«Mi suegro murió al día siguiente de Agustín, mi prometido, porque su corazón no pudo soportarlo» - Alfa y Omega

«Mi suegro murió al día siguiente de Agustín, mi prometido, porque su corazón no pudo soportarlo»

La periodista y experta en duelo Mónica Mendoza ha presentado el libro El arte de no morir de dolor. Encontrar sentido a la vida después de la pérdida. En esta conversación nos habla de su propia experiencia y de cómo ayudar a alguien que acaba de perder a un familiar de forma trágica

José Calderero de Aldecoa
La autora del libro Mónica Mendoza. Foto cedida por la autora.

—¿Qué importancia tiene el duelo ante una muerte inesperada? Entiendo que es algo que es imprescindible no tratar de bloquear.
—El duelo es un asunto tan importante que puede afectar a la salud mental no solo de la persona que lo sufre, sino también de sus familiares, de su entorno e incluso de su trabajo. Por otro lado, hay que desmitificar el duelo para que la gente sepa lo que es y entienda que no se refiere exclusivamente a la muerte física. También hay duelos cuando pierdes un trabajo, por ejemplo. Toda pérdida en la vida implica un duelo que debemos atravesar para poder empezar de nuevo. Si no lo sanamos adecuadamente, comenzamos nuevas etapas con heridas que no nos permitirán disfrutar ni vivir plenamente lo que viene después.

Ante una muerte inesperada, muchas veces aparece la culpa por lo que no hicimos o no dijimos. También tenemos que aprender a convivir con ella, porque no podemos cambiar el pasado. Cuando nos atrevemos a afrontar esa realidad y somos conscientes de que la pérdida no va a desaparecer, sino que forma parte de nuestra vida, empezamos a aceptarla. Es como una pequeña cicatriz que llevamos en el corazón. Cuando dejamos de rodearla de misterio y aprendemos a mirarla de frente, conseguimos quitarle parte de su poder para que no condicione tanto nuestra vida.

—¿Cómo podemos ayudar a una persona que acaba de perder a un familiar de forma trágica?
—Lo primero es permitirle hablar. Es importante que pueda expresar lo que siente y que encuentre personas con las que tenga confianza y que estén preparadas para abordar este tipo de situaciones. Normalmente, como la gente no sabe qué decir, recurre a frases como «ya lo superarás», «todo va a estar bien», «tú eres fuerte» o «Dios necesitaba un angelito en el cielo». Se dicen tantas cosas que, en lugar de ayudar, pueden hacer que la persona se sienta todavía menos motivada a compartir su dolor. Si quieres decir algo, es mejor cosas como esta: «No necesitas ser fuerte conmigo. Aquí podemos hablar de lo que quieras, si te apetece». Pero en realidad, no necesitamos alguien que solucione problemas, sino alguien que nos escuche. Es importante también el acompañamiento. Son gestos sencillos para que la persona sienta que no está sola.

Foto de recurso
Foto: Pixabay.

—Habla del «arte de no morir de dolor». Entiendo que utilizas esa expresión porque, efectivamente, hay personas que llegan a morir de dolor, que se abandonan ante una pérdida. ¿Existe también una responsabilidad personal de quien sufre para dar el primer paso y afrontar el duelo?
—Creo que, como adultos, nos aferramos demasiado al pasado y a aquello que nos hizo daño. No podemos permitir que eso termine marcando toda nuestra vida. No podemos convertirnos en los mártires de nuestra propia historia ni romantizar tanto el sufrimiento.

El arte de no morir de dolor nace de mi propia experiencia. Me tocó atravesar muchos duelos y hacer, por así decirlo, un circo para aprender a sobrevivir y mantener la cabeza fuera del agua. Hasta que comprendí que todas aquellas experiencias habían sido duelos y empecé a sanarlos uno por uno.

¿Que se puede morir de dolor? Sí. Mi suegro murió al día siguiente de Agustín, mi prometido, porque su corazón no pudo soportarlo. Y mi abuelo murió el día de San Valentín, unos meses después de que falleciera mi abuela, porque ya no encontraba sentido a la vida. Por eso sé que sí, que se puede morir de dolor. Pero también tenemos que darnos cuenta de que, mientras estamos vivos, tenemos la responsabilidad de vivir, no solamente de sobrevivir. Debemos aprender y ser agradecidos con Dios y con la propia vida por poder despertarnos cada día, por contemplar una flor nueva. La vida es un poco así: vuelve a nacer y cada día nos ofrece una oportunidad, un milagro. Cuando nos concentramos en agradecer lo que tenemos hoy, incluso cosas tan sencillas como la compañía de mi perro, que ladra cada vez que oye un ruido, pero que está conmigo y me acompaña, vamos encontrando motivos para aliviar el dolor.

—¿Qué le gustaría despertar o provocar en las personas que lean su libro?
—Me gustaría que no tuvieran miedo de enfrentarse a las situaciones que nos toca vivir. Porque, si hay algo seguro después de nacer, es que todos vamos a sufrir alguna pérdida en algún momento de nuestra vida y que la muerte, de una manera u otra, terminará tocándonos de cerca.

—Su libro llega en un momento muy concreto de la historia de España, después de un nuevo accidente ferroviario en el que han muerto muchas personas. ¿Qué mensaje le gustaría trasladar a los familiares de las víctimas?
—Les diría que no todo tiene sentido. Seguramente muchas personas les dirán que todo pasa por algo, pero hay acontecimientos que quizá nunca lleguemos a comprender ni a aceptar. Especialmente cuando se trata de vidas jóvenes, de niños o de situaciones tan dolorosas. Lo que sí quiero transmitirles es que ahora no están solos. Hay todo un país con ellos, hay personas que están rezando por sus familias y muchos voluntarios dispuestos a ayudar. Que no se encierren ni se queden solos con todo lo que están viviendo. Hay personas que están ahí para escucharlos y acompañarlos en este camino que acaban de empezar a recorrer.

Dos trenes de alta velocidad han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo). Foto: EFE/Ismael Herrero.
Dos trenes de alta velocidad han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo). Foto: EFE/Ismael Herrero.