Informe Pisa. En vez de criticar a los niños, más les ayuda que en casa se lea - Alfa y Omega

Informe Pisa. En vez de criticar a los niños, más les ayuda que en casa se lea

La escuela católica achaca los malos resultados a la adicción al móvil, la delicada salud mental de los menores y la falta de ejemplo lector de los padres. Entre las soluciones: invitar a autores y poner deberes

Rodrigo Moreno Quicios
Foto de recurso de unos niños leyendo
Foto: Magnific.

«Hay una tendencia natural a ver en los problemas complejos un origen único, y la prensa y los políticos pueden utilizar estos resultados de forma arrojadiza para hablar sobre falta de exigencia o de inversión pública», advierte Marcos Hermosel, director del Colegio Arzobispal de Madrid, cuando le preguntamos sobre el Informe PISA. Este examen entre los países más desarrollados del mundo —los de la OCDE— evidenció el pasado martes cómo los alumnos españoles han perdido comprensión lectora, habilidades matemáticas y conocimientos científicos. La Comunidad de Madrid obtiene mejores resultados que el resto del país y escala puestos dentro de la OCDE, pero igualmente empeora su calificación respecto al año pasado. Y otros países desarrollados como Japón o Corea pinchan igualmente, por lo que hablamos de un problema global más allá de las leyes educativas de turno.

El director del Colegio Arzobispal pide fijarse «en las familias, la sociedad y cómo concebimos el ocio» para entender el descalabro. También en que «en las aulas encontramos cada vez más problemas de salud mental». «Desde la pandemia hay más chicos que no quieren venir al colegio, que tienen mucha ansiedad y cada vez hay más protocolos ante ideación suicida». El porqué, según Hermosel, es «que los adultos no terminamos de dotar de sentido a los chicos y no ven un horizonte claro de trabajo». Pide, por tanto, «impulsar un cambio en la manera de hacer las cosas», al tiempo que reconoce que «nosotros no podemos hacerlo todo».

Foto: Colegio Arzobispal.

Con tantos frentes abiertos, Hermosel considera prioritario centrarse en que «hay menos atención y menos lectura, también entre los padres». Por ejemplo, «cuando les mandamos correos, los tenemos que hacer cada vez más simples y subrayados». El matiz revela que, aunque esté justificada la corrección a los adolescentes al tener responsabilidad sobre su educación, los adultos también están perdiendo habilidades cognitivas a marchas forzadas. «En nuestro ocio hay cada vez más pantallas y el móvil tiene muchas implicaciones, nos han enganchado por ahí y tiene mucho que ver con la sociedad de consumo», diagnostica el director. «Le vamos a tener que pedir perdón a un par de generaciones por esto».

¿Qué puede hacer la educación católica para darle la vuelta a la tortilla? Por un lado, cuidar «la exigencia como un valor que intentamos inculcar en el sentido de “dar todo lo que pueda”». Al ser el arzobispal un colegio seminario, «la vocación tiene un sentido importante, vamos a decir que sí y no vamos a escatimar en esfuerzo». Esto no significa que todos sus alumnos acaben ordenándose, pero sí que conciban la vida como una misión.

Claves
  • España cosecha su peor resultado de los últimos 25 años en lectura, matemáticas y ciencias.
  • La falta de sentido de los adultos y las pocas perspectivas laborales torpedean la ya debilitada cultura del esfuerzo entre los más jóvenes.
  • La oración de la escuela católica, aparte de su valor pastoral, ayuda a regular a niños ansiosos e insomnes.
  • 4 Un modo de animar a la lectura es dedicar un departamento para recomendar libros e invitar a autores.
  • El confinamiento en edades claves para el desarrollo provoca en los adolescentes lagunas en sus competencias.
  • Los deberes, desaconsejados por la ley, son el entrenamiento perfecto para reconquistar la atención e implicar a las familias.

Y, aparte de «volver al libro y a escribir», una aportación distintiva que hacen en este centro es la llamada «siembra». Media hora de pastoral diaria «donde se trabaja mucho el silencio y el corazón», que aparte del innegable valor espiritual que aporta, «ayuda a los chicos a tener una atención mantenida, ordenarse y bajar sus revoluciones», pues muchos acuden al centro «después de haber dormido seis horas y jugar a un videojuego en el autobús, por lo que vienen de otro universo y hay que bajarlos a la tierra».

Animación lectora

Charo Illán es directora del departamento de idiomas de Nuestra Señora de las Delicias, un colegio diocesano en el distrito de Arganzuela. Desgrana cómo la pérdida de atención genera todo un efecto dominó porque los alumnos de hoy, «aunque te miren, no entienden y preguntan cosas que acabas de decir». «Cada vez se cansan más con las explicaciones largas y cometen errores fácilmente evitables», añade. Esto es clave porque se relaciona directamente con el peor desempeño matemático debido a la falta de comprensión de los enunciados de los problemas.

A esto se suma una pérdida de la figura de autoridad del profesor en la sociedad, a quien ya no se considera «la única fuente de información», pues los chicos «creen que cualquier conocimiento lo pueden obtener de internet y no te necesitan». En la asignatura de Inglés que imparte Illán, escucha de ellos a menudo que pueden aprenderla solamente «viendo series». Tienen una pequeña parte de razón, pero pierden de vista quién ha dosificado sus lecciones de manera progresiva para cimentar esas rentas de las que ahora viven. «Sin dar unas bases no se van a poder proyectar», advierte.

