Hiperpaternidad. ¿Estamos desprotegiendo a nuestros hijos a base de protegerlos?

¿Estamos desprotegiendo a nuestros hijos a base de protegerlos?

José María Torralba debatirá con la periodista Millet, autora del libro Hiperpaternidad, este fin de semana en Encuentro Madrid

María Martínez López
Foto: Freepik.
Foto: Freepik.

Se ha vuelto casi «un lugar común» hablar del «padre helicóptero, ese que está absolutamente encima del hijo en todo momento, preocupado». Y la periodista Eva Millet también acuñó, en su libro Hiperpaternidad, el de «los padres bocadillo, que en el parque le sostienen la merienda a sus hijos mientras estos juegan en vez de que se la aguante ellos». 

Describe este fenómeno José María Torralba, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Navarra, que el domingo debatirá sobre esta cuestión con Millet y Ferran Riera, ingeniero técnico de Telecomunicación e ingeniero en Electrónica. 

La mesa redonda se titula Hiperpaternidad. Sobreproteger es desproteger. Y tendrá lugar en el marco de EncuentroMadrid, la cita cultural que este viernes arranca su 23 edición con el lema «Todos buscan confusamente un bien y luchan por alcanzarlo».

El filósofo atribuye esta tendencia a varios factores. Por ejemplo, una reacción frente a un modelo anterior, «más exigente pero también con más distancia, sobre todo de la figura paterna, que no era la ideal». Ahora, «quiero que mi hijo se sienta querido» y se recurre a esta estrategia. A ello se suma que «antes las familias tenían más hijos y no podían estar tan pendientes. Ahora, cuando tienes solo uno, lo es todo para ti». 

Por último, «somos más conscientes del peligro», en parte gracias a internet y las redes sociales. «Y hay una especie de sensación de que hay que controlar todo lo que pase». Como consecuencia, se puede transmitir a los hijos la «aversión al riesgo, una cosa característica hoy». 

Sin responsabilidades, sin autoestima

Además, «el niño nunca empieza a tener autonomía, a valerse por sí mismo, a aprender que puedes fracasar (caerte del columpio, en el primer amor, en la carrera que eliges) y que no es el fin del mundo». Es decir, ese modo de ejercer la paternidad «no ayuda a que tenga lugar» un «aprendizaje controlado de la frustración». Este objetivo bienintencionado «no los prepara para la vida real, que siempre tiene frustraciones», señala el filósofo. 

La otra cara de la moneda es la falta de exigencia a la hora de que tengan responsabilidades, hasta el nivel de sujetarles la merienda mientras juegan. «Y yendo hacia arriba, no hacerles hacer cosas» tan sencillas como «poner o quitar la mesa. Eso no les ayuda a madurar». 

Hasta qué punto es contraproducente lo revela el hecho de que, según un estudio de Harvard, hacer tareas en casa hace a los niños más felices y, a la larga, con más éxito. «Es de sentido común», opina Torralba. La sobreprotección «lleva a la inseguridad y la autoestima baja, que están relacionadas». 

Por el contrario, «cuando conseguimos un objetivo más o menos difícil nos sentimos sanamente orgullosos. Y conseguir que la basura no se acumule en casa sino que acabe cada cosa en su cubo es un mérito modesto para nosotros, pero grande para un niño de 8 o 10 años». 

¿Por qué «estamos de vuelta»?

Pero algo está cambiando. «Afirmaría clarísimamente que estamos de vuelta. Hay todo un movimiento de psicólogos» que alertan sobre esto y tienen eco, como le ha ocurrido en España a Millet, que si bien es periodista se inspiró en esta corriente. Así, por ejemplo, el estadounidense Jonathan Hye «propone, entre otras cosas, dejar que los chicos de en torno a 14 años vayan solos por la calle, algo por lo que en Estados Unidos te pueden denunciar por abandono». 

Foto: Freepik.
Foto: Freepik.

En la cultura popular, se puede ver también en monólogos o sketches humorísticos en los que se trasluce que «se echa de menos lo que había antes». Con todo Torralba advierte del riesgo de hacer una enmienda a la totalidad a una serie de corrientes educativas que buscan una educación más basada en el afecto y no en el autoritarismo. «Antes había unos aspectos que se perdieron y que eran positivos, y otros negativos que es bueno haber perdido». 

«Que empiecen a volar»

«Ahora sería el momento óptimo para quedarse con lo bueno», como «que el padre esté tan implicado en la educación y el afecto como la madre», para que haya «vinculación afectiva». Pero también «hay que recuperar la autoridad y que la ejerzan el padre y la madre. El problema es que no la ejerza ninguno».

Así, recomienda «cercanía, poner límites y ayudarles a que empiecen a volar. La educación consiste en convertir al niño en adulto». Propone «darles responsabilidades y que vean que las puedan hacer». Algo que se puede hacer desde muy pequeños, empezando por ejemplo por que se pongan y abrochen los zapatos o guarden sus cosas. «Y de ahí hacia arriba en función de la edad». 

Eso sí, sin que dejen de ser niños. «No puedes convertir a un hermano mayor en sustituto del padre o de la madre. Tienen que jugar». Por otro lado, anima a «dejar a los hijos cada vez más margen para arriesgar y que pueda salir mal». Siempre «con sentido común». 

Conferencias, exposiciones y música

Del 6 al 8 de noviembre, el Mirador de Cuatro Vientos acoge EncuentroMadrid. Esta cita cultural reúne en su 23 edición opciones como exposiciones —como una dedicada a los mártires de Argelia, presentada por dos religiosas supervivientes—, mesas redondas y conferencias sobre política, economía, cultura o educación, conciertos y espectáculos.