Hemos visto un ángel - Alfa y Omega

Hemos visto un ángel

Jueves de la 26ª semana del tiempo ordinario. Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael / Juan 1, 47-51

Carlos Pérez Laporta
Jesús con Natanael. Obra de Jim Padgett. Foto: Sweet Publishing / FreeBibleimages.org.

Evangelio: Juan 1, 47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:

«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:

«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:

«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:

«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:

«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:

«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Comentario

Los ángeles son aquellas criaturas que «sirven a Dios». Son aquellos seres cuya naturaleza está definida de manera total por su servicio: existir para ellos es idéntico a servir a Dios. Los arcángeles son los que lo hacen de manera más cercana, porque contemplan el rostro de Dios. Pero, ¿eso qué tiene que ver con nosotros? ¿Por qué deberíamos celebrar su privilegio? Jesús nos dice que Dios ha querido que le sirvan ante nuestros ojos: «Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre». Pero, ¿quién de nosotros ha visto alguna vez un ángel? ¿A qué se refiere Jesús?

Hemos visto un ángel cada vez que nos hemos sabido vistos por Jesús, en cada momento que su mirada nos ha reconfortado; somos asistidos por la compañía de los arcángeles cada vez que hemos reconocido su rostro misericordioso sobre nosotros. Eso mismo es lo que le sucede a Natanael cuando descubre en su encuentro con Jesús el rostro del Misterio: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». No se puede ver el rostro de Dios sino en presencia de los ángeles, pues ellos están frente a Dios. Ellos, invisibles a nuestros ojos, abren nuestra mirada a lo invisible. Vemos a los arcángeles cuando vemos al que es invisible a los ojos. Los arcángeles, con su presencia, nos sitúan ante la presencia de Dios.