Ángeles de carne y cielo - Alfa y Omega

Silos. Julio de 2020. Acabo de hablar con un amigo. Me gusta escucharle. Aprendo. Crezco. Sus palabras me hacen recordar el Evangelio. Su vida es una ventana al cielo. Mientras le escucho pienso que hay cosas en nuestra vida que, de alguna forma, son reflejo de Dios. Quizá no seamos conscientes de ello, pero es así. Hay personas, sonrisas, miradas, abrazos, gestos, formas de ser, de estar y de querer, que nos hablan de Dios y nos llevan a Él.

Me alegro de tener gente cercana. Personas que un día aparecieron en mi vida para quedarse. Personas con las que recorro senderos. Con las que camino hacia Dios. Personas en las que el corazón se ensancha y sabe que ha llegado a buen puerto. Personas que tocan mis heridas y no solo las observan desde fuera. Que las hacen suyas. Que sangran conmigo para hacerme ver que mi dolor es también el suyo, porque el dolor compartido es menos dolor. Personas que encienden en mí la esperanza. Que abren caminos en mi corazón. Que lo inundan de luz. Personas que me devuelven el aroma de lo eterno. Que acarician mi alma. Y me hacen sentir la caricia de Dios. Personas que sacrifican vida, tiempo y descanso para hacerme experimentar la grandeza y el calor de un abrazo. Personas que forman parte de mi vida, no como un apunte más en una agenda, sino como una historia compartida. Personas que llevan el cielo dibujado en el alma. Cuando hablan. Cuando callan. Cuando sirven. Cuando aman. Corazones en los que echo raíces. Vidas en las que reconozco el rostro de Dios.

Soy quien soy por tantos nombres como llenan mi vida, a los que estoy unido por vínculos que permanecen para siempre. Vínculos eternos tejidos por Dios en el cielo. Soy quien soy gracias a ellos, con quienes configuro mi presente, con quienes me siento seguro y frágil, pequeño y grande. De todo un poco. Da igual. Personas que me abren nuevos horizontes, que me anclan en la tierra pero que son un trampolín al paraíso. Personas a las que quiero en lo más humano de mis entrañas. Personas que Él me ha dado. Ángeles de carne y cielo. A todos ellos: gracias. Hoy y siempre.

Fray Ángel Abarca Alonso, OSB
Monje benedictino. Monasterio de Santo Domingo de Silos