Fátima celebra el primer 13 de mayo de la historia sin peregrinos

«Es posible que muchos piensen que esta peregrinación es triste porque falta colorido y la multitud de años anteriores». Sin embargo, es una oportunidad para «aprender cómo es una peregrinación en estado puro», que es aquella que se hace «con el corazón», es «la peregrinación interior», aseguró el obispo de Leiria-Fátima durante su homilía

José Calderero de Aldecoa
Foto: EFE/EPA/Paulo Novais

«Es posible que muchos piensen que esta peregrinación es triste porque falta colorido y la multitud de años anteriores». Sin embargo, es una oportunidad para «aprender cómo es una peregrinación en estado puro», que es aquella que se hace «con el corazón», es «la peregrinación interior», aseguró el obispo de Leiria-Fátima durante su homilía

Es el primer 13 de mayo de la historia que se conmemora la aparición de la Virgen en Fátima sin público. La explanada del Santuario lucía totalmente vacía. Una imagen insólita en la que apenas 50 personas, entre trabajadores del santuario, policías, médicos o bomberos, han representado a los cerca de 200.000 peregrinos que habitualmente se dan cita para seguir la celebración en directo.

En esta ocasión, los fieles solo han podido acompañar a la Virgen de Fátima a través de internet y lo han hecho a duras penas por culpa de la intensa niebla que hoy ha hecho acto de presencia en la pequeña localidad portuguesa. «No quería pasar a la historia como el responsable de agravar la pandemia», dijo el obispo de Leiria-Fátima, el cardenal António Marto, al inicio de las celebraciones por el 103 aniversario de las apariciones de la Virgen.

Los actos comenzaron a las 09:00 horas con el rezo del Santo Rosario y una hora después, a las 10:00 horas, se celebró la Eucaristía en la explanada, cuyos accesos estaban custodiados por la Guardia Nacional Republicana y por los trabajadores del santuario para evitar que los fieles pudieran acceder a la misma.

Peregrinación en estado puro

«Por primera vez en la historia desde 1917, en este gran día 13 de mayo, tu pueblo amado, señora nuestra, no puede venir aquí en multitud desde los más diversos ángulos del mundo por los riesgos de la salud pública», advirtió el cardenal Marto en su homilía. «De repente, algo que ni siquiera podíamos imaginar nos confina en nuestras casas y nos priva de los momentos más deseados y afectuosos de la vida, como este que vivimos cada año junto a ti, oh tierna madre».

Ante esta circunstancia, «es posible que muchos piensen que esta peregrinación es triste porque falta colorido y la multitud de años anteriores». Sin embargo, es una oportunidad para «aprender cómo es una peregrinación en estado puro», que es aquella que se hace «con el corazón», es «la peregrinación interior».

Además, la Virgen peregrina «a nuestras casas, a nuestras vidas, para llevarnos el consuelo, como fue a casa de su prima Isabel. Nos acompañas en todas las situaciones de nuestras vidas. Ponemos nuestras heridas y lágrimas, nuestra confianza en ti». Y tú «con paciencia, querida madre, escucharás nuestras lamentaciones, llorarás con nosotros, sufrirás con nuestros sufrimientos y encontrarás en el cielo, que es tu corazón, el consuelo oportuno para aquellos que ahora se sienten frágiles y en peligro».

Conversión profunda

Al final de su homilía, el obispo de Leiria-Fátima también se refirió a la pandemia del coronavirus, que «revela la vulnerabilidad y fragilidad de nuestra condición humana» y «nos lleva a pensar sobre el significado de la vida y sobre la posibilidad y la realidad de la muerte, nuestra propia muerte y la de los seres queridos».

Algo tan «dramático y trágico» requiere «una reflexión espiritual interna y también la apertura de nuestros corazones a Dios, tan olvidado, ignorado, marginado. La pandemia es un llamado a una conversión espiritual más profunda», concluyó.

J. C. de A.