Frente al pesebre «descubrimos lo importante que es encontrar momentos de oración» - Alfa y Omega

Frente al pesebre «descubrimos lo importante que es encontrar momentos de oración»

El Papa Francisco se dirigió por segunda vez, tras la visita privada que realizó en 2016, al santuario franciscano de Greccio, para recogerse frente al fresco medieval que conmemora la primera representación de la Natividad. Esta vez, además, el Santo Padre presentó y firmó la carta apostólica Admirabile signum, sobre el significado y el valor del pesebre

Redacción

El Papa Francisco se dirigió por segunda vez, tras la visita privada que realizó en 2016, al santuario franciscano de Greccio, para recogerse frente al fresco medieval que conmemora la primera representación de la Natividad. Esta vez, además, el Santo Padre presentó y firmó la carta apostólica Admirabile signum, sobre el significado y el valor del pesebre

Un primer domingo de Adviento con gran actividad pública para el Obispo de Roma, que comenzó celebrando, por la mañana, la Santa Misa por la paz para los congoleños residentes en Italia. A mediodía mantuvo su tradicional cita con los fieles y peregrinos de numerosos países congregados en la plaza de San Pedro, momento en el que rezó por Irak. El Papa manifestó que sigue con preocupación la situación en este país, donde tras las últimas protestas se cuentan diversas víctimas. Finalmente, por la tarde, visitó el santuario del Pesebre en Greccio. Aquí Francisco rezó en el lugar del primer belén que hizo San Francisco de Asís y firmó y presentó a todo el pueblo creyente una carta apostólica que permite comprender el significado del pesebre.

En la gruta del santuario franciscano de Greccio, el Papa colocó en el altar una estatua tallada en madera del Niño Dios y procedió a firmar su carta apostólica. A continuación saludó a los franciscanos y a las religiosas de esta comunidad: «Testimoniad el amor de Jesús en la pobreza y en la humildad».

Durante la celebración, el Papa aseguró que «en este signo, sencillo y maravilloso del pesebre, que la piedad popular ha acogido y transmitido de generación en generación, se manifiesta el gran misterio de nuestra fe: Dios nos ama hasta el punto de compartir nuestra humanidad y nuestra vida». También afirmó que Él «nunca nos deja solos», sino que «nos acompaña con su presencia escondida, pero no invisible». Y lo hace «en toda circunstancia, tanto en la alegría como en el dolor».

«Como los pastores de Belén, aceptemos la invitación a ir a la gruta, para ver y reconocer el signo que Dios nos ha dado», aseguró.  «¡Cuántos pensamientos se amontonan en la mente en este lugar santo! Y sin embargo, ante la roca de estos montes tan queridos por san Francisco, lo que estamos llamados es, ante todo, a redescubrir la sencillez».

Frente al pesebre «descubrimos lo importante que es para nuestra vida, a menudo frenética, encontrar momentos de silencio y oración». El silencio, aseguró el Papa, «para contemplar la belleza del rostro del Niño Jesús, el Hijo de Dios nacido en la pobreza de un establo. La oración, para expresar el gracias maravillado por este inmenso regalo de amor que nos es dado», aseguró.

Alfa y Omega/Vatican News