Juan Antonio Guerrero: «Si la pandemia se prolonga, no podremos contener el déficit sin los fieles» - Alfa y Omega

Juan Antonio Guerrero: «Si la pandemia se prolonga, no podremos contener el déficit sin los fieles»

El prefecto de la Secretaría para la Economía reconoce que el presupuesto de la Santa Sede para 2021 es el más bajo de la historia, un ahorro que se ha realizado sin disminuir la misión ni puestos de trabajo

Andrea Tornielli
Foto: Compañía de Jesús

«Los gastos presupuestados para 2021 son los más bajos de la historia reciente de la Santa Sede, pero el ahorro se ha realizado sin disminuir el servicio a la misión del Papa y defendiendo los salarios y los puestos de trabajo de los empleados. Necesitamos el apoyo de los fieles». El padre Juan Antonio Guerrero Alves, prefecto de la Secretaría para la Economía, el jesuita que ha recibido del papa Francisco la encargo de gobernar las cuentas de la Santa Sede en este momento tan difícil, no parece desanimado. Se sigue el camino de la transparencia para dar cuenta a los fieles esparcidos por el mundo de cómo se utilizan los recursos donados al servicio de la misión universal del Sucesor de Pedro, tal y como pone de manifiesto en esta entrevista con Vatican News.

El pasado 16 de febrero, el Papa Francisco dio luz verde al presupuesto de la Santa Sede para 2021 propuesto por la Secretaría para la Economía y aprobado por el Consejo para la Economía. La previsión es de un déficit de casi 50 millones de euros, pero habría sido de 80 si no hubiera existido el Óbolo de San Pedro. ¿Cuánto y cómo influyó la crisis provocada por la pandemia en el presupuesto?
La crisis provocada por la pandemia es la causa de este presupuesto restrictivo, en el que los ingresos previstos son muy inferiores a los de 2019, el último año sin pandemia. Entonces los ingresos fueron de 307 millones de euros y para este año esperamos un 30 % menos, 213 millones. Por otra parte, aunque los gastos presupuestados son los más bajos de la historia reciente de la Santa Sede –al menos desde que existe la Secretaría de Economía– no es posible reducirlos en la misma medida que los ingresos manteniendo intacta la misión de la Santa Sede. La reducción total de gastos prevista es del 8 %. Si excluimos los gastos de personal, que no hemos reducido porque la protección de los puestos de trabajo y los salarios ha sido una prioridad, la reducción sería del 15 %.

«La protección de los puestos de trabajo y los salarios ha sido una prioridad»

¿Por qué son tan inflexibles los costes de la Santa Sede?
Alrededor del 50 % del presupuesto corresponde a gastos de personal, un gasto muy poco flexible que aumenta automáticamente con los bienios y el índice del coste de la vida. En 2020 los gastos de personal suben un 2 % respecto a 2019. Proteger el empleo y los salarios ha sido una prioridad para nosotros hasta ahora. El Papa Francisco insiste en que ahorrar dinero no tiene por qué significar despedir empleados, es muy sensible a la difícil situación de las familias. Un momento de desafío financiero no es un momento para rendirse, para tirar la toalla, no es un momento para ser pragmático, olvidando nuestros valores. Esto implica que, al menos a corto plazo, el 50 % del gasto no es flexible. Además, muchos departamentos llevan a cabo su misión prácticamente solo apoyándose en los recursos humanos, sus gastos están representados en un 70 % u 80 % por los costes de personal.

¿Cómo ha trabajado el Secretaría para la Economía en el último año con los dicasterios y organismos de la Santa Sede? ¿Cuántos y qué ahorros se han realizado? ¿Puede darnos algunas cifras más detalladas, por ejemplo, sobre el ahorro relacionado con los gastos de funcionamiento, que se redujeron un 14 % en comparación con 2019?
La cifra a la que te refieres es la que compara el presupuesto de 2021 con el definitivo de 2019. De hecho, aún no disponemos de las cifras definitivas de 2020, y preparamos el presupuesto de 2021 sobre la base de las previsiones que habíamos hecho para 2020. Las medidas adoptadas para 2020 fueron: reducir drásticamente el coste de las asesorías (en 1,5 millones); cancelar todos los actos previstos para 2020, incluidas las visitas ad limina, las asambleas plenarias, las conferencias, los congresos y actos similares (menos 1,3 millones); limitar radicalmente todos los viajes (menos tres millones); suspender las compras de mobiliario previstas (menos 0,9 millones); bloquear y reprogramar las obras no urgentes o aplazables de renovación de edificios (4,8 millones), nunciaturas… Siempre insisto en el hecho de que no somos una empresa, no intentamos obtener beneficios. Ni siquiera somos un Estado como los demás ni una ONG. La Santa Sede tiene una misión indispensable para la que presta un servicio que inevitablemente genera costes, cubiertos sobre todo por donaciones. También cuenta con un patrimonio que cubre sus gastos estructurales y ayuda un poco a su misión. Este año, los ingresos han bajado. Si fuéramos una empresa o una ONG habríamos reducido los servicios y reestructurado nuestro personal. Si fuéramos un Estado como cualquier otro, habríamos aumentado nuestra deuda y tomado medidas fiscales. En nuestro caso, si no llegan donaciones, además de ahorrar todo lo posible, solo podemos utilizar las reservas.

«Si no llegan donaciones, además de ahorrar todo lo posible, solo podemos utilizar las reservas»

Usted dijo: «En nuestro caso, si las donaciones no llegan, sólo podemos utilizar las reservas». ¿No cree que hay un límite para la reducción del capital de la Santa Sede?
No debemos ser alarmistas. Las reservas están ahí para eso: pueden y deben utilizarse en momentos de dificultad económica. Basta pensar en la cantidad de países que se están endeudando a causa de la pandemia. Los ingresos generados por el alquiler de inmuebles, las actividades económicas y los servicios se recuperarán gradualmente cuando la situación económica sea más estable, los museos puedan abrir sin restricciones y vuelva a haber una afluencia normal de turistas. Sin embargo, debemos ser prudentes con los niveles de gasto y es muy importante que sigamos ofreciendo una información clara y transparente que dé tranquilidad a los fieles sobre el uso de sus donaciones. Pero yendo directamente a la cuestión, ha habido muchos momentos en su historia en los que la Iglesia, en diversos países, ha llegado a no tener casi capital, dependiendo de las vicisitudes políticas. La experiencia demuestra que una Iglesia sin reservas financieras seguiría, sin embargo, llevando a cabo su misión de evangelización con la creatividad que el Espíritu ha inspirado en las ocasiones históricas en que esto ha ocurrido. Sin embargo, esperamos que esto no ocurra. Lo que hay que evitar es la descapitalización malintencionada o la descapitalización por mala gestión.

La crisis sanitaria mundial se superpuso y fue seguida, con mayor duración, por una crisis económica muy grave y una crisis social catastrófica. En esta situación global, ¿qué estrategias aplicará la Secretaría para la Economía?
Algunas actividades –como ya he dicho– se han reducido, como los congresos, los viajes, las reuniones, algunos trabajos necesarios se han pospuesto para más adelante, pero al mismo tiempo han sido necesarias otras actividades nuevas para responder a la situación creada. Debido a la situación generada por la COVID-19, se destinaron cinco millones de euros para ayudar, a través de la red internacional de Cáritas, a las necesidades de las Iglesias más desfavorecidas, que se han vuelto más acuciantes. Para las situaciones ordinarias, algunas ayudas han aumentado en algunos casos y han disminuido en otros. La APSA está realizando varios esfuerzos en estos tiempos de crisis. Por un lado, trata de solidarizarse con las personas y empresas que tienen dificultades para pagar sus alquileres. Por otro lado, se está reorganizando para ser más eficiente en sus servicios y mejorar el rendimiento de las inversiones, tanto inmobiliarias como mobiliarias. También estamos tratando de racionalizar nuestros procesos internos para ser más eficientes, evitando la burocracia innecesaria y la duplicación de sistemas y actividades, lo que nos permitirá a medio plazo hacer mucho más sin necesidad de aumentar el gasto.

En el comunicado de su dicasterio en el que se anuncia la aprobación del presupuesto para 2021 se publica también por primera vez el desglose de fondos para el Óbolo de San Pedro: con unos ingresos de 47,3 millones de euros y unos desembolsos de 17 millones. ¿Significa esto que se gastarán 30 millones para reducir el déficit de 2021?
Creo que es inadecuado decir que el Óbolo cubre el déficit de la Curia. Eso no es correcto. La Curia siempre tendrá un déficit. El Óbolo sirve para cubrir los gastos de la misión del Santo Padre, la unidad en la caridad, que ejerce a través de los distintos dicasterios. La mayoría de los dicasterios que ejercen su misión son centros de costes sin ingresos. Si quitáramos el Óbolo, el déficit sería de 47 millones más. Pero si quitamos la donación del IOR y del Estado de la Ciudad del Vaticano, serían 37 millones más. Si, además, quitamos la aportación de las diócesis, serían 23 millones más, y si volvemos a quitar los ingresos de la APSA serían 100 millones más. Entonces entenderíamos que prácticamente toda la actividad y la misión de la Santa Sede es un gasto: las nunciaturas, los dicasterios, la ayuda a las Iglesias en dificultad, etc.

«El Óbolo sirve para cubrir los gastos de la misión del Santo Padre, la unidad en la caridad, que ejerce a través de los distintos dicasterios»

¿El uso de fondos del Óbolo para reducir el déficit es una novedad este año o ya se ha hecho y en qué medida?
Es más apropiado decir que el Óbolo contribuye a la misión del Santo Padre que, por supuesto, tiene un coste. Esto no es nuevo. La novedad es que hemos tenido una serie de años en los que las donaciones recibidas –incluido el Óbolo– no cubrían los gastos de esta misión y, por tanto, se consumieron las reservas de Óbolo acumuladas en años anteriores. Por ejemplo, en 2019, el fondo del Óbolo aportó 81 millones a la misión global del Santo Padre, mientras que los ingresos netos fueron de 53,8 millones, es decir, las reservas del Óbolo disminuyeron en 27,2 millones. En 2020, debido a la disminución de los ingresos, no solo los del Óbolo, podemos estimar –el presupuesto aún no está cerrado– una reducción de las reservas de más de 40 millones. Ahora podemos esperar lo mismo en 2021. Este recurso a las reservas del Óbolo en los últimos años significa que la liquidez del fondo del Óbolo se está agotando y con la crisis actual es muy probable que en 2022 tengamos que recurrir en cierta medida a los activos de la APSA. Al mismo tiempo, esperamos que muchas de las fuentes de ingresos que han disminuido con la pandemia puedan reanudarse cuando la situación general mejore.

