directo un episodio del WOW Podcast con Javier Cascón, Bárbara Bustamante, Pedro del Castillo, Abel de Jesús y Javier Díaz Vega; jóvenes que hablan claro de lo que los mueve: dudas, fe, futuro y esperanza.
—Este es un evento conjunto de las tres diócesis de la provincia eclesiástica de Madrid. ¿Qué significa para vosotras compartir este día con jóvenes de las tres diócesis?
—Verónica: Es una gran oportunidad para encontrarnos personas de distintos lugares, compartir lo que traemos de nuestras comunidades y, sobre todo, conocernos. De eso se trata: de hacer comunidad.
—Blanca: Sí, al final ser Iglesia es eso: reconocernos como uno solo, aunque vivamos lejos unos de otros. Saber que somos grandes y que el Señor está en medio de nosotros.
La explanada de la catedral volvió después a encenderse al ritmo de Aisha Ruah, Paola Pablo, Javi Portela y Hakuna Group Music, que hicieron cantar y bailar a miles de jóvenes. Uno de los momentos más bonitos de la noche fue la sorpresa preparada al cardenal Cobo por su reciente cumpleaños: una tarta, velas y un mensaje de respuesta muy concreto del arzobispo: «Cuando os levantéis mañana, coged el móvil y contad a vuestros amigos lo que habéis vivido hoy. Les vais a contagiar la fe».
El colofón de la jornada fue el envío, presidido por José María Avendaño. Recordó a los jóvenes que no habían venido solo a pasarlo bien, sino a recibir una misión: «Cada uno de vosotros es llamado a ser luz en medio de la ciudad, en medio de vuestros pueblos, en las diócesis de Madrid, Alcalá y Getafe, en medio de la rutina. El mundo necesita vuestro testimonio, vuestro entusiasmo, vuestra fe sencilla y valiente».

Tras la fiesta final, cuando los jóvenes ya estaban en sus casas, los voluntarios seguían recogiendo y poniendo en orden todo lo necesario. Pasaban de las dos de la madrugada y aún había manos trabajando. Pero la sensación era unánime: lo vivido merecía la pena. Porque sí, el WOW Fest fue mucho más que un encuentro. Fue la demostración de que la esperanza sigue marcando el ritmo de la Iglesia joven en Madrid.