Hay que humanizar la política migratoria - Alfa y Omega

Hay que humanizar la política migratoria

Tiene sentido luchar contra las mafias, pero no parece oportuno lavarse las manos y externalizar el control de las fronteras

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El pasado viernes, 24 de junio, casi 40 personas murieron en el lado marroquí de la valla de Melilla al intentar entrar en España y hubo heridos a ambos lados. Aunque en días posteriores sí lamentó «la pérdida de vidas humanas», en un primer momento el presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, puso el foco en el «extraordinario trabajo» de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Llegó a decir que «el asalto violento» había sido «bien resuelto» por Marruecos, en unas declaraciones que pronto circularon por redes sociales mezcladas con imágenes del duro y execrable trato dado a los migrantes.

Es cierto que España es un Estado soberano, que tiene derecho a proteger sus fronteras y a regular los flujos migratorios. Pero también lo es que se han de respetar siempre los derechos humanos, con actuaciones proporcionadas, y que hay que garantizar la asistencia sanitaria y velar de manera especial por los posibles solicitantes de protección internacional. Tiene sentido intentar luchar contra las mafias –a las que también aludió el presidente– que se aprovechan de la angustia de quienes huyen del hambre y de la guerra, mas no parece oportuno criminalizar a estas personas, lavarse las manos y externalizar el control de las fronteras. Como ha pedido la Subcomisión para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal, ahora hay que esclarecer los hechos y tomar «las medidas oportunas» para que no se vuelvan a repetir.

Sin caer en el trazo grueso, toca redoblar esfuerzos en origen para que la gente no tenga que abandonar sus hogares y, en foros como la Cumbre de la OTAN en Madrid, hay que pedir a Europa y a nuestros aliados que también miren al sur. Además, se deben potenciar vías seguras y legales de migración, con más recursos para la acogida y para la atención a los solicitantes de asilo y de refugio. Se trata, en expresión de los obispos, de «humanizar» la política migratoria.

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