Esto es la Iglesia... - Alfa y Omega

Esto es la Iglesia...

«… y así se hace la Iglesia», afirmaba, emocionado, monseñor Gregorio Martínez Sacristán, obispo de Zamora, ante un millar de jóvenes, en la Misa que clausuraba los Días en la Diócesis zamoranos. La toma de los peregrinos de las ciudades y pueblos españoles ha dejado un reguero de energía, luz y color, que dará fuerzas a los diocesanos para seguir adelante. Esto es, sólo, una pincelada de su paso por España

Cristina Sánchez Aguilar
Las murallas de Ávila, escenario emblemático para la Misa de Envío de los peregrinos

Lunes 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de María. Qué mejor día que el dedicado a la Madre de Dios para despedir a las riadas de peregrinos que han teñido de luz y color la diócesis zamorana -y otras 64 diócesis españolas-. La plaza de la Catedral estaba abarrotada hasta la bandera, y el terrible sol castellano hacía justicia durante la celebración de la Misa de envío de los cerca de 3.000 peregrinos -ellos sí que conquistaron Zamora en una hora-.

Más de 40.000 jóvenes se despidieron de Cataluña en la Misa multitudinaria celebrada en el Fórum de Barcelona

«La fe vale la pena, la fe es útil, sirve. Nos habéis dado ejemplo de qué es una Iglesia viva», sentenció monseñor Gregorio Martínez Sacristán, obispo diocesano, visiblemente emocionado: «Cuando me preguntan qué es la Iglesia, digo: Mirad a estos jóvenes, esto es la Iglesia y así se hace Iglesia». El obispo agradeció, especialmente, su trabajo a los voluntarios zamoranos y a las familias de acogida, que han dejado sus casas desinteresadamente, para acoger a los peregrinos. «Gracias a estas familias, los jóvenes han vivido esa relación de hermanos, hijos del mismo Padre. Gracias a vosotros, y gracias también a todas las comunidades religiosas donde han dormido y comido».

Finalmente, el obispo de Zamora se dirigió a los jóvenes peregrinos allí presentes, con una recomendación fundamental, a la hora de emprender el camino hasta Madrid: «Empapaos de Jesús, de Iglesia católica, sentíos orgullosos por ser católicos en el mundo. Sin vergüenza, sin miedo. Tenéis el camino verdadero, seguidlo a pesar de las dificultades». Ahora, y, sobre todo, después de la JMJ.

Es urgente ser sus testigos

Los peregrinos no sólo han dejado su energía, sino también su testimonio de fe, como fue en el caso de Valencia, donde monseñor Carlos Osoro, en la Misa de envío de los 20.000 peregrinos que abarrotaban la plaza de la Virgen -el pasado domingo, 14 de agosto-, agradeció especialmente la presencia de jóvenes procedentes de países «donde no se consiente la presencia a Jesucristo, ni del que se puede hablar, porque hacerlo supone arriesgar la vida».

La comunión entre peregrinos, visible durante una comida en Oviedo

En la homilía, presidida por el arzobispo de Valencia y acompañado de monseñor Domenico Sigalini, de la diócesis de Palestrina, Asistente Eclesiástico General de la Acción Católica Italiana, y de monseñor Darwin Andino, obispo auxiliar de Tegucigalpa (Honduras), entre otros, monseñor Osoro alentó a todos los jóvenes allí reunidos a «ser testigos fuertes de la presencia salvadora de Jesucristo»; y a «dar testimonio de la fe en todas las circunstancias, en todos los lugares y en todos los momentos». Es urgente, recalcó, «ser testigos aquí, en estos momentos, en Europa y en España, de un Dios que es verdadero y que existe, que no está ausente, que es verdad y que manifiesta la verdad al hombre». Al margen de Jesús, precisó, «el hombre pasa por la Historia como un desconocido».

Monseñor Carlos Osoro aclaró cuál es el verdadero motivo de celebrar una Jornada Mundial de la Juventud: «No nos reunimos aquí por una misma idea, o una misma cultura, o una misma raza, sino que nos reunimos de muchas culturas y razas sólo por una misma persona: Jesucristo, que es la Quien nos une a todos».

Lo que vendrá después

En el sur, la diócesis cordobesa se vistió de fiesta para despedir a sus nuevos amigos. El estadio del Fontanar acogió, el pasado lunes, la celebración de envío de los peregrinos, a quienes monseñor Demetrio Fernández preparó a los jóvenes para lo que vendrá después -no precisamente un camino fácil-, y recordó la importancia de luchar: «Nuestra lucha más importante no es contra los poderes de este mundo, sino contra los espíritus del mal, contra el demonio y sus ángeles. Pero, queridos jóvenes, esta lucha, la más importante de nuestra vida, no podemos realizarla nosotros solos, con nuestras solas fuerzas. Necesitamos la ayuda del cielo, la ayuda de Dios, la ayuda de María». Pero, como el mismo obispo de Córdoba señaló, no hay que tener miedo: «El que cree en Jesucristo sabe que su vida está llamada a la victoria final, precedida de muchas victorias parciales. No tengáis miedo a esta lucha, aunque a veces os sintáis derrotados o traicionados por vuestra debilidad. La victoria de Cristo es nuestra victoria».

El Castillo de Javier, en Navarra, dice adiós a los jóvenes peregrinos a su paso por la diócesis, durante los días previos a la JMJ

También monseñor Sistach, cardenal-arzobispo de Barcelona, preparó a los 40.000 jóvenes que abarrotaron el Fórum en la Misa de despedida de los peregrinos alojados en diócesis catalanas. «A imitación de María, hemos de estar presentes en todas partes, amando a todas las personas sin distinción alguna, pero con un amor preferencial por los pobres», señaló. Y recordó a los presentes el núcleo de la fe: «Frente a los problemas grandes y pequeños del mundo, ¿creemos en la fuerza de la oración para solucionarlos?»

Hay que prepararse para lo que viene, como otros hicieron antes. Pero los frutos surgidos a raíz de encuentros de jóvenes con el Papa son palpables. Uno de ellos, la Comunidad Católica Shalom, nacida en Brasil tras la Visita a este país de Juan Pablo II en 1980, ha estado en Granada durante los Días en las Diócesis. El carisma de esta Comunidad está centrado en la evangelización de los jóvenes sin recursos a través del arte -teatro, música y baile-. «Lo más impresionante de estos chavales es que son gente que se divierte, que muestra la alegría nacida de la fe», cuenta Paqui Pallarés, de la Delegación de Medios de la diócesis granadina. «Granada ha respirado comunión», concluye Paqui.