Hombres de 40 buscan, inútilmente, respuestas a su crisis de identidad - Alfa y Omega

El joven director murciano Mariano de Paco lleva a escena Hombres de 40, ligero texto pseudo cómico del muy galardonado dramaturgo madrileño, Eduardo Galán (La curva de la felicidad, Felices 30), que a pesar de que cuenta con un cuarteto de intérpretes de lujo —Roberto Álvarez, Diana Lázaro, Santiago Nogués y Francesc Galcerán—, la historia es tibia y está trufada de estereotipos y tópicos mundanos.

Según el autor, Hombres de 40 es una comedia nacida del corazón con la vista puesta en la sonrisa y en la risa más descarada del espectador… ¿Quién no se ha reído de sus propias neuras, de sus propios errores, de sus complejos y miedos, de sus fanfarronadas o de sus fobias? La risa es esencial para soportarnos a nosotros mismos.

Desde esa sana risa está escrita Hombres de 40 -continúa Eduardo Galán-, con la intención de llenar de ilusión vital a los espectadores, de contagiar la risa a los que sientan curiosidad por saber cómo es la crisis de los 40… Porque la verdadera crisis es la de la vida, la crisis de quienes deben plantearse el tiempo de permanencia en la vida… Amor, humor, sexo, fortaleza, ternura, generosidad, todo ello se funde en un espectáculo que persigue la risa, la sonrisa y la reflexión, concluye el dramaturgo.

Sin embargo, el espectáculo refleja muy parcialmente eso que con tanto interés Eduardo Galán ha denominado “risa”, si por ella entendemos lo simpático que nos parece que se fragüe la disputa económica de un antiguo gimnasio de barrio, en cuyo interior se desarrolla toda la acción -magnífica ambientación y escenografía, donde no falta ni un solo detalle: dos conjuntos de taquillas, dos sacos de boxeo, varias pesas, las lámparas setenteras y los retratos de algunos combatientes, y todo ello encuadrado y recreado con fidelidad absoluta de auténtico ring- a causa de una herencia en la que andan implicados, principalmente, dos de sus personajes, Carlos (Roberto Álvarez) y Eva (Diana Lázaro).

El primero necesita que la segunda le compre la parte correspondiente del local, la mitad, pero ella no está dispuesta a vender, porque para Eva el gimnasio representa lo que su padre ha sostenido durante tanto tiempo e interés y lo que le dio de comer. Carlos, por su parte, hijo del hermano del padre de Eva, justifica que necesita el dinero antes de que se deprecie aún más la zona madrileña, Legazpi, dado que quien quiera acudir a un gimnasio no va apuntarse a uno nada actualizado, y que ya está a la vista del Ayuntamiento, quien desea expropiarlo para hacer casas de pisos.

En torno a este conflicto, la «risa» no surte ningún efecto, eso sí, tras la aparición Nomi importanti dell’industria del gioco in Internet come William Hill e Starcasino vi offrono la possibilita di giocare a bingo in ogni momento sulle loro piattaforme. vibrante e histriónica del estrafalario Javier, que encarna al marido de Eva (Francesc Galcerán) y Santi, el hermano de Carlos (Santiago Nogués), que es cura, algo sobre interpretado, la historia, revestida de comedia, recupera el tempo dramático que la primera pareja no conseguía controlar.

Y no es que ninguno de los cuatro intérpretes no hayan dado todo de sí, porque lo han hecho sobradamente, sino que Hombres de 40 pincha porque da de sí lo que da de sí, y si el libreto propone actitudes típicas (enamoramiento forzado de chico-chica) o momentos donde la figura del cura queda anulada: «Dios, para qué existes, ¿sólo para darnos tormentos?», expresa Santi en tono de mofa al verse superado por los acontecimientos emocionales, y después deformada, pues pasa a rechazar la vocación y mostrarse como un desgarbado e inocente hombre de la calle, sin más ambición que sentirse torpemente enamorado de alguien que no le corresponde con la vista puesta sólo en el sexo, no podemos dar por creíble el argumento.

Entonces es cuando renace mayormente la «risa», cuando se ridiculizan situaciones sacadas de contexto, incluso cuando Eva da un masaje en una camilla a Santi, tras conocer que ella padece cáncer. Otra cosa es que la función quiera despejar dudas sobre las pulsiones y los deseos de los cuatro personajes, cortados por el patrón típico que sólo deja en buen lugar a la mujer, y en muy mal lugar a los otros tres varones. Esa simplificación genérica pone en duda la verosimilitud de la narración de Hombres de 40, que transcurre fenomenalmente en sus 90 minutos, aunque forzada la resolución del drama, en la que sólo los tópicos, las situaciones cáusticas y los anacronismos funcionan a partir de un planteamiento sobre la vida demasiado simple como para que haya espacio para la reflexión o la moraleja.

Por ello, resulta singular que la «risa» sea el motor en este culebrón familiar, en el que se aplauden las rupturas matrimoniales y se ridiculizan las relaciones padres-hijos, por ejemplo, sin justificación alguna. Y lo que es peor: la confirmación definitiva, según se desprende del espectáculo, de que Hombres de 40 sea el canon a seguir sobre las vivencias entre las personas que se manejen en torno a esas edades. Del mismo modo podemos añadir que el argumento, de propuesta pueril y nada original, podría haberse titulado Hombres de 30 ó de 50, o de 60, porque claramente al director y al autor se les ha visto el plumero.

A favor, hay que recordar que su cuarteto de intérpretes hace un muy buen trabajo actoral en líneas generales y que el director de escena, Mariano de Paco, ha sabido moverles inteligentemente por toda la escena, lo cual provoca una sensación perfecta de profundidad de campo que, a su vez, genera un problema visual, al haber incorporado en el interior de este perfecto gimnasio hasta 5 grandes columnas de madera al frente y en los laterales, que impiden la visualización completa de algunas escenas, con independencia de donde se ubique el espectador, sin que esos espacios compartimentados recojan alguna situación de contenido dramático específico, que hubiera sido una buena opción. El lúcido homenaje a Miguel Mihura y sus Tres sombreros de copa o la banda sonora de Rocky, con la que arranca la función, añaden algo de ternura a la historia, que en absoluto levanta un ápice las deficiencias antedichas. O dicho de otro modo: Hombres de 40 está ahí, pero no cobra vida, le falta alma, es como si hubiera nacido muerta.

Hombres de 40

★★★☆☆

Teatro:

Teatro Marquina

Dirección:

Calle Prim, 11

Metro:

Banco de España

ESPECTÁCULO FINALIZADO