Fallece el obispo Pedro Casaldáliga a los 92 años

El obispo catalán Pedro Casaldàliga, de 92 años, ha muerto este sábado en un hospital cerca de la ciudad de Riberao Preto, en el interior de São Pablo, donde había sido trasladado la noche del martes desde São Félix de Araguaia, en el centro de Brasil, para tratarse de graves problemas respiratorios

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Pedro bendiciendo Araguaia. Foto: Claretianos

El obispo catalán Pedro Casaldàliga, de 92 años, ha muerto este sábado en un hospital cerca de la ciudad de Riberao Preto, en el interior de São Pablo, donde había sido trasladado la noche del martes desde São Félix de Araguaia, en el centro de Brasil, para tratarse de graves problemas respiratorios

Pedro Casaldáliga nació a orillas del Llobregat, en una lechería de Balsanery en 1928, en el seno de una familia católica. La guerra civil le cogió en zona republicana, por lo que desde sus 8 años y hasta los 11, el tiempo que duró la guerra, se confesaba en los establos y galerías, y ayudaba en Misa. Algunas veces tuvo que encubrir ante los milicianos el paradero de las monjitas de sus primeros años de escuela, o dar escondite a los desertores. Finalizada la guerra, le hizo saber a sus padres su deseo de ser sacerdote. Al año siguiente entró al seminario de Vic y entre conversaciones con sus superiores y visitas al sepulcro de san Antonio María Claret, llega a escribir en su diario que «se me despertó la vertiente última de mi vocación sacerdotal». Sería misionero, explican los claretianos, orden que eligió para seguir al Señor.

Sabadell, durante seis años, y Barcelona durante los tres siguientes supusieron un contacto con la realidad social española que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su ministerio sacerdotal. Alternó el mundo obrero con los Cursillos de Cristiandad, con la vida en comunidad, con clases en la escuela y horas en el confesionario. También como director de la Juventud Claretiana, donde atendía a los descartados –como hoy diría el Papa Francisco– por culpa del vicio, del dolor, de las migraciones o de la falta de trabajo.

En medio de todo esto, es llamado para implantar los Cursillos en Guinea, en la parte que aún era española. A su regreso, escribió: «Ya llevaba para siempre en el corazón, confusamente, como un feto, África, los pobres de la Tierra y la Iglesia de los pobres, que diríamos a partir del Concilio».

A los 33 años, coincidiendo con el inicio del Concilio Vaticano II, recibe destino para ir a Barbastro, para ser formador de los seminaristas claretianos, «bajo las sombras aún presentes de los 51 mártires hermanos de 1936», anota en su diario. A estas alturas le llegó un nuevo encargo: ir a Madrid a dirigir la revista El Iris de Paz, a la que cambió el nombre por Iris, Revista de Testimonio y Esperanza. En torno a esta y otras actividades de Madrid se había fraguado un grupo de compañeros claretianos con quienes compartía la vida en total comunión –«compañeros del alma, compañeros de las horas decisivas, imprescindibles en el futuro: Fernando Sebastián, Teó lo Cabestrero, Maximino Cerezo, Santiago García, Velasco, etc…»–.

En el Capítulo General de renovación de la Congregación en 1967 Pedro fue elegido para participar como representante de la antigua Provincia de Aragón. «El anuncio de la Palabra era nuestra misión en la Iglesia. Debíamos vivir el Vaticano II», escribe. Fue durante este Capítulo de renovación cuando fue enviado al Mato Grosso: «Había conseguido lo que había soñado, pedido y buscado, rabiosamente, durante todos los días de mi vida de vocación: las misiones».

«América Latina será mi cruz definitiva»
São Félix do Araguaia, pequeño municipio del Mato Grosso de Brasil. Llega en 1968 junto con Manuel Luzón para fundar una misión católica, cuyos 150.000 kilómetros cuadrados de selvas y ríos habitados por indios, pobres campesinos emigrados y peones de acarreo de los interminables latifundios agropecuarios fueron hechos Prelatura Apostólica por la Santa Sede en 1969.

A Brasil llegó, cuenta él, «sin saber muy bien a dónde ni cómo, pero sintiendo que veníamos en misión. Y llegamos en pleno recrudecimiento de la dictadura militar y nos encontramos con una Iglesia de catacumbas, con sus espléndidas minorías proféticas y la sangre corriendo». Pronto le salpicaría en su misión esa sangre que corría, y pronto le consagrarían obispo, el 23 de octubre de 1.971, día de san Antonio María Claret. Ese mismo día publicó la carta pastoral Una Iglesia en la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social. Junto a la doctrina de la Iglesia que incluía denunciar las injusticias en la evangelización, daba 80 páginas de testimonios con nombres, apellidos, lugares, haciendas y firmas. Y comenzó a ser misionero-obispo bajo amenazas de muerte, hasta el punto de ver cómo moría asesinado el padre João Bosco Penido, SJ, vicario de la Prelatura. Vivió su vocación amenazado por su fidelidad a la misión profética de vivir y anunciar testimonialmente el Evangelio «bajo la ley suprema del revólver del 38».

