«Haced lo que Él os diga»

¿Qué tiene que decirles san Juan de Ávila, Patrono de los sacerdotes de España, a los miles de chicos y chicas que se van a reunir junto al Papa, en unos días, en Madrid? El padre Diego Muñoz lo resume…

Colaborador

¿Qué tiene que decirles san Juan de Ávila, Patrono de los sacerdotes de España, a los miles de chicos y chicas que se van a reunir junto al Papa, en unos días, en Madrid? El padre Diego Muñoz lo resume en forma de 10 preguntas con respuesta

Maestro Ávila, hoy no te rodean los sacerdotes de tu Escuela Sacerdotal, sino chicos y chicas de los cinco continentes, que tienen cierta idea de que pronto Benedicto XVI te proclamará Doctor de la Iglesia universal. Y los jóvenes te preguntamos y escuchamos: Maestro Juan, ¿eres de Ávila? Dinos algo de tu vida.

Ávila es mi apellido. Después de unos 25 años de misiones populares, me retiré a Montilla (Córdoba), donde pasé unos quince años. Antes de morir, dije que me enterrasen en el colegio de los padres de la Compañía de Jesús. Envié al Concilio de Trento unos Memoriales para que se hicieran Seminarios donde se formasen santos y sabios sacerdotes. Antes de morir, entregué a la Compañía de Jesús trece colegios, que fundé para la formación de los jóvenes. Y a san Ignacio le dije que, en sus colegios, admitiese no sólo a los que iban a ser jesuitas, sino también a otros jóvenes para que recibieran una buena formación. Y también fundé una universidad en Baeza (Jaén). Ahora os veo reunidos en Madrid, y me entran unas ganas de deciros algo provechoso.

No tarde, Maestro Ávila, que somos esponjas para empaparnos de todo lo que nos diga.

Ésta es la primera letra del ABC: que quien quisiere seguir a Cristo, se niegue a sí mismo. Cuando vuestra voluntad estuviere tal que en todo quiera lo que quiere Dios, y no lo que vos, entonces os irá bien.

Todos queremos ser buenas personas, ¿cuál es la buena señal de serlo?

El que tuviere los males ajenos por suyos, a semejanza de madre, que está más enferma y llorosa con la enfermedad de su hijo que el mismo hijo que padece el mal.

¿Se ha hartado Dios de nosotros?

Antes faltará agua en el mar y luz en el sol, que misericordia en su Corazón para el corazón quebrantado y confiado.

¿Por qué no evita Dios todos los males?

Si alzáis los ojos a Dios, veréis la luz de Su doctrina, que nos enseña que por mano de los malos limpia Dios a los suyos, y que todo lo ordena Él para provecho de quien le ama.

¿Cuál es la seña de tener a Dios?

Quien a Dios tiene, en la humildad se conoce. Como el grano de peso a lo hondo se va, el vano nada al alto del agua. No creáis haber santidad sin humildad.

¿Cómo se mueven las manos de la Santísima Virgen en bien de todos?

María está encargada por Dios para socorro de atribulados. Y se ocupa en tener las manos hacia arriba, para recibir mercedes de Dios, y luego volverlas hacia abajo, para darnos lo que ha recibido.

¿Conviene tener a Dios en la memoria para hacer las grandes obras que queremos hacer los jóvenes?

Los que quieren hacer obras agradables a Dios y no curan de tener oración, con una sola mano nadan, con una sola mano pelean y con sólo un pie andan. En perdiendo a Dios de su memoria, le pesa cada pie un quintal para entender en cosas de Dios.

Por los jóvenes de la JMJ que quieran ser sacerdotes, ¿nos puede decir algo de lo que es un sacerdote?

Esto es ser sacerdotes: que tengan experiencia de que Dios oye sus oraciones y les da lo que piden, que tengan virtudes que pongan en admiración a los que los vieren, y si pudiera ser, mejor que los ángeles, pues tienen oficio más alto que ellos.

Maestro Juan de Ávila, los jóvenes, chicos y chicas de la JMJ Madrid 2011, deseamos tus palabras finales de esta Escuela Juvenil.

Mi último consejo es el mismo de la Madre de Jesús: «Haced lo que Él os diga». Así, así se torna la tristeza en alegría, el agua en vino, haciendo lo que el Señor nos manda. Hoy, Jesús os dice: «Si vienes tras mí, ven sin ti. No pienses en ti, haz cuenta que no eres». Y para seguir a Jesucristo firmes en la fe, no seáis como aquel «mal galgo que siguió a la liebre por llano y, porque se le entró por las espinas, deja la liebre y vuélvese sin ella».

Diego Muñoz, SJ