Silos. Mayo de 2020. Quizá te sorprendas, pero quiero darte las gracias. Gracias por seguir caminando en medio de tanta oscuridad. Gracias por esperar el amanecer. Gracias por tus lágrimas que hacen caminos surcando tu rostro y que tanto te enseñan. Por tu sonrisa que hace brotar la vida en medio del desierto, que devuelve la esperanza, tan necesaria estos días. Gracias por seguir soñando para que los demás sueñen. Gracias por compartir tus silencios y llenarlos de palabras. Gracias por sostener a los que están cerca y acompañar a los que están lejos. Con una palabra. Con tu voz. Con Su voz.

Gracias por escuchar a los que lo han necesitado. Y a los que todavía lo necesitan. Por tu paciencia en conversaciones que no tienen fin. Gracias por cargar con el peso de la cruz de muchos. Por evitar que caigan. Por compartir su miedo. Por abrazar su dolor. Gracias por no cansarte. Gracias por no quejarte aunque tengas motivos. Por permanecer en pie, aunque sientas que no hay terreno firme bajo tus pies.

Gracias por cada gesto de generosidad. Gracias por tus mensajes tan esperanzadores. Gracias por querer hacer un poco más felices a los demás. Gracias por esos pequeños sacrificios por amor. Gracias por tus aplausos. Los de fuera. Y los del corazón. Esos que nadie ha escuchado, pero que todos hemos sentido. Gracias por ser prudente, porque estás ayudando a salvar vidas.

Gracias por gritarle a Dios cada día, a pesar de tus nudos en la garganta. Gracias por abrir ventanas al cielo con cada oración. Gracias por no olvidarte de tantos que sufren. Por decir su nombre en voz alta para que Dios lo escuche. Gracias por agarrarte de Su mano, porque así has agarrado a todos. Gracias por hacer de tu casa una Iglesia doméstica. Gracias por ser púlpito de Jesucristo. Gracias por ser misionero aunque tu vida se reduzca a unos pocos metros cuadrados. Gracias por seguir buscándole para que otros lo encuentren. Gracias por tu vida oculta que señala el camino al buen Dios. Gracias porque, en esta desescalada que comenzamos, sigues enseñándome cómo escalar hacia el cielo.

Fray Ángel Abarca Alonso, OSB
Monje benedictino. Monasterio de Santo Domingo de Silos