Se espera recaudar 47 millones de euros para el Óbolo: 17 irán a parar a los desembolsos, por lo tanto a la ayuda y la caridad. 30 se destinarán a apoyar a la Santa Sede. ¿Cómo explicaría a un fiel por qué es importante seguir donando al Óbolo?
Los 30 +17 millones presupuestados se utilizarán para apoyar la misión del Santo Padre, ya sea en forma de ayuda a personas o comunidades, o como contribuciones a los dicasterios que colaboran con la misión del Papa. La Santa Sede, permítame insistir en esto, ayuda a la misión del Santo Padre y se sostiene fundamentalmente por la contribución de los fieles. Por un lado, no podemos dejar de agradecer la generosidad de los fieles en este año tan difícil: en medio de las dificultades de este tiempo de pandemia han seguido colaborando porque creen en la misión de la Iglesia y quieren apoyar al Santo Padre. Me recuerda la historia del Evangelio de la viuda que dio una pequeña suma… todo lo que tenía. Para mí, no se trata solo de dinero. Por otro lado, hay que reconocer que, dada la situación de pandemia, si esta se prolongara mucho, o como dicen algunos, se quedara con nosotros, los recursos no serían suficientes para la sostenibilidad económica de la Santa Sede a largo plazo. En este caso también tendríamos que prever una reducción de los gastos y decidir en qué actividades: ¿debemos pensar en comunicar el mensaje de la Iglesia y del Papa en menos idiomas? ¿Debemos acaso reducir la presencia pública de la Iglesia y del Papa? ¿Debemos reducir la presencia del mensaje evangélico y la capacidad de mediación de la Iglesia en el contexto internacional? ¿Menos ayudas a las Iglesias con dificultades? ¿Menos cuidado con el legado histórico recibido? ¿Reducir el enfoque en la unidad y la comunión a través de la doctrina, la liturgia, etc.? Una ecuación difícil de resolver. Pero creo que en cualquier caso debemos hacer todo lo posible para optimizar los gastos, y contar con la generosidad del santo pueblo de Dios.

Padre Juan Antonio, la pandemia es, por desgracia, un fenómeno que no da señales de terminar todavía y se espera que las consecuencias para nuestras vidas y para las economías de nuestras sociedades se sientan durante mucho tiempo. ¿Cómo piensa la Santa Sede afrontar esta situación en un futuro próximo?
Por un lado, explorando las oportunidades que brinda la nueva situación. El año pasado, por ejemplo, gracias a las numerosas reuniones por videoconferencia, se ahorró mucho. La nueva situación desarrolló la creatividad y nos hizo aprender. Por otro lado, progresar en eficiencia, hacer más con menos, ahorrar. Mejorar la transparencia para que los fieles sepan qué se hace con sus donaciones. Si esto se prolonga demasiado, no podremos contener el déficit si no es con el apoyo de los fieles.

¿Puede decirnos en qué fase se encuentra la reforma deseada por el Papa que transfiere todos los fondos de la Secretaría de Estado a la APSA encargada de gestionarlos?
Básicamente está hecho. La mayoría de los fondos ya han sido transferidos. Hay un pequeño remanente que tiene algunas complicaciones legales, pero será transferido en breve. El auditor general está realizando una auditoría para certificar los saldos de las distintas cuentas.

«La transparencia es útil para la gestión interna de los recursos. Reducir los costes de gestión y poder aumentar los de la misión»

En el comunicado en el que se anuncia la aprobación del presupuesto para 2021 se indica que el 68 % de los recursos se destinan a la misión apostólica. Usted ha insistido mucho en la «declaración de misión», para dejar claro que la actividad de la Curia Romana es un servicio al ministerio del Sucesor de Pedro y varios departamentos han empezado a contar con transparencia cómo utilizan sus recursos. ¿Cree que esta actitud de mayor transparencia en la contabilidad de cómo se gasta el dinero será útil?
Por supuesto que sí. La transparencia es útil para la gestión interna de los recursos. Reducir los costes de gestión y poder aumentar los de la misión. Por otro lado, los fieles merecen transparencia, deben saber cómo gasta la Iglesia lo que recibe. Para nosotros es una cuestión de credibilidad. Somos los primeros que tenemos que demostrar que la moral social de la Iglesia y los criterios morales que defendemos, funcionan y son válidos. Se suele decir que, en la gestión de sus recursos, la Iglesia debe adaptarse a los criterios internacionales… Debemos aspirar a convertirnos en un modelo de referencia internacional.