Nunca regresó a España
Nunca volvió a España, no podía correr el riesgo de salir de Brasil. Es más, a los pocos meses de ser ordenado obispo, ya escribía: «Esta es mi tierra en la Tierra. Este es mi pueblo. Por ella, con él, caminaré hacia la Patria». El Gobierno había intentado expulsarlo del país en diversas ocasiones; en concreto, le incoaron cinco procesos de expulsión, pero la intercesión directa del Papa Pablo VI lo impidió. «Quien toca a Pedro, toca a Pablo», tuvo que subrayar el Pontífice. Años más tarde, tras la visita ad limina con el Papa Juan Pablo II, el 21 de junio de 1988, Casaldáliga afirmó: «Creo en Pedro y su primado y estoy dispuesto a dar la vida por él». Hablaron, entre otras cosas, de la injusticia que se da en Brasil, y su problemática social.

El trabajo pastoral de Casaldáliga y de su equipo se centró en las siguientes áreas: catequesis y celebraciones de la fe; educación; atención a la salud, y las reivindicaciones mayores como la defensa de los derechos humanos, la lucha por la tierra y la causa indígena.

En torno a 1984 se le diagnosticó la enfermedad de Párkinson –«el hermano Párkinson», como él mismo se refería a ella–. Comienza a cumplir los consejos médicos, lo que de alguna manera retarda, pero no detiene, el avance de la enfermedad. En el año 2003 le llegó a Pedro el tiempo de renunciar al cargo de obispo. Su preocupación era la de la continuación de la pastoral. Esto le fue angustiando,  afectando a su salud, cada vez más frágil. Finalmente, el 2 de febrero del 2005 el Vaticano aceptó la renuncia al Gobierno pastoral de la Prefectura por mayoría de edad, nombrando obispo de São Félix do Araguaia a monseñor Leonardo Ulrich Steiner, de la orden franciscana. Don Pedro continuó viviendo en la Prelatura a partir de entonces, ya jubilado.

Al final de sus años, muchos medios de comunicación estuvieron interesados en acercarse a Pedro, pero él se resistía a conceder entrevistas que hablaran de sí mismo: «Olvídense de mí y ocúpense de las causas que dan sentido a mi vida. Ellas permanecen”» argumentaba.

Algunos premios otorgados a monseñor Casaldáliga
El escritor argentino Adolfo Pérez Esquivel propuso para premio Nobel de la Paz de 1989 al obispo claretiano Pedro Casaldáliga. «El motivo principal para lanzar la candidatura de Pedro –dice el escritor– es el trabajo realizado durante 20 años por este obispo en pro de la integración latinoamericana en defensa de los derechos de los indios pobres y de los trabajadores de la Amazonía brasileña». Fue nuevamente propuesto en 1991 y 1992.

La fundación española Alfonso Comín le concedió el 28 de septiembre de 1992 el Premio Internacional por «compartir desde 1968 la vida de los indígenas y campesinos de esta parte del Amazonas, defendiendo sus derechos y haciendo sentir su voz frente a la agresión que padecen contra su vida, su tierra y su cultura y por la solidaridad que mantiene con toda América Latina».

En 1993 fue propuesto candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Al año siguiente, el actual rey de España, Felipe VI, mencionó uno de sus poemas en el discurso de estos galardones. En 1995, repitió candidatura al Premio Príncipe de Asturias, esta vez optando al área de Comunicación y Humanidades.

En 1l999 la Fundación León Felipe, de España, le otorga el Premio por los derechos humanos con la siguiente argumentación: «Ante la globalización económica, que gratifica siempre a los más ricos y acaudalados, Pedro Casaldáliga ha universalizado el grito de los pobres por su liberación. Con su palabra profética y su presencia permanente entre los indígenas del Mato Grosso, Casaldáliga está siendo un acicate insobornable contra la injusticia y una llamada a la conciencia humana y cristiana sobre el valor y dignidad de la persona humana».

En 2006 recibe el Premio Internacional de Cataluña. Los miembros del jurado y el Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, viajan a Brasil para entregárselo.

Es nombrado Hijo Predilecto de su ciudad natal en 1985 y Doctor Honoris Causa por la Universidad Federal del Mato Grosso en 2003 y por la Universidad de São Félix do Araguaia en el 2006.

Claretianos / Alfa y Omega