Golpe mortal de Moscú al sínodo panortodoxo

La ausencia de la Iglesia ortodoxa con más fieles deslucirá el sínodo panortodoxo previsto del 18 al 27 de junio en Creta. Moscú se alinea con los patriarcados que recelan del ecumenismo

María Martínez López
Kiril, patriarca de Moscú. Foto: CNS

La ausencia de la Iglesia ortodoxa con más fieles deslucirá el sínodo panortodoxo previsto del 18 al 27 de junio en Creta. Moscú se alinea con los patriarcados que recelan del ecumenismo

La decisión del Patriarcado de Moscú de no acudir al sínodo panortodoxo de Creta, el primer encuentro de todas las Iglesias ortodoxas en más de mil años, cayó como un jarro de agua fría sobre las esperanzas de que esta cita diera un impulso histórico a la ortodoxia. Moscú hizo suyas el lunes las reivindicaciones de las Iglesias ortodoxas de Antioquía, Georgia y Bulgaria, que en los días anteriores habían suspendido su participación en la reunión prevista del 18 al 27 de junio si esta no incluía sus reivindicaciones.

Esta decisión, por parte de la Iglesia que reúne a la mitad de los ortodoxos del mundo, fue un golpe mortal para la relevancia histórica del encuentro.

El martes, al cierre de esta edición, la estadounidense Helen Osman, responsable de comunicación de la Secretaría del Sínodo –dependiente del Patriarcado ecuménico de Constantinopla– aseguró a este semanario que a pesar de todo «la reunión se va a celebrar», siguiendo los procedimientos acordados por las 14 Iglesias ortodoxas autocéfalas en enero. «Todavía esperamos que vengan las delegaciones» rusa, georgiana, búlgara y antioquena, añadió.

50 años de carrera de obstáculos

Durante más de 50 años, las complejas relaciones entre las distintas Iglesias ortodoxas han convertido la preparación del sínodo panortodoxo en una continua carrera de obstáculos. Estos han seguido apareciendo incluso después de que los patriarcas ortodoxos, reunidos en Suiza a finales de enero, pusieran fecha al encuentro de Creta y aprobaran los documentos previos que se iban a tratar, sobre cuestiones clave como el ecumenismo o la relación con el mundo contemporáneo. Para ello, aplazaron sine die las cuestiones más polémicas, como la unificación del calendario o la autonomía de la Iglesia ucraniana, inaceptable para Moscú.

Bartolomé, patriarca ecuménico de Constantinopla. Foto: CNS

Este frágil consenso se ha resquebrajado desde entonces por las críticas de grupos de presión dentro de las distintas Iglesias –especialmente fuertes en Bulgaria y Georgia–, que denunciaban que en el documento relativo al ecumenismo se calificara de «Iglesias» a las comunidades católica y protestantes, que ellos califican de «heréticas». Fomentar el diálogo con ellas –añadían– amenazaba la «pureza de la ortodoxia».

Finalmente la presión de estos grupos y la negativa de Constantinopla a cambiar lo acordado desencadenaron la decisión de los patriarcados de Bulgaria y Georgia de no acudir al sínodo. Los motivos del Patriarcado de Antioquía, que no apoyó varias de las decisiones tomadas en enero, son distintos: exige que antes se solucione su conflicto con el de Jerusalén por la jurisdicción sobre Qatar. Moscú, sin entrar en el contenido de las críticas, defiende que las decisiones del sínodo se han de tomar por consenso de todas las Iglesias, por lo que es imposible celebrarlo si alguna delegación está ausente. Por ello, después de intentar forzar a Constantinopla, sin éxito, para convocar un encuentro previo de urgencia, planteó su ultimátum: o el sínodo se retrasaba, o no acudirían.

Se alejaba así la «oportunidad de comenzar una nueva fase de testimonio ortodoxo». Así describían la situación, unas horas antes, mil intelectuales ortodoxos, que pedían que la reunión se celebrara y no veían «dificultades insuperables» para ello. Reconocían que algunos de los recelos tienen «legitimidad», pero respondían que «el mejor lugar para solucionarlos» es el propio sínodo; si bien «nadie puede esperar» que este «resuelva todas las cuestiones importantes y cure todas las disputas jurisdiccionales».

María Martínez López