«Hay más alegría en dar que en recibir»

«Nos han acogido, no digo bien, sino increíblemente bien. Es emocionante ver la hospitalidad de los pobres», relata monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, en sus primeras impresiones desde Brasil. Los comentarios son generalizados entre los peregrinos

Juan Ignacio Merino
Peregrinos en la playa de Ipanema son recibidos por los jóvenes cariocas

«Nos han acogido, no digo bien, sino increíblemente bien. Es emocionante ver la hospitalidad de los pobres», relata monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, en sus primeras impresiones desde Brasil. Los comentarios son generalizados entre los peregrinos

Monseñor Munilla escribía emocionado, desde la diócesis de Campo Olimpo, en la periferia de Sao Paulo, sobre la acogida a los peregrinos. Pero sus comentarios no son, ni mucho menos, aislados. En Curitiba, una ciudad del Estado de Paraná al sur de Brasil, cientos de voluntarios han preparado durante muchos meses la llegada de más de 1.500 peregrinos. Los han acogido con todo lujo de detalles, y con una alegría desbordante. En la parroquia de Santa Isabel, casi un centenar de familias han ofrecido sus casas, su trabajo y su servicio a 56 peregrinos españoles y 50 italianos. Los primeros en llegar fueron los españoles, de la madrileña parroquia de Santa Catalina de Siena y de otras parroquias de la diócesis de Alcalá de Henares. Al final del día, tras participar en los actos organizados durante la Semana Misionera, se formaban impresionantes veladas, con cena incluida, donde brasileños y españoles subían al escenario para cantar las canciones más populares de sus respectivos países.

«Ha sido una experiencia impresionante», dice Paloma Gutiérrez, una joven madrileña de 17 años. Una de las anécdotas que más le impactó ocurrió durante una visita al Museo de Arte Contemporáneo. Mientras varios peregrinos se tomaban un café en la cafetería del museo, la dueña del local se dirigió al sacerdote que acompañaba a los peregrinos y le pidió que bendijera el local. El sacerdote, don Álex Hernández, realizó el rito en español, y con cantos derramó el agua bendita sobre los trabajadores y sobre el local. Algunos clientes increparon a la dueña, molestos por la bendición, pero ella respondió que era más importante la bendición recibida que perder un cliente.

Ya no quedan peregrinos en Curitiba. La ciudad se ha vaciado de jóvenes, también porque muchos de los jóvenes de allí son ahora peregrinos en Río. Pero estos días previos han dejado un gran impacto en la población.

Dan lo poco que tienen

Simone y Vinicius, con los seminaristas acogidos

Simone Aparecida es una mujer viuda que, junto a su hijo Vinicius, ha acogido en su humilde casa a seis seminaristas del Seminario Redemptoris Mater de Madrid, sin ahorrar nada para proporcionar todas las comodidades posibles a sus huéspedes. «Lo hemos hecho con todo el corazón -dice la mujer-. Para mí ha sido una experiencia gratificante conocer a personas nuevas de otros países. Parecíamos una verdadera familia en la comida del otro día», asegura Simone, refiriéndose al almuerzo que ofrecieron los parroquianos de Santa Isabel a los 56 peregrinos y para la que ella misma cocinó.

«Hay más alegría en dar que en recibir», subraya. «Hemos dado lo poco que tenemos, pero lo hemos dado de corazón, y hemos recibido una experiencia gratificante». Para su hijo Vinicius también ha sido una experiencia magnífica y enriquecedora para su formación, ya que es seminarista menor del Seminario Diocesano de Curitiba. Vinicius, además de dejar su dormitorio para que otros duerman y ayudar a su madre, ha colaborado con el Seminario, sirviendo comidas para más de 400 peregrinos argentinos.

Juan Ignacio Merino. Enviado especial

[w8_toggle margin_bottom=»10px» title=»«Nos quieren como a su familia de sangre»»]

La acogida en familias es uno de los tesoros de la JMJ. A Antonio, un seminarista de Lugo, le llamó especialmente la atención que, «desde el primer día, sin conocernos de nada, los fieles de la parroquia de Nuestra Señora de los Placeres, de Sao Paulo, nos abrieron las puertas de sus casas, y nos llamaron filhos, hijos. Nos quieren realmente como si fuéramos su familia de sangre».

Everton, uno de los padres de acogida, subraya que se ofreció porque «es muy bueno conocer a los hermanos de otros países». Su filha, Alba, de Madrid, explica que el alojamiento en familias es una de las mejores formas de cumplir uno de los objetivos de la JMJ: conocer cómo es la Iglesia en el país que acoge la Jornada.

Esta visita de los peregrinos es irrepetible para todos los brasileños que acogen, pero, para algunos, es aún más especial. Es el caso de Manolo, que lleva 58 años viviendo en Sao Paulo, lejos de su Pontevedra natal, y que se emocionó cuando 20 jóvenes peregrinos españoles llegaron hasta su parroquia: «Ayer vinieron unos sacerdotes y me llamaron para hablar en gallego; venían con una bandera de Galicia, y me emocioné mucho. Llevo aquí muchos años, toda mi familia es brasileña, y amo Brasil. Pero España…»

María Martínez. Enviada especial

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