Foto: Nuestra Señora de las Delicias.

En Nuestra Señora de las Delicias cuentan con «un proyecto muy interesante que se llama Animación a la lectura y que llevamos desarrollando 23 años». Tiene implicado al centro completo, «todos los profesores hacemos formación en estrategias» para lograrlo y dispone de un departamento con maestros de Infantil, Primaria y Secundaria. Sus miembros «leen libros para todo tipo de edades y seleccionan cuáles son adecuados para nuestros chicos».

Con los niños es fácil, porque su lectura en voz alta es obligatoria durante el tiempo de clase. En cambio «los de Secundaria los cogen voluntariamente», por lo que conviene ser astutos para recordarle esta oferta «en los periodos de menos carga lectiva». Y todo esto se combina con visitas programadas «donde viene aquí un autor y les explica cómo se inspiró para contar la historia».

Vuelta a los deberes

Simón Cortina, coordinador del Equipo de Titularidad de los claretianos apunta a la LOMLOE, que no es causa única pero agrava el problema. «Hay un cuestionamiento de la cultura del esfuerzo desde 2006 con la LOE», considera. Del mismo modo, reconoce que «en las aulas hay diferentes procedencias del alumnado y es más difícil llegar a todos». Y apunta un dato crucial: «Los chavales que hicieron este examen en la primavera de 2025 tenían 9 años en la pandemia» y pasaron confinados una época de grandes aprendizajes, «periodo fundamental para el desarrollo de competencias».

Al igual que Nuestra Señora de las Delicias, pide «convertir la lectura en una prioridad estratégica» apelando a los padres. «Si en sus casas no lee nadie, a los chicos esto no les va a interpelar». Y reivindica que este cambio «no es cuestión del sistema educativo, sino social».

Foto: Claretianos.

Por último, Cortina llama a retomar una práctica que se ha abandonado. «La legislación establece que no debería haber deberes, pero fomentan la responsabilidad y el acompañamiento de las familias». Los considera el entrenamiento perfecto para «ser capaces de concentrarse en periodos largos» e insiste: «Al tema de las tareas habría que darle una vuelta».

PISA: hay termómetro y la fiebre es alta

Constatamos y nos llevamos las manos a la cabeza cuando el Informe PISA 2025 nos pone de manifiesto que en España hemos vuelto a obtener unos resultados poco halagüeños.

El termómetro está puesto y hemos detectado que la fiebre es alta. Casi siempre las causas de una enfermedad no se limitan a un único factor, porque siempre es multifactorial. Surge una preocupación y queremos darle una solución. Decimos que no hay recetas mágicas, pero seguro que hay elementos claros en los que podemos mejorar. En la Comunidad de Madrid, los resultados han sido más favorables, estoy convencido que está muy presente la cultura del esfuerzo, vinculado con un seguimiento del aprendizaje y una exigencia académica, defendiendo factores orientados a reforzar los contenidos instrumentales y la evaluación en competencias básicas. Madrid además cuenta con una amplia red de centros, entre los que se encuentra la amplia oferta de las escuelas católicas, abiertas al logro académico desde una cercanía y preocupación por el alumno y sus familias que genera una competencia positiva.

Hay factores que no siempre se ponen en la base de una buena formación académica y que sí repercuten positivamente en los resultados, como son el acompañamiento y el cuidado del desarrollo emocional, la madurez ética, la dimensión social y solidaria y la apertura a la trascendencia. Subrayando la importancia del trabajo en equipo. La fuerte unión entre familias, profesores y titulares de los centros incrementan el valor de la coherencia colegial, contribuyendo a la creación de un clima escolar más adecuado para el aprendizaje, teniendo muy en cuenta la tutoría y la atención personalizada, frente a una visión exclusivamente académica.

Con todo esto no se pretende rebajar exigencias, sino todo lo contrario, ayudar a la persona a que se sienta segura de su potencial, entendiendo la justicia como parte de un entramado que permita a cada uno desarrollar al máximo sus capacidades, recordando que ese esfuerzo pasa por dar más importancia a la memoria, a la atención, a la lectura, a la disciplina y autoridad del docente.

Los profesores están siendo los verdaderos protagonistas y artífices del éxito en Madrid. Han sabido conjugar con gran eficiencia la enseñanza tradicional con los retos de las nuevas líneas pedagógicas que en muchas ocasiones confunden esfuerzo con el miedo al fracaso.

Desde aquí me surge también otra pregunta en clave agustiniana. ¿Estamos formando alumnos que saben más y además son mejores personas? San Agustín recordaba que el conocimiento solo alcanza su plenitud cuando está orientado a la Verdad y al bien común. Desde esta perspectiva, unos buenos resultados en matemáticas, ciencias o lectura son importantes, pero han de integrarse en una educación que forme personas capaces de pensar críticamente, convivir y servir a dicha Verdad.

Miguel Ángel Fraile
Escuelas Católicas Madrid