Francisco pide rezar por los gobernantes en vez de insultarlos

En la primera Misa concelebrada con los cardenales después del confinamiento, el Papa ha invitado a sustituir los insultos y las quejas contra los políticos por «una profecía verdadera», hecha de «testimonios de que el Evangelio es posible»

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Foto: EFE/EPA/Angelo Carconi

En la primera Misa concelebrada con los cardenales después del confinamiento, el Papa ha invitado a sustituir los insultos y las quejas contra los políticos por «una profecía verdadera», hecha de «testimonios de que el Evangelio es posible»

El Papa Francisco ha exhortado este lunes a los cristianos a rezar por los gobernantes, incluso si no nos gustan o no piensan igual que nosotros, durante la homilía en la Misa por la festividad de san Pedro y san Pablo. Ha sido la primera Eucaristía concelebrada con los cardenales desde el período de cierre debido a la pandemia del coronavirus.

«San Pablo exhortó a los cristianos a orar por todos y, en primer lugar, por los que gobiernan. Es una tarea que el Señor nos confía. ¿Lo estamos haciendo? ¿O hablamos, insultamos y eso es suficiente? Dios espera que cuando oremos también recordemos a aquellos que no piensan como nosotros, a los que nos han dado con la puerta en las narices, a los que nos cuesta perdonar», expresó Francisco en la basílica de San Pedro.

Con aire de decepción, ha lamentado que «estamos tan acostumbrados a insultar a los responsables…». Una actitud que contrasta con los primeros cristianos, que «en situaciones dramáticas» como las persecuciones «no se quejaban». En vez de culpar a los demás, «oraban. ¿Qué pasaría si rezáramos más y murmuráramos menos?», se ha preguntado.

Quejas no, «necesitamos la profecía»

«Es inútil e incluso molesto que los cristianos pierdan el tiempo quejándose del mundo, de la sociedad, de lo que está mal. Las quejas no cambian nada», ha recordado el Santo Padre.

En cambio, hoy sí «necesitamos la profecía, una profecía verdadera: no de discursos vacíos que prometen lo imposible, sino de testimonios de que el Evangelio es posible». No necesariamente mediante «manifestaciones milagrosas», sino con vidas que «manifiesten el milagro del amor de Dios; no el poder, sino la coherencia… No necesitamos ser ricos, sino amar a los pobres». En este sentido, ha recordado la entrega de los apóstoles Pedro y Pablo.

En esta celebración, el Pontífice ha bendecido también, como es costumbre, los palios que se impondrán a los arzobispos nombrados en todo el mundo durante el próximo año. Según la tradición, han sido elaborados con la lana de dos corderos, bendecidos en la festividad de santa Inés, el 21 de enero.

EFE / Alfa y Omega