Francisco, ante 90.000 jóvenes: «Si no nos oponemos al mal, lo alimentamos»

«Cada uno es culpable del bien que podía hacer y no hizo», ha afirmado el Papa este domingo en su segundo encuentro con los jóvenes italianos, que han peregrinado a Roma como preparación para el Sínodo de los Obispos sobre la pastoral juvenil

Juan Vicente Boo
Foto: Vatican News

«Cada uno es culpable del bien que podía hacer y no hizo», ha afirmado el Papa este domingo en su segundo encuentro con los jóvenes italianos, que han peregrinado a Roma como preparación para el Sínodo de los Obispos sobre la pastoral juvenil

Al término de un segundo encuentro inolvidable con 90.000 jóvenes italianos, el Papa Francisco les ha dicho el domingo en la Plaza de San Pedro que «para ser un buen cristiano, no basta con no hacer el mal o con estimar el bien: es necesario hacer el bien». Era un programa de vida, personal y social.

El entusiasmo derrochado el sábado al atardecer en el Circo Máximo por los 70.000 peregrinos llegados de toda Italia desbordaba el domingo a mediodía en la plaza mayor de la cristiandad a pesar del sol y del calor. Francisco ha saludado de cerca a casi todos recorriendo la plaza en papamóvil por todos los corredores e incluso parte de Vía de la Conciliación.

La plaza de San Pedro se había quedado pequeña para la capacidad de convocatoria del Papa incluso a mitad del tórrido agosto, pues estaban presentes un total de noventa mil personas con la presencia de chicos y chicas de Roma. Era una especie de Jornada Mundial de la Juventud a nivel nacional.

De hecho, el encuentro de dos días en Roma era preparatorio del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes el próximo mes de octubre, pero también de la JMJ de Panamá en enero de 2019, a donde llevaran los dos regalos que el Santo Padre ha bendecido ante ellos: una copia del crucifijo de la Iglesia de San Damián en Asís -el que habló a Francisco- y otra de la imagen de la Virgen del santuario de Loreto, donde se conserva la Casa de Nazaret.

Agradecimiento a los agentes de pastoral

Así como el sábado había invitado a los jóvenes a no tener miedo al amor y a no dejar que les roben sus sueños, el Papa les exhortó el domingo a hacerse ya responsables de la situación del mundo siguiendo el programa que San Pablo proponía en una carta a los cristianos de Éfeso: renunciar al mal, y hacer el bien.

Francisco les ha comentado que «muchas personas dicen «yo no hago mal a nadie». De acuerdo, pero ¿haces el bien? Esta apatía es contraria al Evangelio, y también al carácter de los jóvenes, que sois por naturaleza dinámicos, apasionados y valientes».

«Hoy os exhorto» -les dijo- «a ser protagonistas del bien, porque cada uno es culpable del bien que podía hacer y no hizo. Os voy a enseñar una fórmula: Es bueno no hacer el mal, ¡pero es malo no hacer el bien! Lo decía san Alberto Hurtado. ¡Vamos a repetirlo juntos!».

Ante un mundo en el que abundan rasgos amenazadores, el Papa ha insistido a los 70.000 chicos y chicas en que «si no nos oponemos al mal, lo alimentamos de modo tácito. Es necesario intervenir allí donde el mal empieza a difundirse».

En su despedida, el Santo Padre ha dado las gracias a los sacerdotes que acompañan a los grupos de peregrinos de toda Italia «sobre todo por la paciencia, porque ¡vaya si hace falta paciencia con vosotros!» y también «a las religiosas que os acompañan, ¡muchísimas gracias!».

Juan Vicente Boo/ABC