Fundación Pablo VI: «Cada suicidio es una tragedia»

El coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI, José Ramón Amor Pan, asegura que «la prevención del suicidio no se ha abordado apropiadamente»

Redacción

El suicidio es una realidad que afecta a más de 3.600 personas en nuestro país al año. «Como sociedad deberíamos sentirnos profundamente interpelados» por estos datos, pero la realidad es que la prevención de esta conducta, asegura el coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI, José Ramón Amor Pan, «no se ha abordado apropiadamente debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal».

Sin embargo, «cada suicidio es una tragedia» y su «prevención» es «un imperativo global», escribe Amor Pan en un texto titulado Reflexiones en torno al suicidio en tiempos del COVID-19 y publicado, este jueves, en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

Más riesgo para la salud mental

La intervención en este problema es más necesario hoy que nunca debido a la situación actual de pandemia y a todos los cambios sociales que esta ha traído: las medidas de cuarentena, el distanciamiento físico, el aislamiento hospitalario, la muerte de seres queridos, el cierra de los centros educativos… Todos ellos «representan factores de riesgo para la salud mental en el actual contexto de COVID-19» y se suman al estrés, nihilismo o individualismo que ya experimentaban muchos ciudadanos y que «estaban generando una profunda insatisfacción existencial y mucha patología mental en nuestras sociedades».

Ante esta realidad, «los servicios de salud mental son parte esencial en todas las respuestas de lo gobiernos a la COVID-19». Esto requiere «aumentar sustancialmente las inversiones», asegura el coordinador al mismo tiempo que subraya que «atender esta reclamación es un imperativo ético de primer orden».

Atención primaria y enfoque multisectorial

En este sentido, José Ramón Pan señala la Atención Primaria como «el ámbito asistencial más idóneo para el manejo de los problemas de salud mental más comunes» y aboga por que el médico de familia juegue «un papel protagonista tanto en el diagnóstico y abordaje de la depresión como en la prevención del suicidio».

Asimismo, afirma que «la prevención eficaz del suicidio exige un enfoque multisectorial, con actuaciones que incidan sobre los pacientes, sobre la familia, la comunidad y los profesionales de la salud».

Debate sobre la Eutanasia

En su reflexión, Amor Pan también aborda la cuestión de la eutanasia y del suicidio médicamente asistido. Precisamente, este jueves se debate en el Congreso de los Diputados la ley de la eutanasia. Para el coordinador, «admitir la eutanasia y el suicidio médicamente asistido mientras no hay cuidados paliativos y servicios de salud mental para todo aquel que lo requiera no solo es un sinsentido, es una inmoralidad que solo se sustenta en una operación ideológica».

Me parece tremendo, continúa el coordinador, «que a pesar de los dramáticos acontecimientos vividos en estos últimos meses en los hospitales y en las residencias de ancianos, esta iniciativa legislativa siga su tramitación en el Parlamento español».

¿La eutanasia y el suicidio asistido son el humanismo que todos necesitamos, el horizonte de sentido que debemos ofrecer a quien, ante todo y, sobre todo, precisa apoyo emocional, compañía y control adecuado de los síntomas?, se pregunta al final del documento.

Asunto grave

El del suicidio y su prevención «es un asunto grave que merece mayor atención, sobre todo en las actuales circunstancias pues nos podemos ver más pronto que tarde abocados a un incremento del número de suicidios sin igual en la historia», concluye el coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI.