«Hoy el rostro del trabajo es el de los trabajadores precarios» - Alfa y Omega

«Hoy el rostro del trabajo es el de los trabajadores precarios»

Los agentes de la pastoral obrera en España celebran sus jornadas anuales. Que haya trabajadores jóvenes en precario «es un problema no solo para ellos, sino también para la sociedad», dice el responsable del Departamento de Pastoral del Trabajo de la CEE

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto de recurso de un camarero llevando una bandeja
«Hay que pensar más en los trabajadores, sobre todo en los más precarios», dice Aranda. Foto: istockphoto.

Las XXXI Jornadas de Pastoral del Trabajo se celebran este fin de semana en El Escorial con la mirada puesta «en los trabajadores que peor lo están pasando», dice el director del Departamento de Pastoral del Trabajo de la CEE, Antonio Aranda.

—¿La Iglesia sigue teniendo voz en el mundo del trabajo, que es una pastoral clásica desde hace ya siglos?
—Sí, sin duda. Estamos presentes en los movimientos, en la labor de muchos militantes, y directamente en el diálogo con distintas organizaciones del mundo del trabajo, especialmente con los sindicatos. Aunque ha habido cambios y esta presencia a lo mejor no es tan fuerte como en otros momentos, sí que sigue existiendo esta implicación con la realidad del mundo del trabajo.

—¿Cómo es esta realidad hoy? ¿Quiénes son los principales destinatarios de la pastoral del trabajo, en un contexto de cambio y de cada vez más precarización de la dimensión laboral?
—Precisamente estos días nos vamos a situar en esta evolución y cambio que se están viviendo en el mundo del trabajo. Queremos partir de la realidad, de lo que están tocando las diócesis, y a partir de ahí plantearnos nuevas orientaciones y nuevas tareas. La realidad que tocan las diócesis es que el rostro ahora del mundo del trabajo lo componen trabajadores más precarizados; son personas que entran y salen de desempleo y que no acaban de tener contratos fijos. También estamos al tanto de la situación en la que viven los trabajadores migrantes, que quizás son los que más sufren esta precariedad.

Uno de los últimos encuentros de pastoral obrera en España.
Uno de los últimos encuentros de pastoral obrera en España. Foto: CEE.

—Los jóvenes de hoy tienen un 70 % menos de poder adquisitivo que la generación de sus padres. Esto hace imposible un proyecto vital en condiciones dignas…
—El informe Foessa nos habla de una situación muy compleja, con dos elementos. Por un lado, acceden a mucha formación que luego no ven reflejada en su trabajo, porque tienen que aceptar empleos muy por debajo de su capacitación, lo cual conlleva inevitablemente una frustración. Por otro lado, los que no tienen la mejor formación acceden a trabajos muy precarizados. Unos y otros sufren una frustración en su proyecto de vida, con dificultades muy reales. Tardan mucho tiempo en asentar su vida personal y su vida familiar. Y eso es un problema no solo para ellos, sino también para la sociedad.

—¿Quién tira la sartén por el mango para solucionar esta situación? ¿Las organizaciones sociales, las empresariales, la Administración? ¿Quién se tiene que poner las pilas para que, de verdad, la gente pueda vivir dignamente de su trabajo?
—La Iglesia está apostando, y creo que lo hace sabiamente, por el diálogo social. No es que el problema lo cree uno de estos actores, o que la solución venga de solo uno de ellos. Son los tres agentes —trabajadores, empresarios y políticos—quienes se tienen que sentar seriamente, abandonar intereses personales y pensar más en los trabajadores, sobre todo en los más precarios y que peor lo están pasando.