J. C. El sueño de Dios, recién publicado en la editorial Homo Legens, ha sido el proyecto que más le ha exigido y el más arriesgado de los que ha emprendido Miguel Aranguren. Novelar la vida oculta de Jesús, de la que no se conoce apenas nada, no era sencillo, y le ha llevado al escritor siete años de trabajo. Pero si la Sagrada Familia se desenvuelve con naturalidad en las 577 páginas de la obra es en gran medida gracias al «mucho trabajo de documentación, de lectura, de consultar mapas, fotografías…», asegura Aranguren. Esto «me ha permitido situar a los personajes en su contexto y que rezumaran la vida oculta que no nos cuenta el Evangelio». Sin embargo, la Sagrada Escritura «ha sido fundamental en todo el proceso y me ha permitido no caer en el ámbito de la fantasía o de una interpretación demasiado personal». Con todo, la obra se trata de una novela. «Yo no soy teólogo, ni escriturista y no tengo ninguna autoridad, ni pretendo tenerla. No me quiero arrogar ninguna voz cuando hablamos de los orígenes y la fundamentación de una fe. Es una visión concreta de un escritor». De esta forma, C. El sueño de Dios «está escrita desde el foco de un narrador omnisciente» y «habla de mi Jesús. Aquí el posesivo es importante».

El germen de la novela se encuentra en 2011 tras la visita del autor a un centro de formación profesional de adolescentes. «El capellán me decía que, a pesar del paganismo generalizado, hay un hambre enorme de Dios, y que lo que le hacía falta a la juventud era una novela que hablara de Jesús. Poco después fue la JMJ de 2011 con Benedicto XVI y esto me hizo ver que en efecto era así. No había ninguna razón explicable para que en el mes de agosto, con el calor que hace en Madrid y los pocos alicientes que puede haber, medio millón de jóvenes de todo el mundo viniesen a ver a un anciano». Fue el empujón final para que Aranguren se embarcara en la que es su duodécima novela. «Después, me desvinculé un poquito de lo que podría llegar a ser una novela juvenil. Dejé que fuera el libro el que me fuera pidiendo el tipo de lenguaje y el contenido».

Al final el libro, dirigido a todo tipo de lectores –católicos o no– es el resultado de «preguntarme cómo podía comunicar a tantísima gente alejada de Dios, o para la que Dios no ocupa un lugar importante en su vida, un mensaje y una vivencia que ha cambiado la existencia de millones de personas».

José Calderero de Aldecoa @jcalderero